Una nota en tonalidad menor

07/07/2014 - 14:52

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El Borges que conocí.

Empecé a interesarme por Jorge Luís Borges a partir de la lectura que hice de un articulo escrito por Gabriel García Márquez, titulado: “El fantasma del premio Nóbel”, publicado en el año de 1980 y posteriormente recopilado en el libro “Notas de Prensa”.

De ese escrito me quedaron impregnados en mi memoria dos párrafos, que sin lugar a dudas, me dejaron dudas e inquietudes para intentar conocer, sino al mejor escritor, sí uno de los más representativos de la literatura universal.

A continuación quiero transcribir esos párrafos: “La versión más corriente entre escritores y críticos es que los académicos suecos se ponen de acuerdo en mayo, cuando se empieza a fundir la nieve, y estudian la obra de los pocos finalistas durante el calor del verano. En octubre, todavía  tostados por los soles del sur, emiten su veredicto. Otra pretensión pretende que Jorge Luís Borges, era ya el elegido en mayo de 1976, perno no lo fue en la votación final de noviembre. En realidad, el premiado de aquel año fue el magnifico de deprimente Saúl Bellow, elegido de prisa a última hora, a pesar de los otros premiados en las distintas materias eran también norteamericanos.

Lo cierto es que, el 22 de septiembre de aquel año, un mes antes de la votación, Borges había hecho algo que no tenía nada que ver con su literatura magistral: Visitó en audiencia solemne al general Augusto Pinochet. “Es un honor inmerecido ser recibido por usted, Señor presidente”, dijo en su desdichado discurso: “En argentina, Chile y Uruguay se están salvando la libertad y el orden”, prosiguió, sin que nadie se lo preguntara. Y concluyo impasible: “Ello ocurre en un continente anarquizado y socavado por el comunismo”.

Era fácil pensar que tantas barbaridades sucesivas sólo eran posibles para tomarle el pelo a Pinochet. Pero los suecos no entienden el sentido del humor. Desde entonces, el nombre de Borges, el nombre de Borges había desaparecido de los pronósticos. Ahora, al cabo  de una penitencia  injusta, ha vuelto a aparecer, y nada nos gustaría tanto a quienes somos al mismo tiempo sus lectores  insaciables y sus adversarios políticos que saberlo por fin liberado  de su ansiedad anual”.

Y murió con esa ansiedad, porque nunca le concedieron el Nóbel, quizás en la historia de la academia Sueca, ésta pudiera considerarse el acto de mayor injusticia para con un escritor de fina pluma literaria. Por esa época, América latina soportaba las más feroces dictaduras y, la mayor parte de escritores, hicieron coro para repudiarlas y reclamar para que la condición humana tuviera un mayor respeto. Borges en su mundo indescifrable, se dio el lujo histórico, de marcar  la diferencia por esos días y vaya a ver lo que le costo. Todo ese mundo misterioso en la entrega del Nóbel, me comprometió, no a ser Borgiano, sino intentar escrudiñar su literatura y poesía.

No he leído toda su obra, mucho menos posar de ser un conocedor profundo de su obra literaria. Pero sí debo reconocer que me marcó un libro de poesía: “La cifra y los conjurados”. Este texto me ayudo a salir del laberinto, que tenía sobre ese renombrado escritor, ya que como siempre se habló del laberinto borgiano: él mismo se encargo de sacarme de ese trance.

También me llamó la atención, una entrevista concedida al periodista Bernard Pívot, en París para la televisión francesa, donde se descubre un Borges más asequible, más oral y dado a la reflexión profunda, la que siempre lo caracterizó. Recuerdo un sinnúmero de frases, que siguen rodando por mi espíritu y las cito a continuación: “Yo no busco los temas, los temas me buscan. Lo que escribo lo dejo  tras de mí, son borradores simplemente”. “Cuando uno escribe no piensa en la acción, uno piensa en el placer de escribir”. “Soy ciego como lector desde 1955, después de todo se volvió un crepúsculo”. “Yo le dije hace un momento que hay dos colores que perdí: el rojo y el negro: veo el rojo y el negro como marrón.

“Después de un largo aprendizaje, después de haber llegado a 80 años, ¡he aprendido alguna cosa!”. “Hemos encontrado dos emociones simétricas: la ceguera, la biblioteca…..todo eso es tan hermoso como todas las fabulas que puedo inventar”. “Hay algo mágico: yo continúo comprando libros. No puedo leerlos, pero la presencia de los libros me ayuda….esa gravitación silenciosa, sentir que los libros están ahí”.

“La verdad es que todo el mundo tiene biblioteca con libros que no han leído. Si logra leer la mitad de los libros que tengo en mi casa, sería muy erudito. En el presente soy más bien ignorante”. “Yo me acuerdo que Aristóteles ha escrito que el origen de la filosofía era el asombro. Usted mira algo y no comprende, entonces comienza a hacer filosofía”.

“Todo eso nace de todos esos sueños que se llaman mi vida o quizás ese otro sueño que se llama el universo o el pasado… yo me asombro de las cosas, como un niño”. De esta forma fue como me aproxime a este sensacional escritor, frases que siguen estando allí como un referente o punto de partida. Como profesional de la palabra me alimentan la conciencia y me permiten entender la vida y el mundo que nos rodea, desde la vida cotidiana hasta el acercamiento a la magia de la academia.

Hoy cuando el tiempo ha pasado, solo me quedan dos recuerdos históricos: Borges sin el reconocimiento de la academia Sueca; y  ojalá que la justicia divina lo haya condenado por el asesinato del canta-autor Víctor Jara.

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