Un tributo para el primer rey de la 'Leyenda Vallenata'

11/27/2017 - 13:30

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Primera entrega.

Cuando empecé a escribir a dos manos el libro 'Alejandro Durán su vida y su música' y a realizar el trabajo de campo con el profesor Albio Martínez Simancas, nunca llegué a imaginarme la cantidad de información que había sobre este cantautor de la música de la Región Caribe.

Este 15 de noviembre del 2017 se cumplieron 28 años de la muerte del Gilberto Alejandro Durán Díaz, el primer rey de la leyenda Vallenata, el que le dio la dimensión histórica a ese encuentro de acordeones que se realiza todos los años en la ciudad de Valledupar (Cesar). Del libro en mención he escogido un aparte del capítulo, 'Pedazo de Acordeón', titulado, 'Alejo y su acordeón'

¿Cómo tocaba Alejo su acordeón? Como los dioses; fue un terrígeno de esos que nacieron para dar vida a lo inerte a lo ingrávido. Nadie como él supo para qué servía este instrumento, con su ejecución enloqueció a mujeres, hombres, ancianos y jóvenes; fue el encanto mágico que tuvo para comunicar las notas y los acordes que sabía trasmitir cuando abría su acordeón.

Para Alejo este instrumento fue su vida, su amor, su pasión, su compromiso, su existir. Le hacía falta estar en contacto con él, permeándolo y poseyéndolo cada vez que fuera posible. Sabía que el mejor homenaje que podía rendirle, era tocándolo en toda su dimensión y plenitud, y no escatimaba esfuerzos  para decir a su pueblo que había nacido única y exclusivamente para su acordeón y para reafirmar que habían nacido el uno para el otro y que esta era compaginación verdadera, donde la historia era testigo de este hecho trascendental en el folclor y la música colombiana.

Nadie lo ha podido imitar en el toque del acordeón, porque él fue único en su género. Esa forma de sentir y emocionarse cuando lo tocaba, hicieron de él el intérprete más típico de la música Vallenata; no tiene seguidores; mucho menos, buenos intérpretes que sigan esa línea, dignas de reivindicarse no como pieza de museo, sino como algo que pertenece a nuestra historia musical y cultural.

Sin lugar a dudas, fue eximio tocador de melodía en sus ejecuciones, sin el atiborramiento de pases que acompañan a las nuevas interpretaciones. Además, sus toques eran sencillos dentro de la complejidad del acordeón, la caja y la guacharaca. En eso guardó un alto sentido de respeto por tocar una canción en los lineamientos que le exigía el toque de su acordeón.

Si interpretaba un paseo, eso era lo que se escuchaba; su merengue tenía ese registro melodioso que siempre le imprimió; la puya (que hoy parece un mapalé) era marcada con lentitud y de manera melodiosa. Qué decir del son, tocado como debe tocarse este ritmo, donde sus bajos, que eran la parte más importante de su interpretación musical, estaban allí presentes y podía escucharse a distancia, como queriendo decir: ¡Aquí está tocando el negro Alejo!

El teclado de su acordeón siempre se caracterizó por repetir la estrofa de la canción y el contenido de la misma. Todo esto acompañado por el fraseo perfecto y los versos cortos de sus composiciones carecían de palabras sobrantes. Alejo, tocaba de manera natural, melodía, reparto y bajo. Es el maestro en saber meter la nota y el bajo. Aparte de eso, "le pesó el brazo", como suelen decir los acordeonistas en el mundo maravilloso del acordeón.

No es tanto tocar, sino saber tocar, y éste fue un requisito que siempre acompañó, si no al mejor acordeonero (como algunos le califican), sí a este hombre, respetuoso del toque clásico y de la autenticidad, entendida esta "como los que se adhieren a una noción patrimonial de la autenticidad, basada en la identificación estrecha entre nación y folclor".

Alejandro Durán, fue el único intérprete grave del vallenato; por eso no era de extrañarse que había un acordeón especial para su voz; siempre iba seguro y por eso solía decir con tono de orgullo que "para quedar mal sobraba tiempo". El equilibrio musical en Alejo es muy particular. No hay acordeonero que pueda repetir esta hazaña; mucho menos hoy en día, cuando poco importa que el género se desvirtúe o se acabe. Un punto de referencia, que estará allí difícil de superar en el presente; una leyenda indestronable en el mundo vallenato.

En sus inicios interpretaba todo lo de él; posteriormente grabó temas de otros compositores. Por ejemplo, 'El Verano' de Leandro Díaz, 'Alicia Adorada', de Juan Plo Valencia, y un buen repertorio de Rafael Calixto Escalona Martínez.

Cuando Alejo tocaba su acordeón, el cajero debía ser buen tocador de caja; el negro era exigente y el hombre con el cuero templado debía tener brío en los dedos y relámpagos en las manos. El bajo en Alejo fue un guía que marcaba al cajero. En este aspecto no tuvo rivales, así fueran bajos alegres, tristes, nostálgicos. Bien se sabe que la virtud del acordeonero radica en los bajos. Todas las canciones de Alejo llevan el acompañamiento del bajo en mayor o menor grado.

Quizás en unas canciones se notan más, por el motivo de la canción, el día, la hora en que la compuso, o también debido a la temática de la misma. Por eso se podrán encontrar remas como 'Fidelina', 'El corralero', 'La hija de Amaranto', 'Los primeros días', 'La Trampa', 'Alicia Adorada', donde el bajo tiene una figuración distinta.

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