Cómo actúan las redes sociales frente al suicidio

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Foto: Medios

A propósito del Día mundial de la prevención del suicidio, que se conmemora este 10 de septiembre, expertos aseguran que las redes sociales deben ser herramientas de ayuda, y no escenarios donde la situación se complique.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016, el suicidio fue la segunda causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. Cerca de 800.000 personas se quitan la vida cada año.

La magnitud del fenómeno es tal que desde 2014, la OMS reconoce que se trata de un grave problema de salud pública que "requiere de una estrategia de prevención multisectorial en los países".

Para algunas organizaciones, el impacto de las redes sociales en el fenómeno es desmedido. En la campaña Anti Bullying Pro del Diana Awards, menciona “está claro que algunos de los desafíos a los que los jóvenes se enfrentan a menudo en línea, pueden verse exacerbados por el hecho de que algunos no se sienten capaces de tomar un descanso digital”.

Factores como las vivencias en un contexto violento o la falta de acceso a servicios de salud mental, los jóvenes pueden presentar señales de adicción a los dispositivos y vivir inmersos en una mayor presión por la interacción digital. Con ello, pueden exponerse a un ciberacoso, que está disponible las 24 horas de los 7 días de la semana.

Según cifras de organizaciones como The Trevor Project, los jóvenes gays, lesbianas y bisexuales son una población vulnerable al acoso digital y al abuso físico o verbal. Ello aumenta la probabilidad de una autolesión en unas 2.5 veces más que en sus pares heterosexuales. La ONG indica, así mismo, que los jóvenes de la población LGBT tienen casi cinco veces más probabilidades de haber intentado suicidarse.

Para la psicóloga Lina María Saldarriaga, directora de contenidos e investigación de Red PaPaz, sin duda las redes sociales son la plataforma de interacción social para los jóvenes, como antes podía ser un bus escolar, un patio de juegos o un parque.

Redes como Instagram o Snapchat, que permiten presentar aspectos particulares de los jóvenes “pueden llegar ser una trampa si no son vistas de forma crítica”, sin embargo, apunta enfáticamente que no existe una correlación directa entre el suicidio y las redes sociales.

“No se desarrolla un desorden alimenticio por ver fotos de mujeres delgadas. El fenómeno de las lesiones autoinfligidas o las conductas suicidas se presenta si también existen ciertas características”. En el caso emblemático de ‘La Ballena Azul’, una serie de retos virales que promovían el suicidio, la experta cree que también influía la relación con los padres o las circunstancias en la que vivían los menores en riesgo.

 “Es muy importante que las plataformas actúen. Que una persona que esté pensando en acabar su vida pueda encontrar ayuda en internet, que pueda apoyarse en sus familiares y encontrar protocolos de atención en lugares como el colegio”, puntualizó Saldarriaga.

El mundo se conmocionó en el 2012, con el testimonio de Amanda Todd, una adolescente canadiense que antes de acabar con su vida subió a YouTube un video explicando su decisión de suicidarse por ser víctima de ciberacoso. El video de Amanda, de 16 años, fue dejado en la plataforma, por decisión de su madre, para generar consciencia sobre la gravedad de las violencias digitales y la problemática del suicidio.

La red social Facebook utiliza técnicas de aprendizaje automático para identificar patrones de riesgo en los usuarios, como publicaciones con imágenes alusivas al suicidio o frases como ‘quisiera morir', 'ya no puedo más’ o ‘quiero desaparecer’.

Los usuarios que quieran ayudar a otro pueden reportar los contenidos y según el caso recibirán  una serie de sugerencias personalizadas. Por otro lado, el usuario en el que se identificó el riesgo de suicido recibirá, la próxima vez que inicie sesión en Facebook, una serie de recursos de ayuda para que pueda comunicarse con un experto.

Instagram, en julio de este año, actualizó su algoritmo y fortaleció sus filtros de comentarios ofensivos. De esta manera, los comentarios que ataquen directamente la apariencia o el carácter de una persona o las amenazas para su bienestar son bloqueados automáticamente. En principio, este sistema funciona para las cuentas y comentarios en inglés.

La plataforma de video de Google, YouTube, tiene un apartado de seguridad especializado en suicidio y autolesión. La plataforma invita a ‘marcar’ contenido en el que alguien muestre tendencias suicidas o se esté autolesionando. A su vez, existe un apartado profundo con recomendaciones para padres de familia para llevar hábitos de navegación saludable y promover entornos más seguros.

Twitter, desde su equipo de seguridad trabaja en un modelo de alianzas con organizaciones de la sociedad civil para ofrecer información de centros locales que pueden atender casos de intento de suicidio.

Además de alentar a los usuarios a buscar ayuda con agencias especializadas pide realizar la notificación en la plataforma. Después de que analizan la denuncia de amenaza de suicidio o daño autoinfligido, la red social se comunica con el usuario para informarle que alguien se preocupa por él y considera que podrían estar en riesgo, y entrega recursos en línea y números de teléfono a donde se puede comunicar.

Una de las redes sociales más populares entre los menores de edad, Snapchat,  cuenta con un modelo similar. La red invita a los usuarios que se preocupan por un ‘Snapchatter’ a que le motiven a buscar ayuda, enumerando ejemplos como consultar servicios profesionales con terapeuta, llamar a una línea de ayuda de crisis, o simplemente conversar en confianza con algún familiar o amigo cercano. 

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