Una nota en Tonalidad Mayor para hablar de lo moderno en Aníbal Velásquez

06/11/2017 - 19:32

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Segunda Entrega.

Esa misma comunidad se veía reflejada en esa música y adopta ciertos dichos que aparecen en sus grabaciones y el sonido gutural que servían de animación en sus discos. De igual forma, muchos grupos musicales van a copiar el estilo del barranquillerisimo. Era el que vendía, el  que se programaba en las emisoras del Caribe colombiano. Si no fue un diseñador, si contribuyó al modo de vestir del bacán y del camaján de esos tiempos.

Las canciones del maestro Aníbal Velásquez pudieron adquirir los más diversos significados en los oídos de las personas que las escuchaban. Les pudo permitir remitirse a un episodio de su vida y a determinados lugares o situaciones que evocan sentimientos y emociones. Así, la música como otras experiencias artísticas, involucran la emoción en las interpretaciones que hacemos del mundo y de los entornos que habitamos. Los psicólogos lo van a llamar el reenvío asociativo.

Camisas a colores, sicodélicas y con diferentes figuras del trópico; también se distinguió por el saco y la corbata. Usó todo tipo de sombrero, desde el  vueltiao, siendo uno de los primeros artistas que posó con esta prenda artesanal. También utilizó  el gardeliano, texano y hasta un sombrero de detective mexicano. Bigote al estilo cantinflesco, tal vez por la admiración que sentía por el cómico Azteca.

Se hizo retratar en moto y también va a salir  en un estudio de grabación; uno de sus discos sale al mercado, con una pintura del picó ‘El Guajiro El Tira Flecha’, para estar conectado con todo ese ambiente salsero y jíbaro que está viviendo la costa por esa década de los años 70 y 80. Gafas, cadenas con medallones, anillos extravagantes, cinturones con chapas, pulseras, gafas y relojes muy grandes como los que lucen los jóvenes en este siglo XXI.

Será que todo esto tiene cabida para ser analizado y estudiado desde la mirada que hace el escritor Gilles Lipovetsky a partir de sus libros ‘Lo imperio de lo efímero’, ‘La estetización del mundo’ y la ‘Era del vacío’. Un simple interrogante que planteo.

Una portada atrevida para esos tiempos fue la que salió en el trabajo ‘La Brujita’, provocadora, sensual, erótica. Era un avance grandioso en el mundo discográfico y una lectura premonitoria de lo que iba a suceder en estos tiempos. Se equivocan los que piensan que por esos días no se hablaba de imaginación y de locura desenfrenada en el mundo de la publicidad.

Este brujo es el verdadero ‘Guarachero del Carnaval’. Y la Hohner debería tener, no un busto en los talleres, sino una estatua para que en el pueblo de ‘Trossingen’ en Alemania, se quiten el sombrero cada vez que pasen por el frente de la estatua. Aquí queda todavía la fábrica que inició Matías Hohner.

Este sí  le saco, y le sigue sacando, sonidos en pautados y endiablados. Y qué decir de la visión globalizadora que tenía el músico cuando dice que “la guaracha de Aníbal se goza en el Japón y la China’ e invita al chino a comer arroz y rata, esa que pasan por el alar de la casa.

En ese mundo moderno donde el país quería insertarse, Aníbal fue un revolucionario de la música, un transformador, un dialéctico. Cambió el uso y el toque del acordeón, porque está comprobado y demostrado en su discografía que podía tocar un porro, rock, merecumbe, paseo, bolero, cumbia, con una propuesta sonora y rítmica que extrañó a más de uno, incluyendo sus mismos compañeros de ajetreo musical. 

El acordeón antes y después de Aníbal: se podría titular un gran ensayo. Él se permitió nuevas posibilidades y realizó toda una verdadera mutación musical para la época. Me atrevo a plantear que al lado de Luis Enrique Martínez fue el músico que encontró los vericuetos y quien supo sacarle ese misterio a las tonalidades, le aporto muchas posibilidades y probabilidades musicales y rítmicas. Una nueva musicalidad cargada de notas alegres, rápidas, brillantes y de un digiteo 'perverso' hace de él un músico moderno y junto al Pollo Vallenato insertan el toque de acordeón al mundo de la  modernidad.

Sin caer en su biografía y en sus anécdotas, temas que han sido tratados con mucha rigurosidad por los escritores y periodistas Roberto Montes Mathieu y Fausto Pérez Villarreal, si quiero anotar unas cuantas variables que han sido fundamentales en la vida del músico. 

Se levantó rodeado de acordeoneros como Abel Antonio Villa, (Piedras de Moler- Magdalena- 1924), Luis Enrique Martínez Argote, (Haticos de las Cabezas, jurisdicción actual del municipio de Fonseca en la Guajira- 1923) Gilberto Alejandro Durán Díaz (El Paso- Cesar -1919) y Guillermo de Jesús Buitrago Enríquez, (Ciénega- Magdalena- 1920). 

Todos ellos  fueron producto de una región rural que sólo era tenida en cuenta por su producción agrícola, pero  no estaba incluida como territorio valido en el proceso de crecimiento  y se le desconocía su papel protagónico en el desarrollo del país. Como podrán darse cuenta todos estos acordeoneros nacen en  los años 20. ¿Qué está viviendo el país por esta década  desde el punto  vista político, social, educativo, cultural, administrativo y musical?

Lo rural en Colombia siempre ha estado caracterizado por la violencia, la tragedia, la invisibilización de sus hechos y la enorme frontera que se estableció hace años. Lo rural es analfabetismo es oscuridad, lo urbano es adelanto, es progreso, es cultura y  está abierto al mundo.

Pero en estos tiempos cuando aparecen nuevas lecturas de lo cultural, de la frontera, las nuevas estéticas, las nuevas miradas de la democracia, de la gobernabilidad y de los territorios y hablamos del postconflicto, Colombia no ha podido superar esa enorme brecha. Sino hagamos un repaso de lo que pasa entre ese universo rural y urbano.

No negando ciertos adelantos que se han originados en estos nuevos tiempos: por eso me cuesta trabajo aceptar que esa frontera se diluyó y de acuerdo a muchos visionarios eclécticos: lo urbano y rural hoy son una misma cosa.

Se inicia tocando la música de acordeón lo que posteriormente se va a denominar 'música Vallenata'. Al lado de Roberto Román, graban por primera vez 'La Casa en el Aire' de Rafael Calixto Escalona, tema polémico por las diferentes consideraciones y comentarios que existen sobre esta composición, tema que no es el eje fundamental de esta ponencia. Juan Velásquez (su hermano) es quien termina relacionándolo con Carlos y Roberto Román, para conformar una agrupación musical, la que termina haciendo presentaciones en Radio Miramar en la ciudad de Cartagena y posteriormente en las emisoras de Barranquilla. 

Esa radio: la misma que ha hecho historia en el país: la radio dinamizadora de procesos sociales y culturales en Barranquilla. Esa radio que "hace actuar la cultura oral, que dice que somos en la medida en que contamos la vida, que nos impele a hacernos acontecimientos oral, que nos produce diálogo, que nos da el derecho a la palabra propia.

Más que su seducción tecnológica, la radio es el modo preferido para "hacer actuar" la comunicación, pues no requiere alfabetización, sino que se reconoce y se produce desde los modos de la oralidad.

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