Sin palabras (¿Quién es Caín y quién es Abel?)

12/03/2018 - 11:18

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Claro que ‘sin palabras’ es un mal título, pero el espacio de esta semana lo tenía para el documental ‘La negociación’, pero no la vi, eso sí me alegra la razón, las funciones agotadas, la única ciudad en la que se conseguían boletas era… muy bien, Medellín. Ante tal éxito no hay razón convincente para que Cine Colombia no la deje más tiempo en la programación de sus salas.

Otra confesión, el documental de Margarita Martínez era mi plan b, la idea original la estaba planeando hace semanas y no exagero, era hablar de la exposición ‘El Testigo Memorias del Conflicto Armado Colombiano en el Lente y la Voz de Jesús Abad Colorado’.

¿Quién es Caín y quién es Abel?

Al costado occidente de la Casa Nariño, en el claustro San Agustín la Universidad Nacional expone esta obra impactante de Chucho Colorado con cerca de 500 fotografías en las que el caminante registra con su lente el conflicto del país desde 1992 al 2018, una obra que nos da un testimonio de la tragedia de la guerra.

Años de trabajo y de dolor tanto emocional como físico, una buena muestra son sus achaques en una rodilla que lo han alejado hasta de dar entrevistas. Es increíble pensar como una persona con semejante dolor puede atravesar selva y montañas a lomo de burro o pasar horas en una pequeña embarcación para hacer su trabajo.

Es imposible que el corazón no se arrugue al ver la exposición, son muchas las emociones porque a pesar de la crueldad evidente de su relato (fotografía y texto) es imposible no conmocionarse ante la majestuosidad de este país.  Y no me refiero únicamente a la diversidad de nuestras regiones, sino al valor que tienen los protagonistas en sus relatos. Suena extraño pensar que hay valentía en el hecho de salir de su tierra a un lugar más tranquilo, pero no me imagino el dolor de una persona que emigra con lo que tiene puesto, con su familia y un par de animales, a caminar sin destino y aun así con dignidad y esperanza.

Algo sí está claro, el dolor de los desplazados es uno, pero no el único, también están los familiares y amigos que buscan el cadáver de su ser amado, por otro lado, los que piden reparación para la memoria de las víctimas y por su puesto aparecen los victimarios o sus cómplices.

Colombia y su diversidad de rostros, la mirada de los indígenas, campesinos, negros, de las mujeres, los niños. Ellos, las mayores víctimas de la guerra no tienen voz en los medios porque tontamente estamos pendientes de Uribe, Duque, Santos y demás, pero quienes viven el conflicto son los protagonistas de la exposición que le da voz a los que no la tienen.

Una característica reconocí tras ver más de una docena de fotos, el color es para las fotos en los que el paisaje es el protagonista, mientras que el blanco y negro era la regla con las personas, así se intensificaba la fuerza de la imagen. Pero, solo fue una idea errónea, el color y el blanco y negro no se limitan a lo largo del relato.

Algunas imágenes parecen no decir mucho, unos árboles talados, o unas rocas quemadas sin más ni más, pero es solo leer el pie de las imágenes para entender que muchos de esos troncos fueron derribados a bala o que esas piedras eran parte de inmensos hornos para desaparecer mamertos.

Una niña llevando su gallina, los perros en las lanchas, un hombre alzando un marrano y más animales acompañando a sus dueños con la misma cara de zozobra de quienes lo guían.

La descarada publicidad política a nombre de Rito Alejo del Río. Las conmovedoras fotografías en Medellín, porque esta brutal guerra también llegó a las grandes ciudades.

Bella, majestuosa, cruel, horrible, pero sobre todo triste es la exposición de Colorado, la cual me dejó sin palabras.   

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