Sin confianza no hay seguridad

02/12/2017 - 12:20

Andrés Vallejo Rámirez_Opinión.jpg

En medio de la pobreza y la limitación del espacio que era nuestro hogar, mi madre le dio vivienda a una adolescente que no tenía donde vivir. Su madre, nuestra vecina, le pudo más el amor por un hombre que quería un hijo varón, así que ella las dejó (a sus dos hijas cuando eran unas niñas a su suerte) y se fue a la costa tras el hombre que amaba. 

Gema -mi madre- les buscó un hogar, en una casa en el barrio Alcázares, donde  adoraban a la Virgen María. Luego de unos años las niñas fueron expulsadas, la mayor se quedó con nosotros, mi madre le consiguió trabajo no era fácil, tenía que hacer aseo en la casa de una prima, fue lo mejor que le pudo conseguir.

Aunque suene extraño entre las casas más pequeñas hay más corazón para compartir. Vivíamos cinco, la casa solo tenía un cuarto, ella dormía en un viejo sofá ubicado en el comedor, que a su vez era estudio y sala. Como yo madrugaba tanto, antes de bañarme le decía que durmiera en mi cama, ya que era más cómodo, así que me iba mientras ella descansaba en una cama.

Su estadía llegó rápidamente a su fin tras un par de semanas. Un bello cinturón que estaba estrenando, era de mi prima, que desapareció con un dinero. En mi casa solo me robo a mí, pero como me decían todos, por pendejo, ya que mi colección de discos compactos no tenía candado, así que día tras día se llevaba entre tres o cuatro producciones. Nada quedó de Black Sabbath, adiós a todos los discos de Megadeth y Pearl Jam. Lo único que hice fue mirarla a los ojos y decirle - no hay problema dígame dónde los vendió, voy y los compro. Días después de su partida me di cuenta que también se me llevó todas las medias.

En su momento ella sorprendida me contestó que no se los robó. Con mucho dolor mi madre le pidió que se fuera. Claro está, esperamos dos días a que consiguiera una habitación, su novio y mi padre le ayudaron con el trasteo al barrio Venecia. Nunca más volví a saber de ella, solo recuerdo la tristeza de su partida.

Todo el episodio fue doloroso, pero hoy mi gran molestia recae sobre mí, por criticar a mi madre, por darle posada, comida y buscarle trabajo. Esa manía tonta de buscar culpables y no a los verdaderos responsables. Gema se portó muy bien, fue noble, generosa, tampoco la culpa fue mía por no poner candado, ni mi prima por dejar un cinturón nuevo a la mano, al igual que el dinero. A pesar de todo, la ladrona no es culpable, claro que no es inocente, pero juzgar es muy fácil, en cambio nacer con el desprecio de su madre, sin padre, alejada de su hermana, es una mierda. Es muy duro para una joven trabajar solo para comer, sin poder estrenar algo lindo que la haga sentir mejor.

Lamento no haber ayudado más a mi ladrona de discos, me equivoqué, ella necesitaba más ayuda. Quiero compartir los primeros párrafos del autor F. Scoott Fitzgerald de su novela ‘El Gran Gatsby’:

En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.

‹‹Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien – me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas›› 

Necesitamos más confianza, no más cámaras, ni candados, ni rejas. Y es que nosotros hacemos parte del problema. Le marcamos los útiles escolares a los niños, no solo por orden, sino para que no se los roben, van al colegio, a educarse, no a un concurso de ladrones. Pero ese es solo uno de los problemas, que me dicen de nuestra falta de palabra. – mañana- así de simple con eso nos quitamos el problema de encima – mañana nos vemos. – mañana le pago. – mañana hago la vuelta. Pero en la mayoría de las veces queremos decir -no me joda hoy.

Es igual con el enamorado que no quiere seguir porque le da miedo que le hagan daño, es que la falta de confianza, nos hace cobardes, hasta para amar. Estamos tan mal que no prestamos un libro, la palabra cada vez vale menos y dar la mano, no da seguridad de cumplimiento.

Por eso recibimos mal el Código de Policía, bueno los que reflexionamos sobre la libertad y el respeto que merecemos además de la confianza que debe reinar. En este nuevo Código es claro que ve a la sociedad con desconfianza, ese sentimiento es reciproco, si la policía ve a buena parte de la sociedad bajo sospecha, de igual manera vemos a la Policía. Las instituciones deben inspirar confianza, no imponerla.

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En un rincón: Se siente el miedo a la revocatoria.

En un rincón 2: Otra joya está en cartelera, Toni Erdmann.

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