El irlandés: Escuché que pintas casas

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Foto: Neflix

Más que una película de gánster es una historia sobre el Poder.

‘The Irishman’, la nueva cinta dirigida por Martin Scorsese cuenta con los habituales Robert De Niro y Joe Pesci, además del gran Al Pacino.

Desde ‘Casino’ (1995) que De Niro y Scorsese no trabajan juntos, por más que lo intentaban o no encontraban la historia apropiada o el presupuesto necesario para rodar un gran proyecto. Fue el actor el que leyó el libro ideal ‘Escuché que pintas casas’ (‘I Heard You Paint Houses’), de Charles Brandt. Tras encontrar la historia ideal, el cronograma de los dos era incompatible, pero el gran problema de fondo era el dinero, ahí apareció Netflix. La plataforma puso los recursos, por esa razón su distribución en las salas de cine es mínima, la única crítica que tiene la producción.

La trama cuenta la historia de los Estadios Unidos en los años 60 y 70 a través de la vida de Frank Sheeran (Robert De Niro), veterano de la Segunda Guerra Mundial y asesino a sueldo. El bajo mundo, sus rivalidades, sus conexiones con el poder político y sindical.

Casi 4 horas, 3 horas y 45 minutos dura esta maravilla del séptimo arte que se ve sin parpadear. Su narración temporal nos muestra a los tres protagonistas en diferentes etapas de su vida. Al Pacino es Jimmy Hoffa uno de los sindicalistas más grandes de los Estados Unidos y Joe Pesci es Russell Bufalino, un gánster el jefe y buen amigo de Frank Sheeran.

Aunque lo cautivante del filme es la historia, la profundidad de los personajes, aquí no nos encontramos ante buenos y malos, sino solo malos. Sorprende el uso tecnológico, en especial el cambio de las edades de los tres personajes protagonistas con ellos no se usó maquillaje, sino un programa especial.

Más allá de rencuentro con cuatro gigantes es un volver a lo mejor de cine que ellos mismos habían escrito en la historia. Al final de la cinta comienza un detrás de cámaras con esos monstruos que nos cuentan detalles sobre el filme y anécdotas fascinantes como la primera escena que Scorsese le dirigió a Al Pacino, otra joya que vale ver después de los créditos.

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