Tinder, mi nuevo fracaso

07/11/2017 - 11:37

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Debo admitir que me encanta la esencia del libro de Santiago Gamboa ´Perder es cuestión de método’ es un título ideal que jamás se me hubiera ocurrido, pero reitero, la gracia es la esencia.  Perder tiene un gran atractivo, las historias en general en las que la  tristeza se impone son atrayentes, hipnotizan, despiertan empatía. Cada golpe que recibes de la vida te da algo de humildad, no es fácil aceptar una derrota, pero no hay más remedio. Como dicen en el sur ante la adversidad: “me la banco”.

En las redes sociales, en ese mundo virtual se tiene la oportunidad de mostrar solo los momentos agradables, ellas en bikini, ellos tomando cerveza, todos ríen y cómo no hacerlo, compran moto, carro, finca o apartamento. Además se gradúan, se enamoran, viajan, la pasan súper los viernes y sábados en la noche. Yo no, yo soy distinto, pero no porque quiera vender una imagen de persona seria y reservada, no, lejos de eso, mi vida no da para las redes sociales.

Mi última compra fue de ropa, fueron tres pares de medias, cada uno a tres mil pesos, eso comparado a la finca o al carro no cuadra. Mi último viaje, fue una vuelta a Zipaquirá porque  Sura no me atendía en Bogotá, igual tomé fotos. La otra experiencia cercana fue acompañar a una amiga abordar el colectivo para Sibaté. Igual “me la banco”, sigo en redes sociales compartiendo estos textos, aquí entre nos, poco exitosos, sobre todo porque uno quiere ver, no leer. El tema de la calidad no lo vamos a discutir.

Mi última incursión en redes es Tinder, una red social en la que la idea es conocer personas para un encuentro físico. La idea nació como una red gay, pero gracias a su éxito se expandió al mundo sin límites  de orientación sexual. Lo que más me gustó fue las recomendaciones de dos amigas que me dijeron que los encuentros fueron sexuales, con un atenuante, los tres tipos que conocieron eran feos, es más, alguno estaba bien ‘boleta’ según una de ellas. Las historias la reservo porque lo que me animó fue la posibilidad de conocer alguien con una intención sexual sin ninguna clase de apego. Me excité antes de ingresar mis datos, lamentablemente con mi poca participación en el resto de redes me di cuenta que no tenía fotos, ni gran cosa que compartir. Así que rápidamente descubrí que no tenía futuro en Tinder, siendo un perdedor.

Con tres fotos en la que mi rostro no se ve bien, más un texto que dice que me gusta el cine y la literatura, me aventuré. Mi sorpresa fue ver la cantidad de mujeres lindas, una foto era más que suficiente para dar me gusta. Después de varias noches no recibí nada, ni siquiera el desprecio, me sentí mal, así que borré la aplicación. Luego mi celular se dañó, el nuevo también, un amigo me presto uno, mientras agregaba todas las aplicaciones volví a caer en la tentación, al diablo “me la banco”. Después de muchas tardes y noches recibí el primer y único me gusta. A la mujer de mi edad solo le salía Universidad Distrital, fue tal el nerviosismo que no supe qué hacer. Después de respirar profundamente esperé un rato más, además de perdedor, cobarde, no lo podía creer dejé una noche sin contestar, después cuando tuve la suficiente fuerza para escribir: ¡hola!. No la encontré, no supe que hacer para recuperar la memoria. Igual “me la banco”, no puedo hacer más.

En un rincón: Espero que la nueva sede de la Universidad Distrital en Bosa no tenga rejas, que no se divida la academia con la comunidad.   

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