Julián Escobar
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‘Último de Piscis’: Una travesía que envuelve la fe, la duda y la identidad
Foto: Kit de prensa
Inspirado en una conversación sobre el horóscopo y la incertidumbre humana, el nuevo sencillo de la agrupación nariñense encabeza una etapa reflexiva y postapocalíptica impregnada de indie rock y sonidos andinos.
Hay canciones que nacen de preguntas cotidianas y terminan convirtiéndose en el pilar de un nuevo ciclo artístico. Ese es el caso de ‘Último de Piscis’, el lanzamiento más actual de la banda colombiana Dados Eternos, una pieza que no solo inaugura su producción musical reciente, sino que sintetiza la madurez y la búsqueda estética del proyecto.
La idea detrás del tema surgió durante un viaje entre amigos, a partir de la inquietud de un cercano que dudaba acerca de su pertenencia astronómica, debatida entre los límites del signo de Piscis y el inicio de Acuario. Esa anécdota cotidiana dio pie a una reflexión profunda de cómo las personas buscan referentes en el horóscopo o en la simbología para definir su propia identidad.
Gabriel Rojas y Felipe Ricaurte, integrantes de la agrupación, compartieron en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’ la manera en que esa inquietud terminó transformada en un sencillo de tintes nostálgicos. Aunque la génesis parte de una duda conceptual, la letra se presta a múltiples lecturas, abriéndose camino hacia el terreno del romanticismo y el desamor de forma muy natural.
“Siento que la continuidad ayuda a darle una narrativa sólida a un proyecto musical, porque es importante sentir un proceso de evolución”, explicó Gabriel, refiriéndose a la importancia de mantener la constancia creativa tras el periodo de silencio que antecedió a esta entrega.
En el plano conceptual, ‘Último de Piscis’ marca un contraste evidente con los primeros trabajos de la agrupación, concebidos en medio del encierro a causa de la pandemia. Esta nueva composición se adentra en atmósferas postapocalípticas para indagar aquello que ocurre después de la crisis, abordando temas como la fe, la autocomprensión y la reconstrucción personal tras enfrentarse al caos.
Musicalmente, la canción encabeza una propuesta que entrelaza el rock alternativo y el indie con la riqueza cultural de Nariño. La proximidad de su región natal con Ecuador y las sonoridades tradicionales andinas alimentan un lenguaje diverso que busca romper con los moldes convencionales del género en Colombia.
El trayecto de la banda, que adoptó su nombre definitivo tras una reestructuración inspirada en la poesía de César Vallejo, encuentra en este corte el primer paso firme de una serie de estrenos programados para los próximos meses. Con cada entrega, el grupo apunta a consolidar una identidad visual y sonora caracterizada por la coherencia y la expresividad en escena.
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Frente a la incertidumbre del panorama independiente, el sencillo refleja la determinación de sus integrantes por superar el temor y apostarle a la esperanza por medio de la creación. Es una propuesta que invita al público a apropiarse de cada verso y a explorar sus propias emociones a través de la música.
‘La Divinidad’: Las raíces del Pacífico se mezclan con la música del mundo
Foto: Rugidos Disidentes
En este nuevo proyecto solista, Deiner Mosquera propone un viaje íntimo por la soledad, el desamor, la sensualidad y los afectos, con una mezcla envolvente de soul, blues, funk, pop y rock.
Hay un hilo invisible que une el amor, el ego y las ganas de entenderse a uno mismo en ‘La Divinidad’, el álbum más reciente del músico colombiano Deiner Mosquera. Todo parte de una necesidad honesta: Mirar hacia adentro, reconocer lo que se siente y quitarse de encima esas barreras que muchas veces impiden conectar con los demás.
Esa idea central no nació de la nada; fue tomando forma entre noches en vela, lecturas, música a solas y muchas preguntas. En medio de ese proceso, un texto sobre la visión budista de la divinidad le dio el empujón definitivo. El artista entendió este concepto no como algo lejano, sino como ese punto al que se llega después de un camino de autodescubrimiento, de mirar al ego de frente y volverse más consciente de quién se es.
