Una nota en tonalidad menor

07/28/2014 - 11:39

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El Joe Arroyo: el cantor de las multitudes y  heredero de su África soñada.

El pasado sábado 26 de julio se cumplieron tres años de la muerte del artista cartagenero. Murió a los 55 años de edad el 26 de Julio de 2011. Catalogado uno de los mejores exponentes de la música colombiana.

Cada composición, cada interpretación y su misma  forma de cantar estaba entrelazada por una fuerza explosiva, cargada de una energía volcánica, que sólo él le sabía imprimir a su actuar en cualquier concierto, baile o caseta.

El Joeson es producto de su creación, una fusión afrocaribe y donde la improvisación es digna de admirar, y solo es posible en los grandes soneros que ha producido esta región caribe que va desde el sur de los Estados Unidos hasta el Brasil. Uno de los artistas con más reconocimiento en toda la historia musical del país; como cantante  partió en dos la historia de la salsa en Colombia.

Álvaro José Arroyo González nació en el Hospital  Santa Clara en la ciudad de Cartagena, en el Barrio Canapote el 1 de noviembre de 1955: Sus padres Guillermo Arroyo, el  Negro Chombo y, su segunda esposa  Ángela González. No había tradición musical en su familia, los abuelos paternos fueron comerciantes en Colón y Panamá. Su juego infantil fue la música, nunca pudo salir de esa ensoñación que con el tiempo se le fue convirtiendo en una obsesión hasta lograr su objetivo de grabar con Fruko en la ciudad de Medellín, el tema “El caminante”  tenía en ese entonces 16 años de edad.

Como no recordarlo con sus pantalones anchos y  su vestuario africano, acompañado de una boina cubierta de adornos, siempre dispuesto a graduarse en la Universidad de la Salsa. Aprendió la lengua Africana, oyendo las canciones de ese continente. Cuando estaba encima del escenario sus manos y brazos se abrían como queriendo volar. Sus píes marcaban los compases del ritmo que la orquestaba dibujaba a partir de las partituras, allí era esplendido, no se cambiaba por nada, levitaba y entraba en un éxtasis: El hombre hecho canción.

 El escritor cordobés Gustavo Tatis Guerra, en un escrito que titulo: “El habitante del sonido” decía: “Pero no sabe cuando empezó a grabar el sonido de ese alfabeto sonoro y rítmico que es toda la cultura musical africana; nunca se propuso hablar el dialecto y el  habla de los antiguos esclavos de su puerto natal, pero esas voces fueron modelando, sin él saberlo, esas voces destiempo, ese canto perdido en el aire de los esclavos fugitivos, esa manera de ser que él prueba con su música, y es también música de resistencia, liberadora, conjuro y sonido de las ilusiones”.

Desde niño se la pasaba cantando y a la edad de 7 años solía meter la cabeza en una lata vacía de manteca para cantar, le gustaban las baladas de Raphael, Los Ángeles Negro, que era lo que se escuchaba por la radio cartagenera. Le encantaba escuchar el eco de su voz dentro de la lata y con esta rutina empezó a mejorar su voz, sin que fuera un compromiso consciente.

Muchas veces manifestó que su primer instrumento fue una peinilla, forrada con el papel de aluminio que traían ciertas cajas de cigarrillos. Así fue, como empezó abrírsele  los sentidos musicales y a despertársele el sentimiento de sonero que llevaba muy adentro de su espíritu africano y donde sus dioses lo fueron iluminando y donde Yemaya lo bautizó.

Fue un alumno aventajado del colegio Santo Domingo porque  cantaba  en las misas y era uno de los solistas de la coral; pero esa imagen se transformaba por las noches, porque arrancaba para la zona de tolerancia del barrio y se metía en el  Bar “El príncipe”, donde cantaba la salsa Cubana, antillana y la música africana que llegaba a la histórica Cartagena. Muchas veces sostuvo que cantó por cien pesos  para ayudarse en sus estudios.

Antes de cumplir los18 años compuso a Tania, pero el mismo reconocía que tenía otras canciones que había compuesto en el colegio, pero éstas se quedaron en el anonimato, hablaban del amor y de los problemas que aquejaban a la sociedad. Componía como poseído, otras veces la canción se le aparecía, otras se las soñó, canciones producto de la fuerza de la vida, de esa fuerza que se llama Dios, solía decir.

 El Joe fue tímido pero esa misma timidez quedaba relegada y desaparecía como por arte de magia, cuando sus maderos, su clave, empezaba a sonar y el mundo musical se  arremolinaba con ese danzar sereno, sin extravagancia y sus pies eran como machacando el sabor de un uva musical. El universo se postraba a su garganta y a su sonido gutural que hacia que los dioses musicales se levantaran y lo acompañaran a ese recorrido musical que se llamaba carnaval de Barranquilla o verbena musical.

