Una nota en tonalidad menor

07/01/2014 - 12:41

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El fútbol y la realidad del país.

Todo el desenfreno emocional que está viviendo el país es producto del logro de nuestra selección. Me cuento entre esos colombianos, pero hay ciudadanos que no les interesa sí el equipo pasó a  los cuarto de final del mundial y les tiene sin cuidado los resultados y la eliminación de los equipos de España, Inglaterra, Portugal;  o si el señor Suarez se merecía la sanción impuesta por esa gigante del capital transnacional llamada FIFA. Que bueno sería que todo ese desfogue colectivo se viera también reflejado en las calles de nuestro país, si el reelegido presidente no cumple con sus promesas politiqueras.

Por eso la algarabía de ciertos comentaristas y analistas deportivos, si así se les puede llamar, de manifestar que 47 millones de colombianos están vestidos de amarillo, no es más que una pretensión mentirosa, porque eso  no es como ellos lo piensan desde su visión cardiaca y no racional. Que el país está al borde de la locura y, si debe estar, cuando un encuentro de fútbol produce más muerto que  la misma confrontación armada que vive el país. Que todos los problemas que nos aquejan son cosas del pasado, que la miseria, marginalidad, ignorancia, resentimiento y la falta de oportunidad, se borraron de nuestras mentes y que la euforia mediática es lo que vale.

El mismo proceso de Paz que todavía no le pertenece al pueblo colombiano, sigue allí, en pañales de agua tibia, porque solo ha servido hasta ahora, para la reelección del señor Santos. Hay que poner de presente que esta paz no se ha tejido con todo el clamor de la sociedad colombiana; y un gran número de ciudadanos votó por el Señor del Centro democrático, por no estar de acuerdo con el proceso y por tener otras consideraciones, esto se vio reflejado en la votación del  pasado 15 de Junio.

A esos mismos ciudadanos que están viviendo ese éxtasis futbolero y que entran en una esquizofrenia colectiva cuando el seleccionado hace un gol, o la pelota pega en un poste del arco, o cuando Teo Gutiérrez botó el Gol  frente a Costa de Marfil y, ahora que le ganó al Seleccionado de Uruguay, que bueno sería que estos mismos entraran en ese clímax, cuando instituciones como la SAC, FEDEGAN Y las Fuerzas Militares cuestionan al gobierno porque este reconoció la reserva de Zonas Campesinas avaladas y reconocidas por la ley 160 de 1994. Eso no acontece, porque para ellos estos hechos no les interesa; es el país virtual, el país del pase gol, es el país donde se maltratan a esos mismos ciudadanos llamados futbolistas.

Una Paz con justicia social, donde el problema de tierra sea resuelto de una vez por todas, una verdadera reforma a la educación y la salud, el problema de la vivienda, la inversión en los municipios y departamentos se hagan con una verdadera dinámica  a partir de nuestra economía. Que nuestros recursos  tengan  la protección del estado colombiano y no caiga en manos de ese capital que todo lo devora. Bienvenida la inversión extranjera pero que inviertan un porcentaje de sus ganancias en el país y, que no sólo vengan a dejar ruinas y que se comprometan también con el medio ambiente. Y poder terminar de una vez por todas, con el prurito  económico de que la salvación  de nuestra economía es la locomotora minera.

Ojalá, una vez pasado este patrioterismo futbolero, el país deje la virtualidad del balón de mil colores y pueda sentarse a meditar y  pensar como  empezamos a exigir a este gobierno, que  es el mismo que se posesiona el próximo 20 de julio, a que cumpla con lo prometido en campaña y, se comprometió con los deportistas, bogotanos, estudiantes, ambientalistas, indígenas, profesores, afro descendientes y campesinos.

Que las alianzas no sólo sean para el reparto burocrático y para la elección de presidencia y vicepresidencia en Cámara, Senado, comisiones, sino que estas mismas alianzas tengan presente que el país no solo vive de clasificar al mundial, ni  de  haber estado en los octavos o cuarto de finales. El país debe repensarse de nuevo después de este carnaval y  de las  falsas ilusiones, ya se olvidaron los triunfos de nuestros ciclistas y atletas que se  hacen a pulso sin el patrocinio estatal.

Y no se les debe olvidar a estos mismos politiqueros que todos esos 23 jugadores son producto de sus esfuerzos particulares y que nada sacan con darle medallas y cruz de Boyacá, sino se comprometen  con un verdadera reforma al deporte que les garantice su bienestar social y familiar. Al menos un tanque de mermelada  para todos ellos, que este gobierno si es experto para estos menesteres y, para hacer goles en el congreso, donde solo tienen en cuenta a  esa misma elite que ha gobernado a este país de ciclistas, boxeadores, futbolistas.

Con todo lo que se  ha leído en los diarios del país y lo que han mostrado los canales de televisión, nos dan la sensación que estamos viviendo en el país de Alicia. Ojalá, salgamos triunfadores frente al seleccionado del Brasil, con fútbol y que no le metan la mano al partido, si sucede lo contrario mucha prudencia y respeto por el resultado final, con cordura y respeto por el otro.

Y aprovecho esta oportunidad, para que una vez pasado este carnaval, se lean los siguientes libros y, puedan tener otras percepciones sobre el embrujo del fútbol: “Humberto Eco y el Fútbol” de Peter Pericles Trifonas, “Fútbol y Cultura” de Rubén G Oliven y Ariel S Damo y por último “Fútbol desde la Tribuna Pasiones y Fantasía de la profesora Beatriz Vélez.

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