Las librerías y los libreros hacen parte de la memoria histórica de este país

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Foto: YouTube

Parece que las librerías fueron cosas del pasado. Muchas se han cerrado y han contado con la explicación de sus propietarios, entre ellas, se encuentra la poca venta de los libros y el alto costo del arriendo de los locales donde funcionan estos puntos de encuentro y de saberes irrigados en muchos lugares en  Bogotá.

En días pasado se cerró 'La madriguera del Conejo, la que estaba ubicada en la carrera 11 número 85-52. Era un sitio donde se podían conseguir textos en todas las especialidades y durante mucho tiempo fue el sitio de llegada para conversar, así no fuera en  sus instalaciones si servía para una cita que nos permitía encontrarnos para conversar.

Todavía  en Bogotá quedan librerías   donde se encuentran esos viejos libreros que eran unos magos para inducirlo en la compra de un buen texto y contaban la mínima historia del libro que sugerían. El verdadero librero se perdió de esos escenarios al que podía asistir un novato, como también el académico que descrestaba con la pipa y con el humo de la picadura del capitán Blake.

Como no citar 'Merlín' ubicada en pleno centro de Bogotá,  dicen los entendidos que tienen más de 300.000 libros. Esos dos stands que están ubicados en dos pisos en una referencia histórica para universitarios, profesores y demás amantes  de la buena lectura, para una mejor ubicación queda en 'la calle o callejón de los libros'.

En la calle 45, también en Bogotá está ubicada 'El dinosaurio', atendido por el librero que lo apodan el abuelo, tal vez, por la experiencia y por el saber que tiene en el manejo de los libros. Y qué decir de la ciudad de Medellín cuenta con dos librerías que son referenciadas ‘Libros de Juanes' y 'El Palinuro', 'lo que no se encuentra en estas guardillas del libro no existe', decían los entendidos y conocedores del libro.

Todavía quedan en Bogotá dos con mucha referencia la 'Librería Lerner' y la librería de la Universidad Nacional, esta última ubicada en la séptima entre 19 y 20 en pleno centro de la capital de república.

Ojalá, estas guardillas del libro y sus libreros permanezcan en nuestro entorno social, así las más medias y adelantos tecnológicos sean más privilegiados hoy en día por un sinnúmero de lectores.

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