Deiner estuvo en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’ contando detalles de esta etapa. Habló de cómo se acercó al blues, el soul y el góspel, y de la forma en que estas sonoridades terminaron cruzándose y dialogando con la música tradicional del Pacífico colombiano.
“La historia y el viaje que narra ‘La Divinidad’ se construyeron en noches de composición, soledad, lecturas, escuchas y una búsqueda que no sabía que estaba haciendo”, compartió Reyner durante la charla.
El disco también juega a poner frente a frente a dos personajes: El artista que sale a escena y la persona común y corriente que queda cuando las luces se apagan. El primer tramo habla precisamente de esa fachada ligada al aplauso y a la exposición; mientras que el resto del álbum se sumerge sin rodeos en la intimidad, en lo que duele y en lo que se disfruta: El desamor, el deseo, el sexo y el amor maduro.
En lo musical, la producción es un abanico colorido de estilos. Hay tintes de blues, soul, funk, pop y rock, aderezados con coros de espíritu góspel y pequeños guiños al son cubano. Todo esto sosteniéndose en la guitarra, que sigue siendo el corazón y la guía creativa de Reyner.
Para darle forma a este universo sonoro, trabajó mano a mano con el productor Danzo y el equipo de Triple S Studios. Juntos lograron entrelazar las ideas iniciales con un trasfondo donde se sienten vivas las raíces afroamericanas y la herencia del rock. Entre los referentes que respiran en estas canciones aparecen nombres indispensables como Marvin Gaye, Giveon, Jeff Buckley, Amy Winehouse, Alabama Shakes, Sade, Queen y Lenny Kravitz, influencias que se conectan de manera muy natural con el origen chocoano del músico y con el peso de la tradición afrocolombiana.
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Esa búsqueda personal se escucha claramente en las emociones de cada tema. ‘Lucía’, por ejemplo, se mete en el terreno del despecho y la melancolía, inspirándose en el clima y la sensibilidad de la clásica canción de Joan Manuel Serrat. “Es un trabajo donde me muestro de forma transparente, exponiendo mis luces, pero también mis sombras”, confesó el cantautor.
El listado de temas incluye, además, ‘La Elección’, ‘Las Memorias de Quien no Ama’, ‘Libertad’, ‘El Ascenso’, ‘La Pared’, ‘Sola’, ‘Volver a ver el Sol’, ‘El Sueño de su Piel’ y ‘El Paraíso’. Esta última, elegida como el tema principal de presentación, aborda el amor como una experiencia de entrega absoluta y calma.
Curiosamente, la travesía del proyecto desemboca en ese mismo punto: ‘El Paraíso’, para Reyner, ese nombre no es más que la forma en que decide nombrar la meta de su propia búsqueda. “A través de mis historias, mis sentimientos y mis canciones narro mi propio camino hacia la divinidad; aunque, para ser fiel a mis ideas y a lo que creo, el lugar al que logro llegar se llama ‘El Paraíso’”, concluyó.
Así, ‘La Divinidad’ termina siendo mucho más que un conjunto de temas: Es una confesión honesta sobre lo que significa sentir y estar vivo. Un viaje en español que combina influencias globales con un acento y un corazón profundamente colombianos.
Divök conecta a México y Colombia en ‘Luz del Sur’
Foto: Kit de prensa Divök
El sencillo marca una nueva etapa para la agrupación de hard rock y hace parte de un álbum construido entre México y Colombia.
Este nuevo sencillo reúne las historias y los recorridos musicales de sus integrantes pertenece a un trabajo producido entre ambos países, con la participación del músico y productor colombiano Juan Carlos “Chato” Rivas.
El guitarrista mexicano Julio Kruzdhi y el baterista colombiano Ítalo Lamboglia estuvieron en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’, donde hablaron sobre el origen de Divök, las coincidencias que los llevaron a trabajar juntos y la construcción de una propuesta musical que, más que plantear una fusión de sonidos, busca encontrar un punto en común.
La historia de Divök no comenzó con ‘Luz del Sur’. Los hermanos Julio y Charly Kruzdhi empezaron a desarrollar canciones propias desde 2001, en una etapa marcada por la trova y el rock latino. Más de dos décadas después, esa trayectoria encontró en Colombia un nuevo escenario para continuar desarrollándose.
