Informe evidencia que Bogotá sí fue escenario de las FARC en los 90

laud-usme-los-rastros-de-la-guerra-@uippoligran-3.jpg
Foto: @uippoligran

La presencia de un bloque urbano en Usme, su accionar, muertes y alcances y su caída luego de pretender tomarse la ciudad, son algunos relatos de la investigación.

Hablar del conflicto armado en Colombia por el accionar de la desaparecida FARC-EP, no es solo referirse a la guerra que se vivió en las zonas rurales más apartadas del país. Es tratar también sobre cómo, cuándo y de qué forma operaron en algunas capitales, como es el caso de Bogotá. Este es una de las finalidades del informe ‘Usme, los rastros de la guerra’, que visibiliza el accionar de uno los bloques urbanos que tuvo su asiento en la localidad a finales de los 80, 90 e inicios del nuevo siglo.

“El objetivo fue hacer un trabajo de memoria sobre una de las décadas más difíciles y plantear que en las ciudades también había llegado el conflicto, de lo cual se habla muy poco. Bogotá, era un escenario clave para las FARC luego de decidir entrar a las capitales, la puerta fue Usme porque se conecta con Sumapaz y a su vez, con el sur del país, donde había territorios bajo el mando de la guerrilla. Esto nos confirmó Carlos Antonio Lozada (excomandante de las FARC), en una de las entrevistas, quien afirmó ser el encargado de crear el Frente Antonio Nariño”, manifestó Juliana Castellanos, directora de la Unidad de Investigación Periodística del Politécnico Grancolombiano, quienes realizaron la indagación.

Accionar en el territorio

La docente sostuvo que hallaron algunos alcances que tuvo el Frente en la ciudad: “Lo que intuimos a partir de la información que recogimos fue que hubo un alto impacto en la población que se unió a su causa, lograron cautivar a muchos jóvenes en colegios y universidades, quienes no se fueron a la selva. También causaron muertes, masacres y se habla de extorsiones”.

Masacres

Entre los hechos realizados por el grupo armado se recuerda el del 26 de noviembre de 1991, en la vereda La Unión, cuando fueron masacrados siete integrantes del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial del Juzgado 75 de Bogotá, al momento que se dirigían hacer el levantamiento del cuerpo de César Nariño, líder de la región, también asesinado por la guerrilla. Del acto solo quedó una sobreviviente, que a sus 70 años, nunca fue reconocida como víctima. También está la masacre de 13 policías que escoltaban al entonces gerente de la Empresa de Energía, Mauricio Cárdenas, el 29 de agosto de 1993 en la vereda Las Mercedes.

Carretera clandestina entre Bogotá y el Guaviare

La investigación dice textualmente las palabras de Calos Lozada:“Nosotros teníamos un corredor que nos permitía movernos prácticamente de Usme hasta el Guaviare a pie. Una unidad pequeña de guerrillas, de Nazareth —Sumapaz—  al Guaviare, límites del Guaviare, Caquetá y Meta”.

El informe data que la carretera tenía una extensión de 100 kilómetros construida con maquinaria robada de los municipios y es más, evidencia que la zona de distención que fue pactada con Andrés Pastrana, entonces Presidente de Colombia en 1999, para lograr el fallido acuerdo de paz de esa época, era usada por las FARC para rearmar, entrenar y fortalecer la guerrilla. Posteriormente, al fracasar el acuerdo, querían tomarse Bogotá; por eso la importancia de la conexión con Usme.

Caída

En septiembre de 1999 la Dijín pretendió dar un golpe al Frente Antonio Nariño con la masacre de Mondoñedo (Mosquera), donde murieron seis personas. En adelante, relata Lozada, la estructura del bloque empezó a desintegrarse. Más adelante, el documento registra que se puso fin al grupo con la puesta en marcha de la política de Seguridad Democrática, del presidente de la República entrante, Álvaro Uribe, que se materializó con el Plan Patriota en junio de 2003 donde se propuso “eliminar la presencia de las FARC en Cundinamarca”.

Datos finales

Los resultados finales de la investigación fueron entregados a la Comisión de la Verdad el pasado 17 de septiembre para la contribución a la verdad y no repetición.

La docente Castellanos indicó, al concluir la entrevista, que en la actualidad no se evidencia presencia de guerrilla en la localidad pero sí existe aún temor y desconfianza entre los habitantes.

El trabajo de campo e investigación fue realizado por estudiantes de la institución educativa durante ocho meses, donde además de entrevistas y documentación: “Se hizo revisión de los periódicos El Tiempo, El Espectador y El Espacio desde enero de 1990 y diciembre, hasta 2003, para poder sacar una línea de tiempo de los acontecimientos que evidenciaban que Usme sí había sufrido la guerra a pesar estar en la ciudad”, expresó la invitada.

Vea el informe completo aquí

Escuche la entrevista a Juliana Castellanos, docente investigadora aquí.

Con información del informe 'Usme, los rastros de la guerra'.

Share this