Super Bowl: Música que se volvió política Anti-Trump
Foto: Glamour 25
El Super Bowl LX, más allá de la música, fue un acto político donde Green Day y Bad Bunny usaron cañas, arengas, bodas y un Grammy a Lincoln Fox para desafiar a Trump e ICE.
El show no fue solo un desfile de hits, desde los himnos del pre-game hasta el torbellino de Bad Bunny, cada actuación se convirtió en un escenario vivo cargado de metáforas y símbolos que hablaron claro contra las políticas migratorias de Trump y el despliegue de ICE, tocando fibras sensibles que llegaron a la Casa Blanca y encendieron el debate entre republicanos y demócratas. Más allá de los gustos musicales, Bad Bunny se posicionó en un lugar clave para la idiosincrasia latina, elevando raíces boricuas y solidaridad migrante a escala global en un momento donde la identidad cultural pesa como nunca.
Charlie Puth le dio inicio al espectáculo en el Levi's Stadium de Santa Clara, California, con ‘Star-Spangled Banner’ una canción emotiva y crucial en el repertorio del artista, la cuál cual solo estuvo acompañada únicamente de un piano a lo que llevó a unir al estadio en un silencio unísono. Asimismo, Brandi Carlile interpretó ‘America the Beautiful’ con guitarra acústica y coros gospel, y traducida por intérpretes de señas como Fred Beam que hicieron el himno accesible a sordos. Coco Jones tocó ‘Lift Every Voice and Sing’ con su voz potente y bailarines en cadenas simbólicas rotas, evocando la liberación racial. Por su parte, Green Day explotó con ‘American Idiot’, Billie Joe Armstrong gritó "¡Este es para el idiota en la Casa Blanca!" mientras pisoteaba una bandera falsa, un gesto punk que The New York Times llamó "declaración anti-autoritaria que anticipó el halftime latino".
En el medio tiempo, un momento imperdible de Super Bowl, Bad Bunny estuvo rodeado por cañas gigantes que emergieron del piso en ‘Tití Me Preguntó’, a su vez, lo acompañaron figuras folclóricas de los carnavales de Puerto Rico y piñatas que Rolling Stone analizó como "reivindicación de folklore afrotaino contra apropiaciones culturales". LA función evolucionó en ‘El Apagón’ con postes eléctricos colapsando en chispas y oscuridad, proyecciones del huracán María y multitudes con linternas –un recordatorio visual de negligencia federal, que el NYT describió como "metáfora palpable de islas abandonadas ante ICE en las sombras del estadio"
El escenario se convirtió en calle puertorriqueña con una boda real: Novia en vestido blanco, invitados con sombreros de playa bailando salsa, pese a la presencia de patrullas del ICE proyectadas de fondo, y un letrero que rezaba "Lo único más poderoso que el odio es el amor" colgando en el fondo. Bad Bunny entregó el Grammy a Lincoln Fox, niño de 10 años de Santa Ana hijo de inmigrantes mexicanos, quien lo levantó con lágrimas –gesto que se destacó como "corazón inmigrante latiendo en prime time". Ricky Martin se sumó en ‘Lo Que Le Pasó a Hawai’ con dúo sobre olas y banderas queer, celebrando la resiliencia LGBTQ+.
A su vez, Lady Gaga irrumpió con una salsa versionada llamada ‘Die With a Smile’, fusionando pop global con ritmos latinos. Lincoln Fox reapareció con Bad Bunny desde el techo de ‘casita’, un lugar emblemático en los shows del puertorriqueño, cayendo a los brazos de varios fans simbolizando la confianza generacional. Cabe resaltar que también estuvo presente Pedro Pascal, Jessica Alba, Karol G, Young Miko entre otros, formando un mosaico multicultural. "¡Desde Chile hasta Canadá!" culminó el “Conejo Malo2 mostrándole al mundo un balón de fútbol americano con la leyenda "Together, We Are America", que Rolling Stone resaltó como "ironía maestra a la América de Trump".
El Super Tazón congregó a más de 123 millones de televidentes en Estados Unidos, con picos de 130 millones durante el halftime de Bad Bunny, mientras su transmisión global por ESPN y plataformas digitales alcanzó 225 millones de espectadores en 185 países, cifras que Univisión confirmó como récord histórico para Latinoamérica, donde el show se vio como faro cultural frente a tensiones migratorias.
Por su parte la Casa Blanca no se quedó callada, el presidente Donald Trump tuiteó en su red social Truth Social: "¡Bofetada asquerosa a la verdadera América! Bad Bunny y su invasión woke arruinaron el Super Bowl patriótico", Kristi Noem, Secretaría de Seguridad Nacional de los Estados Unidos celebró en X "ICE protegió el estadio de esta locura latina, orgullo americano primero", Corey Lewandowski, político y comentarista advirtió en Fox News "Vimos deportaciones en vivo venir, sin santuario para ilegales en shows". Tomi Lahren explotó en X "Anti-ICE total, no americano, boicot NFL ya"; Mike Johnson en Facebook Live "Ataque cultural woke, Dios bendiga la América real". Gavin Newsom replicó en X con "Día oficial de Bad Bunny en CA –unidad vence odio", mientras Ann Powers de NPR elogió en su review "gesto festivo que desarma divisiones", fusionando todo en pulso anti-trumpista palpable.
El acto de Bad Bunny quedará registrado para la perpetuidad por su carga política y crítica hacia un gobierno empecinado a la deportación masiva de migrantes,
convirtiéndose en una figura que representa a los latinos en distintas partes del mundo, una acción que va más allá de lo musical.
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