Fiscales, victimizaciones y renuncias

05/15/2019 - 16:39

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El Fiscal renunció en la hora, lugar y espacio que su ego autoritario decidió. No es un triunfo de la sociedad civil con los múltiples hashtags que se crearon para presionar la salida del poderoso funcionario. El Fiscal, un excelente maniobrador de medios de comunicación pasó de victimario a víctima. Los micrófonos le han rendido un sentido homenaje porque deja su cargo no por sus dudosas actuaciones en el caso Odebrecht (y otros más que por respeto al lector no se enuncia porque volvería interminable esta columna), sino por “la indignación” que le genera la decisión de la Justicia Especial para la Paz de no extraditar a Jesús Santrich del partido político Farc.

Dos o tres días ocupará la noticia y múltiples analistas de todos los espectros ideológicos se dedicarán a realizar profundos análisis que seguramente estarán en el péndulo del Fiscal que le dijo no a la impunidad, o el Fiscal que le dijo sí a la evasión de la impunidad. Y como la canción de Héctor Lavoe, la notica se convertirá en un periódico de ayer…y todos de vuelta a su vida cotidiana.

Y la vida cotidiana, es la que precisamente preocupa de este tipo de renuncias express y con poéticos comunicados de prensa defendiendo el Estado de Derecho. En la vida empresarial, académica, profesional y laboral tenemos la semilla de Néstor Humberto Martínez, es decir, aquel funcionario que se niega a reconocer que su labor afecta la gestión en las esferas pública y privada. Y con esta renuncia, el daño social es irreparable. El Fiscal se va y llegará otro con el mismo poder de conspirar y murmurar en los pasillos. No obstante, la herencia que deja en jóvenes funcionarios y en prometedores abogados puede ser lesiva para lo que necesitamos como país.

El Fiscal Martínez hoy logra recoger el espíritu de todos aquellos funcionarios que se niegan a reconocer sus fallas, que prefieren delegar la culpa en otros, que buscan la triquiñuela contractual para aferrarse a sus puestos y llegan al límite de instrumentalizar los organismos de control para reclamar acosos laborales o violación a los derechos fundamentales.

La escuela y la universidad deben estar muy atentas de evitar que estas prácticas se sigan reproduciendo en los nuevos profesionales. Incluso, a veces parece que la crisis de este país no pasa por la ausencia de profesionales, sino de seres humanos que entiendan que su función en la sociedad comienza con una ética del trabajo y de respeto al otro que imprime pasión a su labor diaria, pero que pronto se ve desmotivado porque el burócrata acomodado se aferra al arte de no hacer nada y recibiendo el mismo salario (a veces más).

No sobra anotar que en este juego de póquer, el Fiscal deja el tufillo de desconfianza al proceso de paz. Poco importan las lideresas y líderes sociales asesinados, los estudiantes universitarios que quieren reconstruir tejido social en los territorios y encuentran la muerte de manera infame, los ex combatientes que en un ejercicio cruel de limpieza empiezan a ser eliminados.

Importa el punto negro en el tablero blanco. En este caso, una polémica jurídica que debe darse, pero que ha quedado eclipsada por esta renuncia. La paz continua su proceso y los magistrados de la JEP no pueden caer en el mismo juego de ausencia de autocrítica y reflexión. Deben estar serenos, cautos y con precisión en las palabras. Los argumentos y los comunicados para enviar un mensaje de tranquilidad a la sociedad.

De lo contrario seguiremos cumpliendo la máxima aristotélica del exceso y el defecto. El exceso de tener funcionarios que ven lo público como una instrumentalización para sus intereses privados, y el defecto de tener servidores de la patria que prefieren enviar al vació al país con una carta de renuncia antes que reconocer su incompetencia o el daño que generan en la construcción de un país con visión de largo plazo.

Por: Jaime Wilches

Docente e Investigador

Instituto de Paz de la Universidad Distrital

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