Una nota en Tonalidad Mayor para hablar de lo moderno en Aníbal Velásquez

06/05/2017 - 10:42

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Primera entrega.

Para empezar quiero citar a la historiadora María Teresa Uribe cuando afirmaba hace más de cuarenta años: “no tuvimos sujeto moderno porque el sujeto de la escuela no aprendía a pensar con su cabeza, lo que aprendía era a creer". Por eso el acto de leer tiene un compromiso serio y responsable con la escritura la que sigue siendo no solo es clave sino necesario en este país.                                                  

Aunque ella sufra los rigores del cambio con los nuevos referentes como el Facebook, WhatsApp, Twiter, y de esa población joven y adulta que hoy escribe como habla.

No puedo abstraerme de lo que viene planteando el maestro Jesús Martín Barbero cuando nos dice "que lo que estamos viviendo hoy es una mutación a nivel mundial, sobre todo en occidente, una mutación cultural. La modernidad fue un tiempo en el cual la clave era el progreso. Fue muy bueno porque la modernidad fue la liberación de muchas cosas: libertad y creatividad. Eso fue hace poco.

La mutación tanto en sentido de transformación de los modos de escribir, de leer y de jugar, de todo. Está cambiando el juego, por lo tanto, está cambiando la clave de la vida. La modernidad: un tiempo que paso, (o mejor) una época que se fundió. Desde finales de los sesenta percibimos el tiempo, el espacio y la relaciones sociales de otra forma".

Y sigue afirmando el maestro "un país es una historia en común y esa historia tiene un montón de relatos. Yo descubrí que contar es la palabra más importante del castellano y de todos los idiomas. Contar significa contar cuentos, saber narrar, saber contar. Segundo, contar es tener en cuenta o no al otro, eso es vital en las relaciones sociales. Hay que aprender a contar con sus propias palabras. Hay que aprender a contar su cuento para ser tenidos en cuenta y también hacer cuentas para la reparación".

Esta mirada que hago, no quiero que la tomen como pretenciosa, ni mucho menos, como exhibidora de conocimientos, solo como una breve reflexión y la hago porque quiero poner en escena a un personaje, un cantautor, que ha puesto a bailar a este país. ¿Quién no ha bailado con la música de Aníbal Velásquez Hurtado en carnavales, en Navidad, en las fiestas patronales?

Creo que toda esta Nación lo ha hecho sin lugar a equivocarme: hasta el andinocentrismo ha podido disfrutar de sus contagiosa Guaracha, heredada de los ritmos cubanos.

No hay que olvidar esos primeros intentos para que a nuestra música se le diera un reconocimiento desde el mundo académico. "Una de las primeras conclusiones del Congreso Nacional de Música, realizado en el año 1936, consistió en señalar la necesidad de estudiar a fondo las músicas tradicionales, folclóricas y populares de todo el territorio nacional. Tanto Daniel Zamudio como Emirto de Lima y otros conferencistas destacados del evento llamaron la atención  sobre el poco conocimiento que desde el centro se tenía de las músicas de las regiones. 

Pero al parecer, para 1936 era cada vez más claro que las discusiones y, más aún, las decisiones políticas sobre la música nacional, no se podían basar en las instituciones sobre un folclor imaginado que unos pocos intercambiaban en el centro del país. Por eso Emirto de Lima decía: "Lo primero que tenemos que hacer  en beneficio del arte musical popular colombiano es encomendar a un grupo de expertos folcloristas del país la transcripción inteligente y concienzuda, ceñida en forma rigurosa a las mejores fuente informativas, de todos los cantos y bailes del sentir popular que hay regados por los ámbitos de la República.

