Una nota en Tonalidad Mayor para hablar de lo moderno en Aníbal Velásquez

06/27/2017 - 10:28

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Roberto Montes ha indicado en su libro ‘Maestros del Acordeón: historias de Cantantes Músicos y Compositores’ que “El escándalo que se formó ayudo a darle más publicidad. Un día se presentaron en los estudios de la disquera unas monjas que querían conocer al prodigioso acordeonero. Se lo presentaron y le dieron las gracias y la bendición. Como Emilio Fortou les entregó un cheque de 300.000 pesos por regalías, se emocionaron tanto que le pidieron que siguiera grabando otros discos con música de iglesia”. (Montes, 2012, pág.87)

Las agrupaciones Lecuona, Matamoros van a tener mucha influencia en su vida musical pero principalmente la Sonora Matancera. El asunto musical se va a volver más interesante en su carrera, cuando aparece la disputa por el mercado entre Aníbal, Alfredo Gutiérrez y Alejo Durán.

Y como no resaltar esa década de los años 50 en el municipio de Fundación (Magdalena), quien para un 6 de agosto, 'La Casa George', cuyo gerente era Camilo George, organiza un festival de música de acordeones donde concurrieron los acordeoneros de ese entones: Alejo Durán Díaz, Luis Enrique Martínez, Andrés Gregorio Landeros, Abel Antonio Villa, y hasta el músico Roberto Román, conocido como Romancito, lleva por primera vez a participar a un joven de escasos 15 años y quien más tarde revolucionaría la música de acordeón, él era Aníbal Velásquez Hurtado.

Eso ha sido la música en la vida de 'Mambo Loco' y entendiendo que la música en su más elemental forma de canto melódico- es la única de las artes de que sabe valerse hasta el hombre más inculto y primitivo; y es también cierto que esta capacidad, innata y ubicua del hombre, es la que permite suponer, como muy probable, que este arte le ha acompañado desde los albores de la civilización, y lo habrá de acompañar siempre.

En efecto, la música es quizás la única forma artística cuya capacidad de asociación es inagotable e inextinguible: su capacidad de ligarse a estado a veces patéticos, a veces sensoriales, a veces provocados por las más abstractas motivaciones, es infinita.

Por esta razón, mientras que la pintura, la poesía, la danza, están siempre ligadas a su cualidad principal ya sea figurativa, mímica, discursiva, la música puede unas veces "encarnarse" tanto en forma traslaticia, como discursiva, dentro de nuestra actividad formativa personal y autónoma, suscitando, a veces, la comparecencia de imágenes figurativas" (Dorfles, 1998.138). 

El hablar desde estas instancias nos permite preguntarnos si Aníbal fue un adelantado en el toque del acordeón: inicia proponiendo un estilo, unos arreglos y una forma de tocar el acordeón que llegó a escandalizar a más de uno.

Se les adelantó a muchos acordeoneros que pretendiendo defender lo tradicional, desde una mirada ortodoxa y fundamentalista no quisieron acercarse a esa novedosa propuesta. Para él fue rentable y le ha dado ganancias hasta el día de hoy. Cuál es entonces lo novedoso de la mal llamada ‘nueva ola’, si Velásquez fue uno de los promotores y gestores de esa corriente, retando a Alfredo y Alejo Durán quien replicó con su tema ‘la Nueva Ola’.

Ahora donde inscribimos a este señor músico  en la línea de ‘Músicos folclóricos o en músicos populares profesionales’. Tal vez el aspecto más importante en la discusión con los discursos folclóricos (que se autoenuncian como defensores de lo tradición pura) tenga que ver con la distinción que debe hacerse entre quienes se dedican a ciertas prácticas musicales tradicionales como parte de una actividad complementaria y aquellos que se han convertido en profesionales.

Para los primeros, reproducir las matrices tradicionales es una práctica apenas natural, están en “su elemento”. Han aprendido a ejecutar ciertos géneros con ciertos instrumentos y a cantar determinados repertorios con éste o aquel modo tradicionales de vocalización, mediante la interacción con otros músicos, por  imitación, por iniciativas personales, todo ello dentro de comunidades sonoras.

Pero a medida que se fue expandiendo el mercado de la música con la intervención de múltiples factores y agentes, se hizo necesaria una profesionalización de los músicos.

Al mismo tiempo, éstos empezaron a existir en comunidades sonoras que, por las mediaciones establecidas, se transformaron en heterogéneas, donde la oferta de bienes musicales ya no era monopolio de los músicos típicos tradicionales y donde los usuarios de tales bienes se repartían en espacios geoculturales diversos y dispersos en áreas geográficas amplias.