El encuentro con Ítalo Lamboglia surgió, precisamente, de una de esas coincidencias que terminan modificando el rumbo de un proyecto. Unos músicos que tenían previsto participar en una sesión de grabación no llegaron y, en medio de esa circunstancia, apareció la posibilidad de que el músico colombiano participara. Lo que inicialmente era una colaboración terminó dando forma a una nueva etapa de la banda.
El encuentro con Juan Carlos “Chato” Rivas amplió todavía más ese cruce. El músico y productor colombiano, con una trayectoria vinculada al desarrollo del rock nacional y al trabajo junto a distintos artistas, se incorporó al proceso como bajista y asumió la producción del álbum. Rivas también había compartido con Lamboglia el entorno musical de Shakira, una etapa anterior a la formación de Divök que terminó conectando nuevamente sus caminos.
‘Luz del Sur’ comenzó con una maqueta que ya tenía un concepto musical, pero a la que todavía le hacía falta una letra. El concepto apareció alrededor de una figura sencilla: Las mismas estrellas pueden verse desde México y Colombia. De ahí surgió el “susurro de estrellas”, una imagen que atraviesa la canción y que convierte la distancia en una posibilidad de comunicación.
El tema también representa un cambio frente a una parte del repertorio que Divök había construido desde sus primeros años. Las composiciones iniciales tenían un marcado componente romántico, mientras que ‘Luz del Sur’ amplía esa mirada hacia la relación entre personas, territorios y culturas. La propia banda ha explicado que la canción nació de la idea de la música como un espacio de comunión.
Esa idea aparece también en la letra. Las referencias a fronteras, heridas, guerras y banderas de paz llevan la canción más allá de una historia de amor y la sitúan en un terreno de encuentro. En ese sentido, el propósito de “luz del sur” funciona como una imagen que reúne dos geografías y, al mismo tiempo, dos experiencias musicales.
'Sinchi Raimy': La fiesta ancestral que transforma el rock contemporáneo
Foto: FB La Tulpa Raymi
La agrupación Tulpa Raimy presentó su más reciente trabajo discográfico, un viaje sonoro que entrelaza la memoria indígena del sur del país con la potencia de la música moderna.
Este nuevo lanzamiento constituye un ejercicio de indagación cultural que explora la cosmovisión del sur andino-amazónico colombiano, conectando los saberes tradicionales de Nariño y el Putumayo con los lenguajes de la producción independiente actual.
El concepto del EP surge del encuentro entre las palabras Inga Sinchi, que significa fuerza, y el término Raimi, que puede traducirse en fiesta o celebración. Una propuesta donde la ritualidad de las montañas se traslada a la creación artística. A través de sus seis sencillos, la producción teje un diálogo directo entre instrumentos propios de las comunidades originarias y elementos contemporáneos como la guitarra eléctrica, el bajo, los sintetizadores y la batería.
En su paso por los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’, Olimpo Herrera Jacanamijoy, director de la agrupación, enfatizó el valor patrimonial que sustenta esta búsqueda artística: "Más allá de plantear géneros musicales, es decirnos que nosotros tenemos mucha riqueza cultural y sonora. Como colombianos podemos decir: Somos y tenemos esta música y esta variedad". Bajo esta premisa, la banda trasciende la mera mezcla de estilos para proponer un punto de encuentro entre las prácticas comunitarias y las dinámicas del mercado musical.
Estructuralmente, este trabajo musical plantea un recorrido narrativo dividido en tres ejes conceptuales que representan el tránsito del pensamiento indígena: Cabildo (el arraigo a la comunidad), Pueblo (la vivencia de las festividades locales) y Ciudad (la adaptación y el diálogo dentro del entorno urbano). Esta arquitectura sonora busca desmontar la concepción del legado nativo como una expresión estática o distante.
"Nuestras músicas propias no son folklore, son músicas vivas del hoy. Por eso pueden entrar en diálogo con otro tipo de sonoridades perfectamente", contó Andrés Cuervo, segunda voz del proyecto. De esta manera, el disco se reafirma como una manifestación vigente que mantiene como núcleo la tulpa o fogón tradicional, espacio donde el pensamiento colectivo y la celebración se transforman en canciones.
