Una nota en tonalidad menor

09/02/2014 - 11:02

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Canta Conmigo: Un canto con mucha grandeza.

"Canta conmigo" de Hernando Marín, es el canto que nunca pasara de moda, de acuerdo con los entendidos del folclor vallenato y, para aquellos que saben distinguir entre un buen verso y componer por compromiso comercial o por simple esnobismo farandulero. Los nuevos creadores tienen aquí  un punto de referencia, si quieren que sus canciones dejen un rastro en la historia cultural y musical de este país.

Una composición que convoca a la paz, a la no violencia, para que vengan los cantantes de todo el mundo a cantar el amor, amor y  en la cual  la negra se pueda abrazar con la blanca y  los odios quedan sepultados con el abrazo infinito de la fraternidad.

No sólo enseñó el verso profundo sino que supo interpretar la necesidad espiritual del hombre común y corriente. Le canto a esa costumbre que nos caracteriza como sujeto de la Región Caribe, le hizo verso al amor, al compadrazgo, a la necesidad del pueblo. Sus parrandas eran como un exorcismo parta el espíritu, ya que parrandear con él era sentir a ese hombre metido en la vida cotidiana de la gente. Sus anécdotas, su narración era el verbo popular, era la conversación de nunca terminar, de allí su afirmación "yo soy el cantante del pueblo, yo soy quien defienda a la población".

Ese era su lenguajear, el que necesita esta nación para construir el dialogo, reconocernos en la diferencia y ser tolerantes. Sus canciones fueron un trasegar, para decirle al país que la música y la cultura también son indispensables para reconocernos entre el odio y el amor y, por más que no se quiera reconocer, nuestro folclor vallenato también ayuda a construir a esta nación que sigue en proceso de formación.

El aporte discursivo al vallenato no ha estado desligado en ningún momento de la creación artística de nuestros canta-autores. Al contrario se insertó en esa dinámica que reclaman los pueblos para hacer presencia e indicar que existimos y no somo ajenos a ese proceso de construcción cultural. El vallenato es Colombia: Esta música ha dejado en alto a nuestro país. Nuestra música es humilde, sincera y cargada de mucha sabiduría popular, por eso Hernando Marín, reclamó en su canto por nuestra Guajira, imploró por los maestros, supo explicar desde su poesía en qué consistía La Ley del Embudo.

La identidad puede parecer abstracta, pero es un punto de partida y, ésta se ha ido construyendo al interior de nuestra música vallenata, enmarcada dentro de un proceso globalizador para ponernos a tono con el mundo moderno.

Martín, hubiera visto con buenos ojos los cambios que se están dando en el mundo vallenato: para él no habría sido extraño la carga de estribillos que hoy en día tiene la nueva composición, ya que esto es una recordación de marca y, como tal se consume y se compra. Hubiera aceptado lo que hoy en día la Sociología llama tribus urbanas y, el vallenato sí que tiene de esto en las principales ciudades de Colombia.

El canto vallenato entró al mundo global, bien por eso, a lo que si hay que prestarle un poco de atención, es a la composición. La canción de hoy es fragmentada, efímera, fácil, digerible, fugaz y se consume, porque el medio de comunicación la vende al por mayor y al detal. Está bien que el compositor gane y venda, pero deben hacer un esfuerzo creativo y tener más responsabilidad cuando vayan a encarar el mundo de la composición.

El canta-autor Marín fue un talentoso en la música vallenata y, supo aportarle a todo a ese universo musical del Caribe y a la nación. Su interpretación fue excelente, un maestro de la guitarra, sus parrandas eran una sesión de goce colectivo. El periodista Guzmán Quintero Torres, dijo que: "era el típico hombre que supo gozar la vida, convirtiendo cada momento en una canción, se caracterizaba por ser de esas personas que cambian en cualquier momento. Todo el mundo saboreaba sus versos y su gracia genuina y natural para ponerle a cada momento un toque de buen humor".

Alrededor del maestro estaban presentes cuatro elementos: razón y emoción, pensamiento y corazón, para el canta-autor, la canción: "era la culminación de un proceso de maduración interior". Una idea para él, era una obsesión, que tenía que culminarla, ese era el reto que siempre lo acosaba y lo mantenía con los ojos abiertos frente a la vida.

Muchos han querido imitarlo, copiarlo, pero les ha quedado difícil. Los malos alumnos no han sabido copiar la letra que les dejó. Hacer versos sin necesidad de recurrir al facilismo, a la vaguedad literaria y a un romanticismo demasiado ramplón, sin fuerza y sin sentido de pertenencia. Ahora lo que vale es la monotonía rítmica, la repetición de la palabra amor más de mil veces. Reclamamos más poesía para hacer más música y hacer de esta cultura vallenata algo más trascendental. 

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