Ahora había que competir con un mercado diversificado por las mediaciones del cine, la radio, las disqueras, los bailes lo que obligaba a adaptaciones” (Nieves 2008  pág. 75,76). Que iban desde las más simples a las más complejas.

El ciclón musical del caribe fácilmente vivió este proceso de las dos tipificaciones (músico folclórico y músico popular profesional) pudo asimilar la primera con esa facilidad connatural de músico y la segunda dentro de ese proceso ascendente que tuvo en un par de años, desde grabar, hacer el show, estar en los medios de información, innovar en el ritmo y lo percutivo, desfilar por la naciente tecnología e imponer un estilo al vestir, cantar y tocar con naturalidad y estilo propio.

Los folcloristas no pudieron obligarlo a reproducir matrices tradicionales desde la rigurosidad del pasado y la nostalgia, mucho menos coartar su mundo creativo y expresivo. Tuvo su manera de concebir, entender y crear la música de sus tiempos que comparada con los de hoy no sé si habrá diferencias diametralmente opuestas o un choque de generaciones.

Al folclorismo no se le hace posible congelar unos estilos musicales y seguir practicando abiertamente descalificaciones gratuitas para quienes nos apartamos de la ortodoxia. De igual forma, esa carrera del circunloquio, la necedad y terquedad en el discurso no son argumentos fundamentados para sentar posiciones serias con lo que se viene dialogando en torno a las nuevas   propuestas. 

Como también los pontífices de la Posverdad en el Vallenato le hacen un daño al mismo, cuando con base en la mentira se maltrata y se matonea a unos investigadores, que vienen haciendo una tarea silenciosa, sin tanto protagonismo, ni reclamando poses y shows mediáticos, y mucho menos auto alabándose de los aportes que se hacen desde las ciencias sociales.

“Uno de los elementos fundamentales para entender la Posverdad, justamente es el slogan, la frase corta, precisa, que encierra un explosión de significados, de promesas, de advertencias. En un mundo donde, a partir de la última década, todo debe decirse en 140 caracteres, la lucha se hace con consignas. Es muy difícil poner a combatir argumentos contra eslóganes”. ”. (Ocampo, 2017. 10. Especiales para El tiempo)

Ese sentido de pertinencia musical en Aníbal se podría indicar de la siguiente manera “La pertinencia en el campo de la música sería, por tanto, la identidad bajo la cual un miembro de un grupo sonoro conoce un hecho musical”. El maestro se permitió conocer ese habitus musical a partir de unos patrones armoniosos que determinaros su estilo, su forma de cantar y de llegar a un público que estaba acostumbrado a unos referentes musicales llamados del pasado; se los cambió los involucró y los hizo sentir como si ellos hubiesen participados de esos inventos sonoros y musicales.

Sí su estilo: y para hacerme más preciso retomó lo planteado por el escritor francés,  Georges Louis Leclerc, Conde de Bufón, que decía “que el estilo es el hombre”. Aníbal es el estilo. Tuvo y tiene ese estilo que lo caracterizó el siglo pasado, en el presente y  morirá con él.

 Voy a partir de una suposición: Un principio que se hace presente en la investigación. Para mí el artista Velásquez, también tuvo que ver con el contexto, con las relaciones entre el todo y las partes, lo multidimensional y lo complejo. Estos son los principios de un conocimiento pertinente del que habla Edgar Morin, allí radicaría para mí toda esa sapiencia que encontró, que ausculto, que sorteó y que descubrió este revolucionario de la música en el siglo XX.

Hoy todavía lo sigue haciendo el mago, el guarachero, el carnavalero, el vuela más que el viento, el bacán: Aníbal Velázquez Hurtado.

El vallenato, la cumbia, el porro, la guaracha, el paseo, el merengue no tienen dueños ni amos absolutos. Ningún departamento  es dueño del patrimonio cultural que aporta la Región Caribe a la cultura nacional. Aníbal Velásquez seguirá siendo grande: como Rafael Escalona, Leandro Díaz, Toño Fernández, Carlos Huertas, Hernando Marín, Pedro Laza, Adolfo Pacheco, Alejo Durán, Fredy Molina, Gustavo Gutiérrez, José Hernández Maestre, Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Guillermo Buitrago, Julio de la Ossa, Enrique Díaz, Alfredo Gutiérrez, Lisandro Meza, Diomedes Díaz y Calixto Ochoa.

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