Una nota en tonalidad menor

07/14/2014 - 10:30

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Nuestro porro

La música popular en Colombia, siempre ha sido menospreciada y estigmatizada en nuestra historia cultural, se encuentran periodos bien definidos, en los cuales se indican estos hechos de persecución. Por ejemplo, “en la segunda mitad del Siglo XVIII, el obispo encargado de  la diócesis de la provincia de Cartagena, a la cual estaba inscrito el Sinú, escandalizado por los “muchos excesos que ocasionaban los bailes y fandangos”, los prohibió con excomunión mayor, como ya lo habían hecho sus antecesores Gregorio Molleda y Manuel de Sossa y Betancourt.

De esta forma, se prohibían los fandangos en nuestros territorios; hay que recordar que tanto el porro como el fandango, pertenecen a la esencia de los festivales que se realizan en las regiones de Córdoba, Sucre y Bolívar.

Por los años 40 la elite barranquillera, se caracterizó por desterrar el porro y,  darle paso a los aires antillanos. El porro para ellos, era considerado como “música de negros”. Semejante paradoja, la ciudad “que se presumía de tener libertad cultural y unánime amor por lo popular”, negaba este principio, por aquellos días.

La Revista  Semana publica el 6 de diciembre de 1947, un sinnúmero de cartas, en defensa del porro; la inconformidad musical se suscitó, por una carta enviada desde Medellín, el 15 de noviembre del citado año, por el señor Fabio Londoño Cárdenas, donde afirmaba que el porro era una expresión de “salvajismo y brutalidad de los costeños y caribes, pueblos salvajes y estancados”. Sólo he querido recurrir a estos ejemplos, a manera de ilustración, para poder argumentar la prevención que existió y existe todavía con nuestros aires musicales.

Ciertos programadores y presentadores cuando se les habla de esta música hacen muecas y les causa cierta hilaridad, sin conocer  el trasfondo cultural que encierran estos ritmos. Tienen una apretada confusión de lo que significa cultura,  para ellos, la cultura la siguen  asociando  con el entretenimiento. Señores, “La  cultura es la posibilidad cierta de encontrar territorios lúcidos – u oscuros-en medio de la incertidumbre, comprobar que nuestro pasado ha estado plagado de los mismos errores de este eterno presente, constatar que nuestra palabra ha nombrado el mundo, que las imágenes de lo que somos existen desde hace mucho tiempo, que las metáforas de las que podemos servirnos están a disposición de todos. La cultura es mucho más que un embeleco de unos cuantos, y eso, querido presentadores y programadores de Radio y Televisión no ha sido entendido por ustedes. Conmoverse es más importante que gritar”.

En el periódico “Comprimido”, que dirigió y fundó García Márquez, por los años 50 en Cartagena y, que fuera catalogado como el diario más pequeño y metafísico del mundo, el periodista en unas de sus notas, se refirió a la “muerte social del porro”, en los siguientes términos:

“Sin que nadie pueda decir con exactitud en qué momento ni debido a qué causas ocurrió su defunción, lo cierto es que el porro se considera en la actualidad como un pariente muerto de la música del caribe. De una día a  otro el porro resolvió hacerse de lado para abrirle paso a otros aires que por cierto están disfrutando en cierta forma de los derechos de primogenitura de aquel. Alguien debía iniciar una campaña para la resurrección del porro auténtico”.

Sin duda alguna, esta nota periodística de Gabo, cobra vigencia en nuestro medio, así se  realice el Festival Nacional del Porro en San Pelayo (Córdoba), el porro está padeciendo por la falta de socialización en los medios de información (Radio-TV- Y Prensa), principalmente por la poca difusión que se hace de él en la radio y televisión comercial; no se  programa, porque muchos no conocen su esencia y proceso de formación y, lo tildan como un ritmo fuera de contexto.

¿Qué decir de su grabación?, no hay interés por las casas disqueras, que hoy pertenecen a ese capital globalizado y, lo que a ellas les interesa es producir ganancias al ciento por ciento. Y  este ritmo no es rentable y no está acorde con lo que el mercado requiere y exige.

La cultura, nuestra música, entró en la era del negocio capitalista, por eso sí lo local no se fortalece y se dinamiza; qué puede quedar de esa arremetida que viene realizando ese capital en RED, con todo el acontecer de nuestros pueblos y comunidades, pasando por lo político, social, económico, cultural y ambiental. El músico de banda no son piezas de museo, que solo se  muestran en ferias y festivales, como objetos de cerámicas desconocidas, éstos trascienden esos eventos, porque significan mucho más, desde lo cultural y estético.

Fuera interesante que las juntas directivas de los festivales  del porro que se realizan en la región Caribe, pudieran garantizarle la grabación de un CD a las bandas ganadoras, sería un mecanismo alentador para estos músicos que anhelan grabar al menos un par de trabajos discográficos. No existe un respaldo institucional ni estatal para con estos trabajadores de la música en Colombia.

Nuestro porro pelayero o porro palitiao, que tiene sus antecedentes en las gaitas es tan “nuestro”, como el vallenato, joropo, bambuco, pasillo, cumbia. ¿Cuál es el misterio del porro pelayero?, sencillo, es alegre, triste, divertido, indescifrable, esperanzador, nos asombra y nos ayuda a derrotar el miedo, así es de grandioso. Es instrumental, lo que lo hace más universal e interesante, porque puede codearse con las músicas del mundo.

En su estructura musical, encontramos una relación triétnica, bien definida, que el solo el porro palitiao tiene en su haber. Consta de tres partes: 1. Danza o introducción, que es la parte inicial de la melodía, los entendidos dicen que consta de ocho compases y, que se puede repetir dos veces.

La Segunda parte, es el cuerpo de la melodía, un diálogo abierto, sin condicionamiento, entre trompetas que preguntan y trombones y bombardinos que responden. Después de esta conversación o diálogo abierto, se entra a la tercera parte, que es la que se denomina la boza o gustadera, donde las trompetas se callan y, se escuchan solamente los clarinetes adornados por los bombardinos.

En la Boza, el bombero deja de golpear el parche de la mano derecha del bombo y, con el mango de la porra golpea una tablilla que se encuentra en la parte superior de éste. La segunda y tercera parte de este porro se repite dos o tres veces y, por regla musical debe terminar con la danza inicial o introducción.

A pesar de todo, en ciertos municipios de Córdoba, Sucre y  Bolívar se continúa  bailando no sólo el porro pelayero, sino también el porro tapao y e fandango. Que bueno seguir recordando a la reina de la danza del sinú María Varilla, a Ofelia Suarez del corregimiento de Carillo (Córdoba), Pabla Romero, de Montería, Pola Becté, de Sincelejo, ellas en noches iluminadas por la luna y las velas del fandango, danzaron para la historia y la eternidad; todavía para esa época, la rueda de círculos infinitos se podía observar, tocar y bailar en ese espacio celestial, donde el lugar no estaba prohibido ni amenazado por ningún tipo de violencia.

Y lo cierto es, que en la pasada campaña presidencial ninguno de los dos señores que decían representar los intereses del pueblo, hablaron sobre la cultura. El reelegido hablo de los resultados estadísticos y el otro a lo mejor pensaba que el deporte en Colombia todavía depende del ministerio de cultura.

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