De esta manera, ‘Sinchi Raimy’ trasciende el formato de un lanzamiento convencional y se consolida como el resultado de un proyecto pedagógico y social. La producción discográfica ya se encuentra disponible en las principales plataformas de reproducción streaming.
Carlos Snaider encuentra identidad entre el jazz, el Caribe y el español
Foto: Canvas Rebel
El proyecto estadounidense presenta ‘Daño Choca’, un sencillo que conecta sus raíces latinoamericanas con una exploración sonora atravesada por el jazz, la salsa y el hip-hop.
El proyecto musical ‘Aquiestoy’, liderado por el músico, compositor y productor estadounidense Carlos Snaider, presenta una propuesta que conecta distintas experiencias culturales y musicales a través de la identidad, el territorio y el desplazamiento. Esta búsqueda se desarrolla en ‘Daño Choca’, sencillo que hace parte de ‘Til We Dissolve’, su segundo álbum de estudio.
La canción se articula desde una combinación de guitarras eléctricas, sintetizadores y elementos rítmicos que dialogan con el latin jazz, el hip-hop y las tradiciones musicales del Caribe. El trabajo se compone doce canciones compuesto durante aproximadamente dos años, en el que Snaider asumió la escritura de las letras y las armonías, además de participar en la interpretación de varios de los instrumentos.
‘Daño Choca’ también plantea una reflexión alrededor de la idea de la isla. El agua, las fronteras y el movimiento aparecen como elementos que atraviesan la propuesta, mientras la figura de una persona aislada funciona como punto de partida para hablar sobre la manera en que las identidades se construyen y se relacionan con otros territorios. En este contexto, Snaider resume la imagen central de la canción con una frase: “Yo soy una isla”.
El concepto está relacionado con el recorrido personal del músico. Su padre es ecuatoriano y su madre puertorriqueña, mientras que parte de su infancia transcurrió en Quito, ciudad donde aprendió español. Posteriormente, su relación con el idioma continuó en Nueva York, en contacto con comunidades puertorriqueñas y dominicanas. Esta experiencia terminó convirtiendo el español en una herramienta para recuperar vínculos con sus raíces y conectar diferentes momentos de su historia.
La música se convierte así en un espacio para reunir geografías que en su trayectoria han permanecido conectadas. Nueva York, Los Ángeles, Ecuador y Puerto Rico aparecen como referentes dentro de una propuesta que alterna entre el inglés y el español y que entiende el lenguaje como una forma de acercamiento entre distintas culturas.
El fútbol también ocupa un lugar dentro de este relato. Snaider creció practicándolo y llegó a desempeñarse como arquero en su etapa escolar. Esta experiencia aparece representada en el universo audiovisual de ‘Daño Choca’, donde un balón atraviesa un río como una imagen asociada al juego, la infancia y el movimiento.
Su formación académica amplió posteriormente esta exploración. Durante sus estudios en Harvard profundizó en la historia sociocultural afroestadounidense y en las raíces africanas y caribeñas del jazz, además de aproximarse a la composición, los arreglos y la improvisación. La salsa también se convirtió en una referencia importante dentro de este proceso y en una vía para acercarse a su herencia familiar.
Canparaní lleva la carranga y el reggae a las nuevas generaciones
Foto: Kit de prensa Canparaní
La agrupación desarrolla una propuesta musical para niños y familias que conecta las tradiciones colombianas con ritmos contemporáneos y contenidos relacionados con la protección de la naturaleza.
El proyecto, conformado por Mauricio Ramírez, Hugo Velásquez y Gilia Andrea Jiménez, nació en las montañas del Carmen de Viboral, Antioquia, a partir de experiencias relacionadas con la música, la educación y la naturaleza.
El grupo reúne diferentes recorridos personales. Mauricio Ramírez, encargado de escribir las letras y componer la música, tiene experiencia en la apicultura y el trabajo con cultivos, mientras Gilia Andrea Jiménez se desempeña como docente de música para niños. Desde estos contextos surge una propuesta que incorpora en sus canciones temas relacionados con la preservación del medio ambiente, la fauna, la flora y el cuidado personal.
