El arte de los títeres: Reciclaje y fantasía en el Festival Manuelucho
Foto: LAUD 90.4 FM ESTÉREO
Los títeres regresan a Bogotá con historias que hablan de la vida, la memoria y el planeta.
La edición número 23ª del Festival Internacional de Títeres Manuelucho reúne a artistas de seis países con propuestas que van mucho más allá del entretenimiento infantil: son relatos de imaginación, resistencia y reflexión.
En ‘Amantes del Círculo Polar’ conversamos con: Iván Álvarez, director de La Libélula Dorada, y Federico Ugalde, titiritero argentino de Sakados del Tacho, quienes compartieron su visión sobre este arte que, con sencillez y profundidad, conecta generaciones y despierta preguntas acerca del mundo que habitamos.
Iván Álvarez recordó que el teatro de títeres nació de una necesidad: “Nos dimos cuenta de que los niños eran marginados no solo en lo social, sino también en lo cultural. Por eso decidimos trabajar para ellos, desde el respeto y la imaginación”. Con esa convicción, La Libélula Dorada lleva casi 50 años formando públicos y elevando este arte al rango de expresión escénica.
Su hermano, el recordado César Álvarez (1951-2024), fue cofundador del grupo y del Festival. La edición de este año le rinde homenaje con obras que abordan temas profundos como la muerte, el humor y la ternura. “Nuestra más reciente obra, ‘Ácidas ficciones’, es para adultos y trata el tema de la muerte con ironía y poesía. Es también un reconocimiento póstumo a mi hermano”, compartió Iván con emoción.
Por su parte, Federico Ugalde llegó desde el noreste de Argentina con un espectáculo que combina humor y conciencia ambiental. Su propuesta, ‘Sakados del Tacho’, convierte residuos plásticos en títeres llenos de vida. “Siempre me preocupó la basura, separar los residuos, reciclar. Un día me di cuenta de que podía usar esos envases para crear personajes. De algo descartado puede surgir cosas hermosas”, contó.
Federico, que se describe como un ‘artesano de la fantasía’, aseguró que lo importante no es ocultar el origen del material, sino hacerlo visible: “Me gusta que se note que son botellas, tapitas, envases. Es una forma de recordar que lo que desechamos también puede contar historias”.
El Festival no solo celebra el oficio de los titiriteros; sino que abre un espacio para reflexionar sobre la creatividad como herramienta de transformación. En palabras de Iván, “cuando una obra está bien hecha para niños, igualmente emociona a los adultos, porque despierta El niño interior que todos tenemos amordazado”.
Federico complementó con humor: “El público cambia de país en país, pero el humor no. Es universal. Lo que hacemos con los títeres es hablar un mismo lenguaje: El de la risa y la imaginación”.
Hasta el 26 de octubre, el Festival Manuelucho presentará más de veinte funciones en teatros y bibliotecas de Bogotá, con compañías de Argentina, España, Cuba, República Dominicana, Ecuador y Colombia. La agenda incluye obras para todas las edades y talleres que enseñan a construir títeres, animarlos y contar historias con ellos. Encuentra la programación completa aquí.
Más allá del espectáculo, cada función se convierte en una lección de creatividad, respeto por la infancia y cuidado del planeta. Como concluye Iván Álvarez: “Los títeres son un puente entre generaciones, una forma de recordar que lo pequeño puede tener una voz poderosa”.
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