Aparte de la música africana,  haitiana y cubana, también disfrutó  la salsa, el calipso, la soca, y los ritmos de la región caribe como la cumbia, el chandé, admiraba infinitamente a Estefanía Caicedo, Irene Martínez, Rubén Blades, Boby Cruz y Richi Rey, apasionado por Ismael Rivera y Benny More.  Quiso a Barranquilla con toda la fuerza de su alma, por eso le dedicó el tema “En Barranquilla me quedo”, la ciudad que lo amparó, lo apoyo en sus momentos difíciles cuando casi se muere no sólo por el problema de la tiroides, sino por el momento critico que le hizo vivir la droga.

Alguna vez dijo: “No he tenido la suerte de ser escritor, para mi es una satisfacción hacer del tema de la “Rebelión” una canción que abarca cuatro o cinco minutos y que dice mucho de lo que pasó siglo atrás con nuestro pueblo”.

El Joe Arroyo estuvo por Sincelejo, de allí su famosa frase: “La plaza de Majagual en Sincelejo, después se radicó en Barranquilla  donde fue cantante de la orquesta la “Protesta por los año de 1970. En el año de 1971, Isaac Villanueva lo escucha en una emisión de prueba y queda maravillado con el joven talento y lo invita para que se vuelva un integrante más de la orquesta de Fruko y sus Tesos. Se quedó viviendo en la ciudad de la eterna primavera, Medellín, durante 20 años y desde allí empezaron sus giras por los Estados Unidos, Ecuador, Perú, todas las orquestas en Colombia lo querían tener en sus nóminas.

Estuvo con The Latín Brothers, con la que consiguió éxitos como “Dos caminos” y “Patrona de los reclusos” y con la orquesta los Líderes, tuvo dos temas que fueron de total aceptación en el país: “Los barcos en la bahía” y “Rosa Angelina”. En el año de 1981 creó la orquesta, “La Verdad” y viajó por todo el continente americano. Se hizo acreedor a Tres Discos de Oro, una Torre de Oro en Cartagena, un Caracol de Oro en el Gran Festival de Música del caribe, más de 8 Congos de Oro en Festival de Orquestas en el Carnaval de Barranquilla y, es el artista en la historia del carnaval en ser galardonado con más de 8 Congos.

Participó en los grandes encuentros musicales del mundo como por ejemplo, Festival de Salsa de Nueva York, Festivales de Jazz en Bruselas y París, conciertos en Londres, Los Ángeles, Roma, África. Estuvo durante 20 años en Discos Fuentes, esta historia musical quedara en la memoria del pueblo colombiano.

Este mismo artista también cantó temas de la música vallenata, como por ejemplo, “Rosa Angelina”, composición  que grabó el primer Rey de la Leyenda Vallenata Alejandro Durán Díaz. Grabó al lado de Emiliano Zuleta Díaz, el Merengue “Yo soy el cantor” de la autoría de Luís Cujía Álvarez y Ganado. De igual forma, cantó un tema titulado, “Mi pañuelo” de Nafer Duran Díaz y, al lado de Diomedes Díaz vocalizó: “Ron PA todo el Mundo”, composición de Freddy Solano.

Hizo parte del “Súper combo los Diamantes” agrupación musical que dirigía Rubén Darío Salcedo, este mismo canta-autor es el que le pone el remoquete de Joe Arroyo. Julio Ernesto Estrada Rincón (Fruko) lo conoce  en una gira que éste realizaba por la ciudad de Montería con los Corraleros de Majagual y donde Joe cantaba esa noche con el” Súpercombo los Diamantes”.

Deseo terminar este escrito con la forma como concebía Ángela González, a su hijo Joe Arroyo y quedó registrado en una entrevista concedida al escritor y periodista, Gustavo Tatis Guerra: “Lo recuerdo cantando en todo momento. Nació con ese don. No lo recuerdo pateando una bola o corriendo con los demás niños. Lo veo cantando en el tanque de echar agua, metiendo  la cabeza en todos los tanques vacíos que encontraba en la casa, se asomaba en ellos, pegaba un grito para oír el eco y seguía cantando como si el tanque fuera un micrófono. Lo recuerdo golpeando unos palitos en una latica, inventándose un “combo” de músicos niños en la cuadra. Lo recuerdo poniendo serenatas desde niño. Ahí estaba pintado él. Tenía un año y medio cuando se le dio por ponerle serenatas a María, la hermana de mi comadre, a quien convidaba al monte a bailar”. El Joe: Poeta, compositor e interprete. El cantante de la cuadra, del barrio, de la calle, de las noches y los atardeceres.

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