Esta búsqueda se encuentra en ‘Titilán Tilán’, un sencillo que combina sonidos de la carranga y el reggae. La canción parte de una exploración sonora que busca llevar una tradición musical colombiana hacia públicos más jóvenes, sin desligarla de otras influencias contemporáneas.
La decisión responde a una concepción de la tradición como una característica que puede permanecer vigente al establecer nuevas conexiones con el presente. “Nosotros consideramos que las tradiciones no han de ser elementos que están lejanos, sino que estas pueden ser parte del presente”, explicó Gilia Andrea Jiménez en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’.
El sencillo también aborda la voluntad y la determinación de actividades cotidianas. La letra relaciona los pequeños hábitos, las decisiones y el compromiso diario con la construcción de metas y sueños. En este sentido, el tema plantea que alcanzar un objetivo no depende únicamente de imaginarlo, sino de los cambios que permiten avanzar hacia él. “Las pequeñas acciones, los pequeños hábitos, las pequeñas decisiones y el compromiso diario con cualquier cosa, con cualquier meta, con cualquier sueño, es el que realmente nos va llevando por ese camino”, concluyó Jiménez.
El nombre ‘Titilán Tilán’ hace parte de esta búsqueda por construir un lenguaje cercano a las infancias. La expresión juega con la sonoridad de las palabras y con la posibilidad de que sean fáciles de pronunciar y recordar, mientras evoca el sonido de unas campanas. Este recurso combina una intención pedagógica con una exploración artística dentro de la canción.
La propuesta de Canparaní no está dirigida exclusivamente a los niños. El trabajo plantea una experiencia familiar en la que padres, madres, tíos, abuelos y otros integrantes puedan compartir las canciones con los más pequeños. La agrupación propone que los adultos también hagan parte del entorno musical de las infancias y que la música pueda convertirse en un espacio de encuentro entre diferentes edades.
La naturaleza y las tradiciones campesinas también hacen parte del repertorio. Entre las canciones que acompañan el proceso se encuentra ‘Chachafruto’, una composición que toma como referencia los mercados campesinos y la flora tradicional, y que plantea una invitación a conocer, sembrar y preservar esta especie, además de apoyar los espacios de comercialización de productos del campo.
‘Canto Cimarrón’: un recorrido sonoro por la memoria del Caribe colombiano
Foto: FB Mulato Bantú
Mulato Bantú reúne identidad afro, memoria y resistencia en un álbum de once canciones.
La propuesta del cantautor caribeño se articula alrededor de las músicas de raíz afrocolombiana, la memoria del territorio y las experiencias vinculadas con la identidad del Caribe. Estos elementos atraviesan ‘Canto Cimarrón’, su tercer disco de estudio, compuesto por once canciones que recorren distintos paisajes y tradiciones de la región.
El álbum plantea un recorrido que parte de la Sierra Nevada de Santa Marta, sigue el curso del río Magdalena y llega hasta el mar Caribe, con una conexión particular con San Basilio de Palenque y la figura de Benkos Biohó. En este trayecto convergen referencias al son palenquero, la nueva trova cubana y la canción de autor latinoamericana, elementos que hacen parte de una propuesta que denomina “Afrotrova”.
El proyecto construye un territorio sonoro en el que la tradición y las experiencias contemporáneas se encuentran. Las composiciones abordan asuntos como la identidad afro, la libertad, la memoria, el territorio y la relación con la naturaleza.
El concepto de cimarronaje funciona como uno de los ejes del álbum. Históricamente asociado con las personas esclavizadas que escapaban de la esclavitud para buscar su libertad, el término es retomado por Bantú como una idea relacionada con la resistencia y la autonomía artística.
Desde esta perspectiva, la propuesta también cuestiona algunas dinámicas de la industria musical contemporánea, particularmente la presión por responder a los algoritmos, las plataformas de streaming y las estrategias de posicionamiento. El concepto de una música “cimarrona” se relaciona así con la intención de conservar una identidad propia frente a las exigencias comerciales.
