Las labores del cuidado y su efecto en las brechas de género
Foto: Freepik/Andreas
Las mujeres dedican aproximadamente 7 horas con 35 minutos a trabajos del hogar, lo que se traduce en menor tiempo para el estudio, la profesión y el autocuidado. ¿Qué medidas se han tomado para evitar esto?
En Colombia hablar de cuidado es cada vez más común. Sin embargo, aún persisten los vacíos acerca de lo que realmente significa este concepto y, especialmente, en el impacto en la vida de muchas mujeres. Expertos advierten que, aunque se ha avanzado en el reconocimiento social, falta bastante para comprender qué es la responsabilidad compartida dentro de un hogar, que es clave para aportar al cierre de las brechas de género.
Al respecto en el mundo se avanza en las investigaciones sobre la ‘Economía del cuidado’, un concepto que “se refiere al conjunto de actividades domésticas y de atención a otras personas, tanto remuneradas como no remuneradas. Estas incluyen labores como cocinar, limpiar, cuidar niños, adultos mayores o personas enfermas, y garantizar el bienestar dentro de la casa. Aunque son esenciales para el funcionamiento de la sociedad, las tareas no remuneradas siguen siendo las más invisibilizadas”, dijo a LAUD 90.4 FM ESTÉREO, Johanna Gómez, experta en economía del cuidado y profesora de la Universidad Javeriana.
Brechas de tiempo
Según mediciones del DANE, las mujeres que participan en el mercado laboral enfrentan una doble jornada, ya que dedican en promedio cerca de siete horas a su trabajo habitual y alrededor de siete horas con 35 minutos adicionales en el cuidado del hogar.
En contraste, los hombres destinan entre ocho y nueve horas al trabajo devengado, pero solo alrededor de tres horas diarias a actividades domésticas. Esta diferencia refleja una brecha considerable en la distribución del tiempo y las responsabilidades.
Además, las tareas también están divididas por género. Mientras ellas concentran la mayor carga en ocupaciones como la preparación de alimentos, limpieza, el acompañamiento de menores y adultos mayores, los hombres realizan oficios como reparaciones en la casa o decisiones financieras.
¿Cuál es el impacto?
Esta distribución desigual tiene consecuencias directas en el género femenino, pues limita el acceso a educación y al empleo, y en caso de conseguirlo está en riesgo de que sea informal o con baja remuneración.
A largo plazo esta situación puede generar problemas de dependencia económica, debido a que por dedicar gran parte de su vida al servicio y llegar a la vejez o enfrentar la pérdida de su pareja, muchas podrían quedar sin ingresos propios, ni pensión, ni reconocimiento por las funciones realizadas durante años.
Avances y retos en política pública
En respuesta a esta problemática se han impulsado iniciativas con el fin de remediar las consecuencias, una de ella fue formular una propuesta que cursa en el Congreso de la República para que las mujeres que se dedicaron al cuidado reciban una pensión por ello.
A nivel local, ciudades como Bogotá han liderado estrategias como las ‘Manzanas del cuidado’, que se convirtieron en espacios que ofrecen servicios y apoyo a personas que se dedican a otros. Este modelo ha sido replicado en otras capitales del país como Medellín, Cali y Bucaramanga.
Asimismo, Colombia avanza en la implementación de la Política Nacional de Cuidado, la cual está basada en las tres R: ‘Reconocer, Reducir y Redistribuir el trabajo de cuidado’. Estas buscan visibilizar a las personas cuidadoras, disminuir las cargas desproporcionadas y promover una distribución más equitativa dentro de cada familia.
“Esa es la tarea más difícil, porque si bien la academia busca reconocer, visibilizar, investigar, mostrar este tema; cambiar el concepto de que estos oficios son una responsabilidad compartida y no una ayuda, es lo más complejo. Incluso ellas mismas creen que es su obligación y que nadie más los puede realizar”, indicó Gómez.
Finalmente, la experta concluyó que uno de los mayores retos sigue siendo lo cultural porque así existan políticas públicas “si no hay un cambio en la mentalidad, persistirán los estereotipos que asignan las labores domésticas exclusivamente a un género, e incluso muchas familias reproducen estas dinámicas desde la crianza”.
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