Una Nota en Tonalidad Menor

12/09/2014 - 12:41

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Nuestra Música Popular está presente en todos los diciembre (Segunda parte).

‘Compae Mochila’, como le decían sus amigos y allegados, porque nunca dejó la mochila Guajira. Un personaje de la cultura popular y del folclor colombiano, quien no recuerda las composiciones ‘Mi cafetal’ y ‘El Alazán’. Murió como mueren todos nuestros juglares, pobre y arruinado, vivió de vender flautas, aunque muchos insisten en desvirtuar esta realidad. Cresencio Salcedo, fue uno de los mejores creadores de la música popular colombiana, así la mayor parte de programadores de las emisoras de la grandes ciudades, no sepan, quien es éste personaje de la cultura colombiana. 

Hoy en día seguimos recordando una guitarra, un tono nasal y una peculiar forma de cantar, la cual nunca podremos borrar de nuestras  mentes. Me refiero a Guillermo Buitrago, este artista es el que primero toca la música vallenata en guitarra. Y se dio a conocer en todo el país, por todos los éxitos que impuso. 

Nació en Ciénega (Magdalena), y falleció a los 29 años de edad a raíz de su vida turbulenta, y por la tuberculosis que padeció durante sus últimos años. No pudo disfrutar sus triunfos musicales. Comenzó dando a conocer sus melodías en emisoras de la ciudad de Barranquilla, los temas que lo consagraron se interpretaron en guitarra. 

A Buitrago, se le dá la autoría de todas sus composiciones, pero se cree que muchas se recolectaron en la gran provincia o son de extracción popular o folclórica. Todavía lo que seguimos escuchando en todos los diciembres, es la majestuosa interpretación que hiciera de ‘La víspera de año nuevo’, composición del desaparecido maestro, Tobías Enrique Pumarejo. 

Por eso nuestra música colombiana es tan rica, si no recordemos a Lucho Bermúdez con Matilde Díaz, al Trío  Romanceros, Amparito Jiménez, la que cantaba: “cuando me aprietan bailando yo me siento sofoca”, José Barros, Gabriel Romero, Lita Nelson, cantando ‘Palo Bonito’, Pacho Galán, con su ‘Ay cosita linda’, Edmundo Arias, el difusor de gaitas tan conocidas como ‘Ligia’, ‘Diciembre azul’. 

Adolfo Echeverría, Pedro Laza y sus pelayeros, La sonora cordobesa, con su cantante estrella ‘El indio Chávez’. Aquí también hay que recordar a Ariza y su combo, Rodolfo Aicardy y los hispanos, Gustavo Quintero y los Graduados, y porque no recordar a esa gran cartagenera que ya todos olvidaron, Emilia Valencia, las hermanitas Alguita y Sarita Lascaro, las que pusieron a vibrar al pueblo Norteamericano, con el porro ‘Quiero amanecer’. Merece un punto aparte y un tratamiento especial los aportes realizados por los ‘Corraleros de Majagual’. 

Hay que recordar las Bandas del Sinú, que son parte de este folclor, que nunca muere, y que tienen su mayor representación en los porros clásicos, como: ‘El porro viejo pelayero’, ‘El ratón’, ‘El pilón’, ‘Sábado de gloria’, ‘San Carlos’, ‘El pájaro’, ‘El barrilete’, ‘La Mona carolina’,  y muchos más que son del patrimonio musical colombiano. 

Al hablar de Bandas, debo mencionar a la internacional 19 de Marzo de Laguneta, quien ha tenido un reconocimiento en Europa, por mostrar nuestros aires autóctonos y enseñar a los músicos de esa región, la interpretación y ejecución de los ritmos, Porro Palitiao, Tapao, Fandango y la Puya. Además, se les ha enseñado a tocar el Bombo, de la forma como se toca en los Fandangos o en la Corralejas. 

Es el sentir de nuestra música, hoy diciembre adolece de esos ritmos de antaño, se han perdido esas creaciones que alegraban este mes de jolgorio. Seguimos disfrutando lo  que los maestros del ayer, crearon para alegrar estos días festivos. No se encuentra un solo éxito, que  diga este es el tema de diciembre. ¡Que tristeza¡. 

Gillo Dorfles, en su libro ‘El Devenir de las Artes’, manifiesta que “la música, en su más elemental forma de canto melódico, es la única de las artes de que sabe valerse hasta el hombre más inculto y primitivo; y es también cierto que esta capacidad, innata y ubicua del hombre, es la que permite suponer, como muy probable, que este arte le ha acompañado desde los albores de la civilización, y lo habrá de acompañar siempre”. Y termina diciendo “en efecto la música es quizá la única forma artística cuya capacidad de asociación es inagotable e inextinguible”.

Esa música, que a veces no nos dice nada, es más interesante de lo que uno puede imaginarse, porque cuando se complejiza y se argumenta, resulta ser el punto de partida para explicar todas esas confusiones que nos brinda sus tiempos y espacios, pasando por el pentagrama. Que viva la música colombiana.

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