La construcción partió de un proceso de composición desarrollado durante varios años. Cerca de treinta canciones fueron escritas entre 2017 y 2023, de las cuales once fueron seleccionadas para integrar el repertorio. La elección respondió a la necesidad de que las piezas compartieran una relación narrativa y contribuyeran al recorrido planteado por el disco.
La naturaleza también ocupa un lugar central en el proceso creativo. Su presencia atraviesa la obra de Mulato Bantú desde sus trabajos anteriores y aparece vinculada con la manera en que el compositor entiende su relación con el territorio y con las experiencias que alimentan sus canciones.
La producción estuvo a cargo Bantú y Nacho Nieto. El proceso se desarrolló desde una dinámica colaborativa que permitió incorporar diferentes perspectivas a los arreglos y a la construcción sonora del repertorio. La grabación y mezcla se realizaron en los estudios Jambo Récords, en Barranquilla, mientras que la masterización estuvo a cargo del ingeniero Camilo Silva, en Bogotá.
La propuesta también ha encontrado espacios de circulación fuera de Colombia. La canción ‘Benkos’, incluida en el repertorio fue seleccionada por Putumayo World Music, hecho que contribuyó a ampliar la presencia de la música del artista en circuitos internacionales. Su obra ha despertado interés en mercados y escenarios de países como Francia, Alemania, España, Australia, Argentina y Costa Rica.
Esta circulación internacional se relaciona además con uno de los objetivos de la propuesta: Establecer vínculos con África. Más allá de los principales circuitos musicales europeos o norteamericanos, contemplando la posibilidad de llevar su música a países como Camerún y Nigeria, en una búsqueda de conexión con los territorios vinculados históricamente con las raíces africanas de las músicas afrocolombianas.
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En el ámbito local, la relación con las comunidades también hace parte de la experiencia artística. Proyectos y encuentros desarrollados en barrios de Bogotá, como ‘Renacer de Techo’, en la localidad de Kennedy, han permitido vincular la música con procesos comunitarios y con experiencias compartidas junto a habitantes de distintos sectores de la ciudad.
Entre la tristeza y la esperanza: así nació ‘Sol de Lluvia’
Foto: Kit de Prensa Humano en Transito
El proyecto de Santiago Mejía conocido en el ámbito musical como Humano en Tránsito explora el amor, la pérdida y las emociones desde una perspectiva vinculada con Bogotá en su nuevo disco.
presenta ‘Sol de Lluvia’, es un álbum de diez canciones que explora diferentes formas de relacionarse con las emociones. El proyecto reúne elementos de la canción de autor, el pop, el rock y otras sonoridades latinoamericanas, a través de una propuesta construida desde la experiencia personal y el trabajo colaborativo.
El disco continúa el recorrido iniciado con ‘Niebla’, producción en la que el artista había profundizado en experiencias relacionadas con el dolor y la pérdida. En ‘Sol de Lluvia’, esa mirada se transforma en una búsqueda de luz dentro de momentos difíciles, sin dejar de lado emociones como la tristeza, el deseo, el duelo y el enamoramiento.
Santiago Mejía estuvo en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’, donde habló sobre el origen de Humano en Tránsito y el proceso creativo detrás de su nueva producción, la cual El proyecto comenzó como un ejercicio personal de composición, a partir de canciones que el músico escribía desde su adolescencia como una forma de procesar aquello que estaba sintiendo. Con el tiempo, esas composiciones dejaron el ámbito privado y se convirtieron en una plataforma para desarrollar su faceta como cantautor.
El tránsito hacia ese papel también significó un cambio en su relación con la música. Después de iniciar su recorrido como baterista, Mejía pasó a ocupar el frente del escenario y a asumir directamente la voz de sus canciones. Este proceso representó una forma de exposición personal que el propio artista relaciona con la dec
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‘Sol de Lluvia’ toma su nombre de una imagen asociada con Bogotá y sus cambios de clima. La ciudad aparece como parte del contexto emocional del álbum, a través de una mirada sobre sus contrastes, su diversidad y las distintas experiencias que pueden convivir en ella. La propuesta busca que esa relación con el territorio también pueda reconocerse en los temas.
