Una nota en tonalidad menor

06/03/2014 - 14:11

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¿Dónde estamos viviendo?

Se llegó a la segunda vuelta con un marketing político que sólo habla de dos candidatos. Pero no se dijo nada sobre las propuestas programáticas, el punto de encuentro fueron los insultos y los señalamientos que se hicieron y que se siguen haciendo mutuamente. De un lado se habló de los 12 millones de dólares y por la otra parte de la oficina de un señor que le llaman hackers. Hasta hoy no se sabe absolutamente nada, ni que va a pasar con estas denuncias. Puro amarillismo y sensacionalismo político para llamar la atención de un país que sigue siendo reaccionario, de derecha y  extremadamente conservador.

Será posible que no salgamos de este lodazal político, donde primen unos programas de gobierno que tengan que ver con los desplazados, desempleo; modelo de desarrollo económico a seguir; que  la locomotora minera no sea la panacea, educación, primera infancia,  ancianos,  medio ambiente, inequidad, desigualdad y; donde la solución del conflicto no sea la confrontación armada.

En estos días no solamente nos hemos tenido que conformar con el Giro de Italia y el embeleco del seleccionado de fútbol; sino que el país entero ha soportado las mal llamadas alianzas, unas respaldando la continuidad, otras aliadas al pensamiento fundamentalista Uribe-zuluaga y la izquierda dejando libre a sus electores para que estos decidan por quien votar.  También se hace el llamado para que voten en blanco y otros alimentan la abstención.

Y quiero dejar en claro, que tanto el triunfo de Nairo Quintana y el de Rigoberto Urán son más que merecido y, ellos son los verdaderos embajadores de este país, no necesitan del respaldo politiquero, clientelista y burocrático para dejar en alto el nombre del país. A pulso y sin patrocinio estatal han sabido cubrir de gloria al país.

También los dirigentes políticos del país decidieron ofrecerle un respaldo a la Paz y firmaron unas cartas, donde le dan un amplio apoyo al presidente para la segunda vuelta.  Se  rasgan las vestiduras haciendo declaraciones públicas como si la violencia y el conflicto se acabaran firmando un acuerdo con la FARC en la Habana.

Lo ciertos es, que esa misma ambigüedad que ha tenido el señor Santos y su gobierno con el país, es la misma que tienen los medios de información, donde  le dan cabida al show mediático,  no existe un claro compromiso con lo que está pasando en el país, mucho  menos, con el mismo proceso político que estamos viviendo.

Aquí me identificó con el periodista Omar Rincón, cuando afirma: “El papel de los medios de comunicación y del periodismo en esta campaña electoral es para reflexionar. ¿En qué momentos abdicamos de nuestro rol periodístico y nos convertimos en la cancha donde se juega el matoneo político, a la estrategia sucia, a la táctica del todo vale?.

Y sigue planteando: “A los periodistas se nos olvidó que antes de informar deberíamos corroborar que lo que se dice es verdad, buscar  datos que confirmen o desmientan, contrastar fuentes, proveer contextos, establecer criterios de comprensión…

Pero no, se pasa el tuit sin cumplir con los mínimos chequeos. Así, no se  requieren periodistas, bastaría con un algoritmo que selecciona los matoneos y listo. Esperamos que en esta dos semanas mejoremos los periodistas y no nos dejemos marcar la agenda por el matoneo, que seamos capaces de frenar la mentira como forma de hacer política, que intentemos informar con contexto y contraste. Y soñar con que la televisión puede pausar y pensar más allá del titular””.

Ese es el panorama que seguimos viviendo, donde el compromiso de los ciudadanos con el país parece que no fuera de su incumbencia y, que lo más importante es cabalgar sobre una historia que ellos quieren que se repita, sin hacer el mínimo esfuerzo para cambiar la situación.

Mal que bien América latina ha vivido cambios como también lo ha hecho la región mesoamericana, donde se han  creado nuevos espacios  y un accionar político diferente, lo cual ha permitido tener nuevas propuestas, otras caras ejerciendo el poder. Desde un indígena, pasando por un obrero metalúrgico, donde las mujeres también han sido protagonista de este accionar democrático.

El único país que no ha podido revertir este acontecer ha sido Colombia, que desgracia histórica. Todavía seguimos eligiendo y reeligiendo políticas neoliberales, caciques, los delfines, que son herederos del poder Liberal y Conservador. Todavía llama la atención la seguridad democrática, esa que tienen como accionar la desaparición forzada.  Aquí el capital transnacional encuentra un nicho para acrecentar su riqueza a costa del sacrificio de nuestra clase trabajadora y en el despojo de nuestros recursos. Ya lo vivimos hace  ocho años y lo seguimos padeciendo.

El conflicto armado es un negocio político en el país, porque da voto y un ex presidente se hizo elegir con la promesa de  acabar con la FARC y, no fue posible esa promesa electoral.  El país se polarizó y el conflicto armado interno siempre se negó por todos lados. Y nos quedó ese pasado que todavía llevamos a cuesta: las chuzadas, el desconocimiento a la justicia, los falsos positivos, el negocio turbio con los paramilitares, el desplazamiento etc. Por eso el conflicto debe tener un reconocimiento más allá de lo que piensan los seudos- partidos políticos y sus dirigentes.

Daniel Pécaut, historiador francés quien lleva más de una década estudiando la historia política  de Colombia, le manifestó a María Jimena Duzán en una entrevista para la Revista Semana que “el conflicto armado ha servido para  mantener el statu quo social y político y, muchos sectores, no solo  las élites dirigentes, están descubriendo que a ellos les ha ido mejor con el conflicto armado que lo que les podría ir en caso de que se firmara un acuerdo pacífico”.

Nos pone a pensar sí en verdad la salida correcta es elegir a un señor que dice querer  terminar con el conflicto y, donde  su gobierno  no ha podido darle una salida a la reforma educativa,  a la salud y  no ha sido un verdadero garante para los que reclaman las tierras en Colombia. Del otro, el que apoya a  Zuluaga, ya sabemos todo su historial y el que quiera corrobar ese pasado nefasto y perverso, que se lea el libro del Honorable Senador Iván Cepeda y Alirio Uribe, titulado: “Por las Sendas de El Ubérrimo” este último autor, no tiene nada que ver con el antiguo dueño de la hacienda Guacharacas.

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