Necesitamos desde luego, para llevar a cabo con buen éxito este trabajo, la cooperación de todos los escritores, poetas, literatos, historiadores, filólogos, estéticos y psicólogos del país, con el fin de aclarar muchas dudas que se presentaran respecto a estructuras, acentos, palabras, frases, estilos, etc. Si somos consecuentes con el programa de las actuales transformaciones de la República, tenemos que trabajar sin tregua y con todos los bríos que somos capaces por el constante desenvolvimiento de nuestra nacionalidad musical". (Citado en Gil, 2009: 27).

 Esto no se pudo lograr porque la burocracia del momento no lo permitió y el proyecto fue retomado nuevamente en el segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo.

Aníbal Velásquez ha sido un músico irreverente, atrevido con la época, porque propuso, experimentó, y  desafió al folclorismo de la época  a partir de la apropiación de ritmos regionales y de otras latitudes para amalgamarlas a su formato y le resultó.

Si se quiere, toda una inmersión a ese mundo moderno, concebido desde su mirada y subjetividad como un progreso musical y arraigado en esa libertad de poder crear cosas nuevas: eso es modernidad. Y que bien que lo entendió el mago de la acordeón.

Para ese momento fue una fusión y una transformación de la música en Colombia pensada en el mercado y donde la tradición no se borra de tajo,  al contrario es un punto de partida donde empiezan a interpelarse estas dinámicas de la música colombiana- mercado y tradición.

El mago del acordeón como lo bautizara Luis Enrique Martínez en ese estudio de grabación no tenía porqué conocer esta categoría de pensamiento para adelantar su proyecto musical. Lo hizo pensando desde el éxito musical y de la aceptabilidad que el público pudiera darle a esta propuesta sonora que se volvió dominante para la época y que va a marcar un hito histórico en el universo de la música colombiana.

Aquí voy a citar al caribeño sabanero universal, Jorge Nieve, cuando en su texto 'De los sonidos del patio a la música mundo: semiosis nómadas en el Caribe, indica que "la aceptabilidad funciona en espacios socioculturales específicos, y es posible establecer diferencias entre los modos como instituyen aceptabilidades los propios productores musicales, esto es, los músicos, empresarios, las disqueras; los modos que predominan entre los consumidores, esto es, el público que asiste a presentaciones, compra discos, sintoniza emisoras, y aquellos que intentan producir discursos de reconocimiento de los hechos musicales, esto es, folcloristas, estudiosos de la música, comentaristas de prensa, musicólogos,, etc.

Los niveles sociales en que se articulan estos patrones de aceptabilidad definen muchos aspectos en el quehacer de los músicos. De esto depende en qué circuitos de distribución se insertan, qué nivel de beneficios económicos obtienen, cómo se ganan o pierden los prestigios que garanticen éxitos y continuidad o marginación".

Lo cierto es que Aníbal no se va a acercar a esa distinción teórica que realizan Jurgen Habermas y Marshall Berman, "entre la Modernidad como etapa histórica, la modernización como proceso socio-económico que trata de ir construyendo la modernidad, y los modernismos, o sea los proyectos culturales que renuevan las prácticas simbólicas con un sentido experimental o crítico".

 Lejos de todo este entramado, Aníbal  va a hablar es partir de sus letras, ritmo, armonía, melodía y de sus intervalos que se dan en cualquier melodía. Sus canciones es un largo listado de éxitos. Lejos de ser canciones cargadas de poesía,  lirismo y de no contar con muchas figuras literarias: darán mucho que hablar por lo pegajosas, por el ritmo, por la sátira, por la Picaresca, y por el hablar cotidiano de una comunidad que se identificó con sus cantos y el sentir de su música.

La picaresca tiene un obra literaria bien representativa: hago referencia  a ‘El Lazarillo de Tormes’ que en pleno siglo XVI siguió a los juglares medievales y seré un poco atrevido afirmando que esta obra  puede tener alguna relación con los canto de Aníbal. Por ejemplo, una podría ser esa relación humorística que tiene la obra y los cantos de Aníbal. Bueno, dejó hasta allí para no meterme en la harina de otro costal.

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