Entre las canciones se encuentra ‘Sin voz’, una composición que tiene una relación particular con la memoria de su abuela. El músico había registrado en su teléfono conversaciones en las que ella relataba episodios de su vida, pero el dispositivo fue robado y la grabación se perdió. La experiencia terminó vinculándose con una canción que aborda la ausencia y la dificultad de conservar aquello que forma parte de la memoria.
La dimensión colectiva también se extiende al componente audiovisual de Humano en Tránsito. El proyecto ha desarrollado piezas visuales y videoclips que amplían el universo de las canciones y complementan su propuesta musical, con trabajos realizados en diferentes espacios de Bogotá.
Santiago Mejía explicó que ‘Sol de Lluvia’ parte de una relación directa con las emociones y de la necesidad de no evadirlas. “Si la vida nunca te toca, nunca te rasguña, nunca te pone de rodillas, pues no estás viviendo”, señaló el músico, al referirse a la importancia de atravesar también los momentos difíciles como parte de la experiencia humana.
Rey Gordiflón y Todos Tus Muertos: Un encuentro imperdible
Foto: Colectivo Sonoro
Los artistas se reunirán por primera vez en Bogotá, en un encuentro que conecta la nostalgia y la energía del punk rock con el legado del rock alternativo latinoamericano.
El tiempo puede cambiar la escena musical, transformar las formas de escuchar canciones y abrir espacio para nuevas generaciones. Sin embargo, hay bandas cuyos temas permanecen vinculadas a una época y terminan convirtiéndose en parte de la memoria.
Ese vínculo explica, en buena medida, el regreso de Rey Gordiflón a los escenarios y el encuentro de la agrupación colombiana con Todos Tus Muertos, una de las bandas argentinas que marcó la escena latinoamericana de rock, punk y reggae.
La historia de Rey Gordiflón está ligada a la escena alternativa colombiana de finales de los años noventa y comienzos de los 2000. Desde Medellín, la banda construyó una identidad alrededor del ska punk, el rock y el reggae, con canciones que encontraron eco entre una generación que buscaba nuevas formas de expresión y pertenencia.
Juan Antonio Murillo, conocido como Juan Astronauta, integrante de Rey Gordiflón, estuvo en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’ hablando sobre lo que representa esta nueva etapa.
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Para el músico, la experiencia vivida en los inicios del grupo fue la escuela donde aprendió buena parte de lo que posteriormente llevaría a otros proyectos. Por eso, el regreso no representa únicamente la recuperación de un repertorio, sino también el reencuentro con una parte esencial de su historia.
“El primer amor nunca se olvida y el cariño de las personas con Rey es increíble”, señaló Murillo al describir la emoción de retomar el proyecto. “Volver a la tarima con la banda y sentir que la gente todavía está conectada con esas canciones, con esa época que nos marcó tanto, es como una alegría infinita”.
La decisión de volver a tocar juntos estuvo relacionada, además, con una demanda que permaneció por varios años entre quienes habían acompañado a la agrupación. Uno de los momentos que terminó impulsando el reencuentro fue cuando una canción de Rey Gordiflón comenzó a sonar durante un festival en la playa. Al reconocer a Juan entre el público, varias personas levantaron sus bebidas y cantaron el tema mientras lo miraban.
“Eso hizo algo impresionante dentro de mí”, recordó el artista sobre aquel episodio. “Fue muy fuerte”. La escena terminó convirtiéndose en la señal del vínculo que todavía existía entre la obra y sus oyentes.
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Aquel momento resume una de las características de las reuniones de agrupaciones que marcaron época: La música funciona como un mecanismo de memoria. A diferencia del consumo actual en plataformas digitales, marcado por una oferta masiva e inmediata, aquellas letras quedaron fijadas en momentos específicos de la vida diaria.
“En esa época éramos personas que no teníamos la sobresaturación de música que hay ahora (…) Entonces las canciones se quedaron ahí, marcaron una etapa. Volver a ellas significa recordar cuando salías del colegio, estabas en la universidad o te parabas con tus amigos a escuchar un cassette”, mencionó el artista.
