Una nota en tonalidad menor

06/24/2014 - 14:52

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Nuestra Gaita

“De adentro y de la distancia

Porque aquí entre nosotros

Cada cual lleva su gaita

En los repliegues del alma.

En este camino largo,

Lleno de sombra y distancia

Sobre la tierra sentado

Voy a escuchar mi gaita”.                 Jorge Artel.

Tengo que escucharla siempre en el Festival de Ovejas (Sucre), porque en la programación de las grandes cadenas radiales de nuestro país, no hay espacio para este ritmo: primero, por un claro desconocimiento histórico y cultural de lo que significa esta vertiente de nuestro folclor; segundo, de acuerdo al punto de vista de los programadores musicales de la emisoras en AM y FM , es una música que no está acorde con lo que el mercado reclama como “música moderna”, y en tercer lugar las casas disqueras en todo su historial, nunca quisieron invertir en estos grupos, porque según ellos no eran rentables.

Con esto no queremos manifestar que los medios de comunicación sean los directos responsables de las deformaciones de las tradiciones de nuestros pueblos. Sin embargo, sí cumplen con el papel de manipulación y conducción del gusto del oyente, televidente o lector.

Este encuentro de Gaitas, es el sonar y la alegría de los Montes de María, además, es un festival que siempre le está cantando a la paz y, como tal hay que seguir con la socialización y difusión de este magno certamen: un punto de encuentro que se da todos los años, para decirles a extranjeros y visitantes que en un esfuerzo mancomunado, se presenta toda la creación artística, poética y literaria que este pueblo elabora y fabrica para rescatar ese pasado cultural, como patrimonio de nuestros antepasados.

Este pasado no es reconocido como tal por los estamentos que manejan “los procesos culturales”, ni por una “clase dirigente” que en sumo grado no valida este acervo cultural, tan inmenso como toda la creación que los pueblos del mundo aportan para el desarrollo de los mismos, del país, y del lenguaje como elemento transformador de la sociedad.

Por eso en la medida en que nuestros festivales se internacionalicen, y los grupos musicales abracen los aportes tecnológicos en lo que hace referencia al sonido y la instrumentalización, estaremos acorde con esos aires de “cambio” que el mundo hoy reclama; pero eso sí, sin perder el sentido, la esencia y su pasado histórico, que es lo único que nos permite mostrarnos ante los demás países.

Por eso es bueno concertar con los conservadores, tradicionalistas y defensores de lo clásico, que en ningún momento le hacemos bien a esas tradiciones folclóricas, populares o modernas, si no aportamos elementos teóricos que beneficien a cada uno de estos encuentros musicales.

Aclarando que nuestra música cumple con un quehacer cotidiano, relacionado con los diferentes procesos históricos y sociales; vista así la música, en estos términos, es un producto del hombre que está sujeto a los cambios, transformaciones, evolución, reproducción y la muerte misma. La música no puede anquilosarse, no cumpliría  su proceso dialéctico como todo hecho social.

También es innegable que la cultura popular es creación de los sectores populares, de los pueblos de cualquier parte del mundo, de allí que todo trabajo es rescate, supervivencia e investigación sobre las tradiciones folclóricas, debe ser una constante  por parte de los gremios, asociaciones e interesados en salvaguardar estos aspectos de nuestra inmensa cultura.

Alrededor de nuestra gaita, gira una serie de hechos políticos, sociales, culturales, y por no decir, a más de uno le vuelve a revivir la capacidad de asombro, como también le enseña a derrotar el miedo. Este instrumento que da la sensación de ser de fácil manejo, nos indica que solo él convoca a que seamos solidarios, tolerantes, en el sentido de reconocer verdaderamente al otro, no ignorándolo. Por eso en Ovejas se  realiza este festival de alta competencia y respeto, entendido éste como la aceptación de la derrota y el triunfo.

Si el poeta Jorge Artel en Tambores en la noche, le canta a la Gaita y, García Márquez en su extensa creación literaria le rinde homenaje, qué decir de Héctor Rojas Herazo y, el maestro de maestro Toño Fernández, que la llevó a los confines del mundo, dejando maravilladas unas culturas que creían habían rebosado todos los límites.

Por eso, nuestros músicos de gaitas no desaparecerán, hoy ni mañana, ellos son la fibra de estos verdaderos procesos culturales, que se gestan al interior de nuestros territorios, su cantar será el clamor para reivindicarlos ante una sociedad  indiferente ante sus creaciones. Cada año tenemos que recordarle a nuestros visitantes, que en Oveja se labra y se cosecha un reencuentro con la gaita, para que un ser humano llamado gaitero, en el futuro tenga una mejor suerte, tanto económica como espiritualmente.

Lo grande de este festival es que cada grupo te enaltece el espíritu, vuelves a vivir, con cada una de sus interpretaciones, porque  el cantante, repentista o decimero, con su ingeniería poética, te hace sentir como un hermano, o como amigo de un pueblo que te invita por esos días de festival, para que goces y para que sepas que allí sembramos la paz, luchamos por ella, porque ella es la esencia de un mejor vivir y para un mejor país.

Que suenen muchas gaitas y que vengan cantantes de otras latitudes, para que canten una de nuestras poesías o mejor para que a una sola voz le recuerden al universo:

“Yo tenía mi candelaria

Con ella me divertía,

Se fue y me dejó llorando

Ay, adiós candelaria mía”

Deseo terminar esta aproximación a la gaita, con la afirmación de TS. Eliot “La cultura puede incluso ser descrita simplemente como aquello que hace que la vida merezca la pena de ser vivida”. Que suene el Tambor, la Gaita y la Maraca ¡eso es vida!.

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