Unas aproximaciones y unas coincidencias

05/19/2015 - 09:36

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En una columna que escribí hace unos meses hacía referencia al papel que cumplía la radio en los actuales momentos y me preguntaba ¿Hacia dónde iba la radio como medio de información?. Me  planteaba unos interrogantes que deseo retomar a raíz de la columna de opinión  que apareció el día jueves 7 de mayo del 2015, en El Espectador, escrita por el periodista Julián López de Mesa Samudio, titulada: ¡La falta que hace la radio! .

Recordé que había escrito lo siguiente:

Y esto sucede, no porque los jóvenes lo exijan o encuentren plena identificación con determinado programa, sino porque la creación e investigación se quedó allí, en lo más remoto. No hay compromiso para jalonar sectores ávidos de cosas diferentes y de propuestas que indiquen cambio o formas alternas para interpretar el mundo que nos rodea.

Queremos aclarar que quienes realizan estos espacios no necesariamente tienen que ser licenciados en pedagogía educativa, pero si debieran, al menos, buscar puntos de encuentros y de referencia para realizar programas comprometidos con este mundo que cambió velozmente por efecto de la deshumanización, la globalización y las nuevas tecnicidades.

Lo que si no queda claro es que en ese afán de' informar' y de 'divertirse haya llegado al extremo de hacer de la radio un supermercado donde se reúne una serie de programas que manejan unos formatos ajenos a la realidad cultural y social del país, puesto que se caracterizan básicamente por la superficialidad y la frivolidad, en la cual  prima  el manejo chabacano del lenguaje, sin un mínimo de exigencia con el pensamiento.

El periodista Julián López manifestó en su escrito, lo siguiente: "En el mundo de los medios de comunicación tradicionales la falta de talento y creatividad es suplida de manera creciente por la vulgaridad y la grosería. Lo anterior es aún más dramático en los programas de radio dirigidos a una audiencia Juvenil. Cualquier programa de radio dirigido a este público, a cualquier hora en que no suene música, es un suplicio. La cantidad de sandeces, de referencias ramplonas de doble sentido, además de la hipersexualización y vulgarización de cualquier discusión, hace que sea torturante escuchar más de unos pocos minutos de cualquiera de estos programas.

Pero el reclamo nada tiene que ver con moralidad. Señores de la Mega y los 40 Principales: sus programas son un insulto a la inteligencia. La de sus oyentes- persona jóvenes que reclaman, hace rato, mucho más de lo que ustedes le proporcionan-, la de sus clientes- quienes pautan y patrocinan en unos programas con cada vez menos contenido- y de la sociedad en general- que ha de aguantarse sus tonterías, como si no fuese suficiente con Blu Radio, y la W...-."

Sigo recordando lo que escribí. Además, existe una razón lógica: la radio, o las llamadas cadenas radiales, es un negocio que deja pocas pérdidas y grandes guanacias. Las cadenas se mueven pos sus utilidades y no pueden ser perdedoras en el mercado de la oferta y la demanda. Esto está bien y debe mirarse como un principio elemental del mercado, pero que no se excedan con tanta basura periodística y con tanto seudo-entretenimiento. Hoy son emisoras clonadas por que se copian entre sí o tienen parrillas de programación idénticas. Quien invierte debe doblar o triplicar sus ganancias y esto no discute un neoliberal, como tampoco un postmarxista.

Y termina el periodista del diario El Espectador diciendo: "Bien sabemos que ustedes, radios juveniles, sólo son responsables de que el negocio vaya bien y rindan sus réditos. No son responsables de la educación de sus radioescuchas, sino de satisfacer las necesidades de sus patrocinadores, clientes e inversores. Pero no se han percatado que el mercado ha cambiado y que apuntarle a la mezquindad intelectual, a proponer estándares cada vez más bajos, va en absoluta contravía del curso que está tomando el mundo (y, por tanto el negocio mismo).

Nadie pide que tornen sus programas en bodrios aburridos y densos, pero tampoco que cada vez que abran la boca salga un sartal de babosadas; un mínimo de contenido podría matizar en algo las horas enteras de chisme, los chistes simplones de doble sentido y las bromas pesadas y de mal gusto (que por demás ni escandalizan ni son chistosas, pues hace tiempo dejaron de ser novedad). Pedimos profundidad. O, por lo menos, algún sentido de vergüenza".

Quise hacer este ejercicio de aproximación periodística con el columnista de EL Espectador, porque nos une un clamor a grito, que al menos se haga conciencia ante esta falta de respeto que se vive a diario con ciertas emisoras llamadas juveniles. No pido medidas coercitivas, porque no soy de esa línea positivista, pero sí al menos que se puedan tomar serias determinaciones desde los  Ministerio de Educación y Comunicación, la academia y las facultades de Comunicación Social, agrupadas en AFACOM, sugieran propuestas para cambiar este estilo de hacer radio en Colombia.

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Este es un espacio de opinión que trata diversas temáticas. Las expresiones de los autores  son responsabilidad exclusiva de estos; los espacios destinados a este fin por LAUD 90.4 FM ESTÉREO no reflejan la opinión o posición de la emisora.

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Comentario Comentario de 'Anónimo'

La falta de respeto es que usted aparezca hablando en una de ellas. Y le dicen ¡profe!, que gran incongruencia, ¡que ego! y con lo mal que lo hace.