Pero la permanencia de esas composiciones va más allá de quienes las escucharon originalmente. En sus recientes presentaciones, Murillo ha encontrado a jóvenes y adolescentes coreando las canciones de la banda, confirmando que el mensaje ha logrado traspasar las fronteras generacionales. “Ver niños de 12 o 15 años cantando a todo pulmón me parece muy hermoso. Ahí se demuestra cómo las canciones pueden llegar a ser infinitas, y ese es el legado más bonito de la música”.
En ese contexto aparece Todos Tus Muertos. La agrupación argentina, liderada por Fidel Nadal, desarrolló una propuesta que integró reggae, punk, ska y hip hop en español, convirtiéndose en una referencia de la música alternativa latinoamericana. Compartir con la banda bonaerense representa para el grupo colombiano un hito de gran responsabilidad.
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El encuentro entre ambas agrupaciones permite conectar dos momentos clave de la música independiente del continente: Por un lado, las cuatro décadas de recorrido de Todos Tus Muertos; por el otro, el regreso de Rey Gordiflón a Bogotá, una ciudad fundamental en la trayectoria de la banda y a la que no volvían desde hace varios años.
“Para nosotros es un gran honor volver a Bogotá. Como Rey Gordiflón no vamos hace muchos años, así que es una alegría infinita reencontrarnos con nuestro público en un escenario de este formato”, concluyó Murillo.
La cita está programada para el viernes 2 de octubre en Lourdes Music Hall, en Bogotá. Rey Gordiflón repasará junto a su público capitalino los clásicos que marcaron a una generación, en una noche que reunirá la trayectoria de dos agrupaciones fundamentales para entender el rock alternativo de la región.
'Nada Perdido' une a Colombia y Guatemala
Foto: PuntoGuate
Dos propuestas musicales entrelazan la experiencia de la industria guatemalteca con los ritmos tradicionales del Caribe colombiano.
Las agrupaciones Katamarán y Teniente desarrollan una propuesta que busca conectar las identidades sonoras de Colombia y Guatemala. La colaboración combina la estructura del pop y el vallenato con sintetizadores, guitarras eléctricas y ritmos caribeños, en un proceso que encuentra su punto de encuentro en 'Nada Perdido', un sencillo que marca el inicio de una etapa compartida entre ambos proyectos.
El tema se articula como la carta de presentación de ‘Teniente’, una agrupación guatemalteca integrada por Carlos Peña, Juan Fernando Herrera y Sami Suárez. La agrupación reúne la experiencia previa de sus miembros en la producción discográfica, el canto y el circuito latinoamericano, acumulando más de tres años y medio de trabajo compositivo antes de hacer su debut. Los integrantes de la banda estuvieron en los micrófonos de ‘Amantes del Círculo Polar’, hablando sobre la creación del sencillo y su paso por Colombia.
La canción nació a partir de un motivo melódico que permaneció guardado durante dos años, construido desde la sonoridad del acordeón y los aires del tropipop. El punto de inflexión se dio tras un encuentro en los Premios Estela en Guatemala, donde la afinidad con Julián Rey, vocalista de ‘Katamarán’, motivó la construcción del tema. “Desde hace mucho tiempo, en mi caso, yo he tenido cerca la música colombiana siempre por mi madre y mis abuelos”, explicó Juanfer Herrera sobre la cercanía cultural con el país.
La grabación del sencillo se dividió entre ambos países: Las maquetas iniciales y la mezcla final se trabajaron en Guatemala, mientras que los arreglos de acordeón, caja vallenata y voces secundarias se capturaron en Colombia. La producción audiovisual se realizó de forma paralela en Bogotá, recopilando momentos de la gira de medios y el recorrido de los músicos por la ciudad.
La relación entre géneros parte de una idea de integración cultural sin barreras de estilo. “Siempre involucrar elementos, texturas de la música enriquece la obra que uno esté haciendo... En la música ya no hay reglas”, señaló Sami Suárez acerca de la decisión de incorporar instrumentos tradicionales del Caribe dentro de una estructura pop.
El lanzamiento llega acompañado de una agenda de presentaciones en vivo en escenarios de Bogotá. Este sencillo abre una ruta de trabajo para la agrupación guatemalteca que contempla la publicación proyectada de ocho temas promocionales, un EP y un catálogo adicional de más de 15 canciones.
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