Cine porno en Bogotá

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Foto: LAUD

Contra viento y marea, de manera terca se mantiene el Esmeralda Pussycat como la única sala de cine xxx de la ciudad.

Antes de compartir con ustedes la experiencia de ir al cine a ver una película porno quiero hablar de la foto que identifica esta nota, es un selfi, la palabra del 2013 para Oxford y ahora tan de moda con el éxito de la ceremonia de los premios Oscar, donde la presentadora Ellen Degeneres, con este autorretrato plagado de estrellas del séptimo arte logró cifras astronómicas entre Twitter entre retwitter, espero sea válido el término, y favoritos. Lo de nosotros es el anti selfie porque fue tomado ante la soledad y la vergüenza de una visita a un teatro porno.  

Mi primera vez a la sala fue por la insistencia de quien fue mi novia hace un par años, era un domingo en la tarde, el nombre de la cinta era algo así: Colegialas cachondas VI. Entramos con la ilusión de quedarnos con la colilla clásica de la boleta, lamentablemente pagamos las entradas y nos tocó entregar el tiquete. Entramos rápido no quería que nadie me juzgara, ya que mi acompañante es mucho menor que yo, así que el dedo acusador, consideraba, era justo por mi comportamiento, no dejaba de sentir temor por el riesgo de entrar a un sitio lleno de depravados.

Subimos al segundo piso donde también hay cabinas individuales, entramos a la sala, buscamos un buen lugar, la soledad del sitio nos ofreció tranquilidad así que me concentre en la película, allí encontré una desilusión, el material que veíamos no era el de una película, era un vídeo. Ella especialmente quería escuchar el sonido de la maquina mientras se proyectaba el filme. Suspiramos por la desilusión y seguimos con los ojos bien abiertos. Ella se puso sus anteojos, casi se los quito porque no entendía lo que veía. Tras un par de minutos no pudimos reconocer nada, creímos que era un trasero de sexo indefinido, no por la sexualidad de la estrella porno, sino por la mala calidad del vídeo.

De un momento a otro alguien encendió las luces, era un funcionario de la sala quien casi de inmediato las apago al darse cuenta de nuestra incomodidad. Seguimos con la película, la cual llegaba a su parte final. Casi de inmediato pusieron otro vídeo con otro nombre el cual nos despertó de inmediato una agradable carcajada. Una escena más tarde decimos salir a disfrutar de la ciudad.

Mi segunda vez fue en el marco de Zinema Zombie Fest una noche realmente encantadora, ese cuento ya lo compartí en el articulo Zine con “Z” de Zombie

En mi tercera visita llegué sólo, sin ningún temor de sentirme señalado. Hablé con Carlos quien me pidió de manera cortés una carta para poderme responder de manera oficial sobre los interrogantes del teatro, a pesar de no tener,  hablamos por más de una hora y media de porno: su evolución, la falta de industria en Colombia, de su encuentro con Nacho Vidal y de una infinidad de páginas de internet.  

La conversación fue agradable, él mencionó la época dorada del porno, su paso al vídeo y su detrimento, no obstante resumir toda la información en un solo artículo es imposible porque tendríamos que hablar de actrices colombianas, géneros, la migración de la industria porno de L.A a las Vegas en fin.    

Aunque si comparto un par de conclusiones, el cine porno tiene un propósito simple: excitar y si habláramos de su función es igual de simple: acompañar al usuario a masturbarse. Por esa razón la historia, los diálogos han perdido toda trascendencia, no obstante pude obtener información sobre el teatro para ser una sala erótica, es muy conservadora, prima las relaciones heterosexuales, me refiero al género, además me confesó que una de las claves del éxito de la sala es el respeto a los espectadores.

La mayoría de los visitantes son hombres, un gran número de ellos  mayores. Una de las hipótesis es que no tienen acceso a internet, otros son homosexuales y tienen el lugar como un punto de encuentro o para conocer parejas. Las mujeres que van siempre lo hacen acompañadas.

Hablé con un visitante, él tiene 37 años me comenta que ha ido al lugar cerca de 20 veces, él prefiere el cine que el internet debido al tamaño de la pantalla.  

Especial de cine: 

La Cinemateca Distrital siempre está de gala para sus visitantes

Multiplex Embajador, un teatro que conserva su uso de origen desde 1969

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