Botero: El documental

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Foto: EFE

‘Una mirada intima a la vida y obra del maestro’.

Fernando Botero es el colombiano vivo más importante del país, tras la muerte de Gabriel García Márquez. Sin duda, un comentario subjetivo pero difícil de refutar siempre y cuando busquemos a esos nacionales que han dejado el nombre del país en alto. De lo contrario nombres como Pablo Escobar o de políticos podrán salir a la palestra. Por su puesto que artistas pop también serán mencionados, no obstante, es difícil pensar que alguno de ellos este a la altura de Botero o del Nobel de Literatura.

El debate está abierto especialmente por su obra debido a la forma y en especial al volumen exagerado, más al humor característico que siempre serán motivo de críticas, para no ir tan lejos la banda de rock ‘Odio a Botero’.

En Semana Santa se proyectó en las salas de Cine Colombia el documental. Desde el 11 de abril hasta el 19 del mismo mes, para ser exactos con la información. La queja constante sobre que lo mejor de las proyecciones la dejan para la calle 72 o en la calle 100 fueron opacados porque su proyección fue a lo largo de todas las salas a nivel nacional.

El precio de la boleta lamentablemente es un poco elevado, ya que por ser una producción especial cuesta más que un boleto tradicional de cine, lo otro negativo es la poca asistencia del público, en la sala de Metrópolis en su única función de miércoles santo la sala no contó con más de 14 espectadores.

La producción es dirigida por Don Millar, no obstante, el protagonismo de Lina Botero es evidente hasta en los créditos. Esto no quiere decir que el centro de la historia no sea Fernando Botero, simplemente que se evidencia un homenaje sentido por parte de su hija.

La cinta no tiene inconvenientes en mostrar a quienes cuestionan la obra, eso sí llama poderosamente la atención que la pasión por la vida taurina solo se reduce a una parte de su obra, un poco condescendiente con las nuevas generaciones.

Lo mejor del filme es evidenciar la grandeza mundial de Botero desde el saludo de Bill Clinton, hasta sus fenomenales exposiciones en Nueva York (MoMA), China y París de una magnitud que es difícil de creer a pesar de su documentación.

Otro de los puntos altos que se desarrollan es mostrar al maestro Botero con su voz mezcla de un antioqueño de vieja data, la de ese joven en busca de conocimiento a Europa, del ambicioso que quería ser el mejor pintor del mundo, del aprendiz de escultura, del padre, del amante, del hijo, del abuelo y de un hombre comprometido por la paz, eso y más es Fernando Botero.

Es una pena que la historia no abordara un poco más su paso por la academia en Colombia o que hablara más de Gloria Zea, aun así, es grandioso ver al paisa más universal del mundo, Fernando Botero.

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