Una Nota en Tonalidad Menor

10/27/2014 - 10:40

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Consuelo Araújo Noguera

In Memoriam

Este pasado 13 de septiembre se cumplieron trece años del asesinato de la periodista y gestora cultural, Consuelo Araújo Noguera. Todos los años en el marco del Festival de la Leyenda Vallenata se recuerda lo que fue su obra y su accionar por la cultura de país. De igual forma, también ha sido homenajeada con foros, canciones vallenatas y además hay  un festival  en su honor.

Todos estos tributos deben servirnos para reflexionar, aún más, acerca de lo valiosa que debe ser la vida, tan convulsionada en nuestro medio por el crimen selectivo y de las masacres que enlutan el territorio nacional, cometidos por  los grupos en conflictos en nombre de la supuesta salvación del país. Hoy cobra importancia la disputa de las rutas y  el  control territorial por el microtráfico.

La sociedad no puede seguir permitiendo que los homicidas logren espiar toda su culpa, no sólo por el crimen de Consuelo, sino por todos aquellos cometidos contra periodistas, obreros, niños, niñas, maestros, dirigentes que luchan por la recuperación de la tierra, trabajadores comunitarios, los que han sido víctimas de la desaparición forzada, empresarios, defensores de Derechos Humanos y demás. Nada justifica la muerte, lo que debe prevalecer  es la vida.

Cuando se asesina a alguien, negamos al otro, eso es lo esencial de este acto brutal, y cuando se realiza, rompemos el débil equilibrio de la moral. Matar no es sólo violar  la Ley, el Código Penal o el DIH, es mucho más. Es acabar con años de lucha que ha librado el ser humano para salir de esos estados salvajes, criminales y deshumanizante. Por eso ni la extrema derecha o izquierda pueden revindicar estos actos en nombre de una ideología.

Asesinaron a una madre, hija, amiga, luchadora de muchas causas y quien profesaba un pensamiento político. Luchó por darle un estrato diferente a la música de acordeón, la que creyó en los ancianos y juglares de la vieja Provincia, la que no concilió con el vallenato desnaturalizado y llorón; por eso no permitía su presentación en el marco del festival.

Hoy cuando han pasado muchos años de su partida, recuerdo la forma y el lenguaje que utilizaron muchos periodistas para estigmatizarla, cuando fue nombrada Ministra de Cultura. La llamaron “Ministra de la Mochila”, le enrostraron “que no había estudiado” y le pidieron “que se devolviera para su Valle”, dizque porque no tenía formación académica para ocupar el cargo asignado.

Los mismos detractores asistieron a su sepelio para clamar por no más violencia y pedir justicia, y no puede causarnos  extrañeza, que en un país lleno de simulaciones como el nuestro sucedan estos hechos; debían mostrarse ante el país para reclamar justicia, la que tanto pregonan, pero que no cumplen ni aplican.

Semejante arremetida se llevó a cabo con la mujer vallenata, solo para minimizarla, matonearla, y para opacarle una labor que solo estaba por empezar. Tuvo el respaldo político del Gobierno de turno, pero no contó con todo el aval del poder central, ni de una prensa que se ufana de ser pluralista y tolerante.

El “error” estuvo en haber planteado y concebido que el presupuesto para la cultura debería distribuirse en una forma equitativa y transparente; porque ella, más que nadie, tenía en claro que no podía renegar de lo “culto” y popular.

Como Ministra de Cultura pudo liderar la convocatoria nacional para la formulación del Plan Decenal de Cultura 2001-2010, como también el Foro Nacional de Cultura y la reestructuración administrativa del citado ente, que para muchos burócratas fue un acto de persecución política. Debemos recordar que, por ese entonces, el Ministerio vivía y vive en apremios y penurias presupuestales; ojalá, algún día la cultura de este país pueda ser vista desde otra instancia histórica.

Siempre la recordaré por su labor enjundiosa como periodista y como escritora a partir de sus libros: ‘Lexicón del Valle de Upar’, ‘Rafael Escalona, el hombre y el Mito’, y ‘Vallenatología: origen y fundamento de la música vallenata’, este último texto abierto de par en par, el cual dio origen a las primeras controversias sobre la música de acordeón. Publicado en un medio machista, donde no se lograba entender cómo una mujer podía y se atrevía a proponer varias tesis sobre el folclor vallenato.

Resultaba inconcebible que, en ese mundo excluyente, ella tuviera el arrojo intelectual para desafiar a los doctores de la época. Este hecho es grandioso ya que no pasó desapercibida para nuestra música vallenata ni para la cultura nacional.

Fue una gran contradictora, polémica pero a la vez conciliadora, que tuvo fallas y equivocaciones, manoseó el poder y estuvo dentro de él; supo manejar la contradicción y la controversia, ya que esto le daba fundamento para fortalecerse  como ser humano.

De la Cacica Consuelo, recibí un apoyo desinteresado, cuando consultaba y escribía el libro sobre Alejandro Durán, el mismo que fue de sus afectos entrañables, como también lo fueron Julio de la Ossa y Colacho Mendoza.

Quienes la asesinaron, para truncarle la vida nunca entendieron que el fundamento de la tolerancia es el reconocimiento del otro, con todas sus diferencias; que el conocimiento, la educación y la cultura fortalecen cualquier sistema político y todas las democracias del mundo. Y nuestro país sí requiere de esa educación, no sólo para tener protagonismo en las pruebas Pisa, si no para poder fundamentar esa construcción de ciudadanía y la formación de ciudadanos críticos.

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