Un tributo para el primer rey de la 'Leyenda Vallenata'

12/04/2017 - 09:57

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Segunda entrega.

Alejo Durán se apropió tanto de su acordeón que lo hizo un elemento más de su vida cotidiana. Se podría afirmar que las mujeres de Alejo y su acordeón estaban de la mano, juntos en el trasegar de su vida artística y musical.

Por eso cuando llegó al 'Festival de la Leyenda Vallenata' ya estaba formado musicalmente, con muchas vivencias, cantando al amor. Con su compadre Luis Enrique Martínez recorrió el Bolívar Grande, por los años 50 y 60; asimismo, gran parte de lo que hoy es Sucre y Córdoba, interpretando y afianzándose en el toque, lo cual no fue gratuito en la vida de Alejo; todo lo contrario esta fue la escuela que le dio la primaria en el acordeón para después graduarse en la Leyenda como uno de los mejores representantes del toque.

En el Sinú y las Sabanas fue donde Durán se engrandeció musicalmente; se valoró y reconoció su trabajo, de allí que Orlando Cuello Gómez le reconociera en su artículo 'Figuras destacadas de la música Vallenata', publicado en el 'Heraldo Dominical', el domingo 20 de abril de 1997 cuando manifestaba "al encontrase en las tierra del Sinú, con una cultura popular similar a la suya y por eso apta para asimilar la música, decidió quedarse allí; se convirtió así en el gran conquistador del Sinú para la música Vallenata".

En muchas ocasiones Luis Enrique Martínez le tocó la caja, como también Alejo haría lo mismo con él: fue su hermano, su amigo entrañable; se enseñaron y se aprendieron mutuamente. Un encuentro entre Alejo y Luis Enrique era una explosión de júbilo. Fue el músico con quien más se compenetró. Ambos recorrieron las corralejas de Córdoba, en parrandas; donde estaban estos dos legendarios había un verdadero taller musical, porque solo se dedicaban a hacer versos, cantar y tocar.

De allí que los nuevos acordeoneros aprendieron de ellos y siguen teniendo la influencia de estos maestros. Algunos afirman que Luis Enrique Martínez era ejecución y que Alejo más melodía y sabrosura.

Su estilo es un caso bien singular, entendiendo éste como el conjunto de características comunes. Estilo equivalente a ingenio, agudeza. Alejo lo tuvo de sobra. Recurriendo al pensador Séneca, podemos resumirlo así: "el estilo es el rostro del alma; tal es el estilo de los hombres como es su vida". Es una manifestación de la personalidad humana. Eso era Alejo Durán. Por eso lo registro en una composición que lleva como título 'Mi estilo'.

Mi Estilo (Paseo)

Muchachos, si yo me muero

mi estilo se va conmigo. Bis

Yo a ninguno se lo dejo,

ya que nadie me ha seguido. Bis

Porque ese es mi corazón

y parte de la vida mía. Bis

Que si se escucha algo raro

que no lo pongan por duda Bis

Que vi un acordeón llorando

muy cerquita de mi tumba.

En estos versos hay una abierta comprensión del mundo y de la vida; es un filósofo al natural, donde no hay rebusques y donde sigue magnificando su vida y el instrumento, y donde concitan el entendimiento y el saber.

Así como existieron mujeres de las que se enamoró, éstas también lo enamoraron y le despertaron el sentimiento para las composiciones. Asimismo, sus acordeones también las poseyó, controló, amó y los distinguió del resto, porque él las llamó con nombre propio. El acordeón hizo historia en su vida; tuvo desde el más sencillo (de dos teclados) hasta el más sofisticado, sin que por ello dejara de ser el gran músico; todo lo contrario, se ajustaba y perfeccionaba con los acordes y los modernos instrumentos.

Existen historias particulares en su vida, ligadas al símbolo y a los nombres, que van desde el amor sublime y fugaz por una morena, hasta quien le regaló un acordeón completo y bien bonito, y llevó este obsequio con un profundo agradecimiento hasta versificar y musicalizar el acontecimiento.

En una entrevista que concedió al profesor Rito Llerena Villalobos, autor del libro 'Memoria Cultural en el Vallenato', habló así de sus acordeones:

"A veces les pongo nombres de mujeres. Yo tenía uno que se llamaba Cholita. Chola, porque la llamaban Isidora, y le decían la Chola; entonces yo le puse Cholita. Una vez yo vivía con una muchacha en Magangué; ¡más celosa...!, y yo le puse el nombre del acordeón, pero en la parte de atrás. Cholita. Un día..., no sé, se abrió el acordeón y ella vio el nombre. Entonces me dijo: "¿Ah sí? ¿Nombres de mujeres en el acordeón? ahora lo rompo". Lo cojo y le digo: "Coge, rómpelo, Pa' que se te quiebre la cuchara. ¿No ves que ese es el que te da la comida? Rómpelo".

Cholita

Que yo tengo una Cholita

¡ay! que me tiene medio loco

pero a mí me mortifica

cuando la veo hablar con otro.

El pobre de mí acordeón

¡ay! también te llama Cholita.

A otro bautizó como 'Cero Treinta y nueve'. El acordeón más prolífico fue el que estuvo en los momentos de inspiración y creación, cuando el juglar alcanzó su mayor esplendor. Con él participo en un sinnúmero de grabaciones. Para Alejandro fue la princesa de las grabaciones.

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