Segunda vuelta: entre la Colombia de los privilegios y la guerra, y la Colombia de la paz con inclusión y justicia social

06/09/2018 - 16:30

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Personajes del mundo académico internacional como el premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee, el filósofo y animalista australiano Peter Singer, el economista francés Thomas Piketty (autor de El capital en el siglo XXI) y la intelectual de las ciencias sociales (estudiosa del populismo en el siglo XXI) Chantal Mouffe se sumaron a la lista de quienes apoyan la candidatura de Petro y Robledo. En el ámbito nacional también expresaron su apoyo a la Colombia Humana Antonio Navarro, Clara López, Ingrid Betancourt, Claudia López y Antanas Mockus. 

El panorama electoral en Colombia, de cara a la segunda vuelta a la Presidencia de la República, ha evidenciado la existencia de dos proyectos de sociedad distintos que no solo se basan en la vieja oposición entre derecha o izquierda, o entre ricos y pobres, como algunos analistas y medios pretenden mostrarlo de manera simple y caricaturesca, sino que reflejan diferencias fundamentales en torno a la paz y la reconciliación, la convivencia social, la democracia y los derechos humanos, la justicia social y el desarrollo. Estas diferencias no solo se explicitan en los programas de los candidatos Iván Duque y Gustavo Petro, sino también en las trayectorias, las acciones y los discursos de los actores, grupos y sectores sociales que los acompañan en su pretensión de llegar a la dirección del Estado.

Iván Duque, hasta hace poco una persona desconocida en el escenario público y quien tuvo la suerte de ganar una curul al Senado en la lista cerrada de Álvaro Uribe en las elecciones al Congreso de 2014, está acompañado de la base cavernaria del uribismo, el conservatismo y el liberalismo gavirista. También cuenta con el apoyo de casi todas las iglesias cristianas, los grandes ganaderos y hacendados, los medios de comunicación hegemónicos, los gremios elitistas, el sector financiero y las fuerzas militares (quienes le hacen honores al joven candidato como si desde ya fuera el presidente). Esto sin contar a los servidores públicos y empresarios que en las regiones están obligando a sus subalternos a votar por este candidato para garantizarles continuidad en sus contratos de prestación de servicios, por demás indignos e ilegales desde el punto de vista de la legislación laboral. También acompañan a este proyecto, aunque esto no ha merecido mayor despliegue por los medios de comunicación, organizaciones ilegales que en varios territorios están presionando a los pobladores para votar por esta promesa de la Colombia de los privilegios y la mano dura, tal como suelen caracterizar al aprendiz de la Seguridad Democrática.

Gustavo Petro, quien suele ser señalado por los sectores que apoyan a Duque como izquierdista, mamerto, resentido, castro-chavista, populista, demagogo, radical y autoritario, está respaldado por sectores de izquierda democrática y de centro, una pequeña porción del desmembrado liberalismo, muchos movimientos sociales de víctimas del conflicto armado, organizaciones que reivindican la diferencia (de género, sexual, étnica, generacional y por situación de discapacidad), ambientalistas, animalistas, trabajadores, desempleados y personas que se dedican al rebusque, estudiantes, jóvenes afectados por la falta de oportunidades de estudio y trabajo, artistas afectados por la carencia de políticas culturales que incentiven su labor, periodistas independientes, profesores del magisterio y de algunas instituciones de educación superior, académicos librepensadores, entre otros sectores que constituyen lo que podría llamarse la Colombia desde abajo, con la tierra y por la izquierda.

Foto: viva.org.co

El proyecto de Duque, aunque matizado en los últimos debates mediáticos de la primera vuelta, se centra en cinco aspectos. En primer lugar, incentivar a los grandes empresarios (incluyendo a los grandes propietarios de la tierra), por la vía de rebajar impuestos al gran capital, con el fin de estimular el empleo (por goteo) y fomentar el crecimiento económico. En segundo lugar, favorecer a empresas transnacionales para profundizar el modelo extractivista minero-energético por medio del otorgamiento de licencias exprés y de estímulos tributarios (aunque recientemente manifestó no estar de acuerdo con el fracking). En tercer lugar, sostener el actual sistema de seguridad social bajo el esquema inhumano de las EPS y el anacrónico modelo de pensiones, el cual no solo favorece el enriquecimiento de los fondos privados, sino que por la vía de reformas en el Congreso de la República se orienta hacia el aumento de la edad de pensión, la disminución de las primas de los pensionados y la pérdida de derechos a familiares de pensionados fallecidos. En cuarto lugar, financiar educación superior a través del otorgamiento de créditos a los jóvenes y sus familias con el concurso del Icetex y los bancos. Por último, en materia de familia, implementar programas de prevención del embarazo adolescente (el cual parece responsabilidad exclusiva de las mujeres, según expresó en un debate por televisión) y volver a la urbanidad de Carreño con el fin de recuperar los valores de la familia nuclear.

El proyecto de Petro puede resumirse en tres grandes ejes. En primer lugar, la superación de la segregación, a partir de la puesta en marcha de un conjunto de reformas para alcanzar una paz con equidad y libertad. Esto exige, según Petro, la construcción de un nuevo pacto social y político, con amplia participación de todos los sectores y ciudadanías, para superar la guerra, edificar una justicia autónoma y al alcance de la gente, y de esta manera procurar el buen vivir de los colombianos. En segundo lugar, el fortalecimiento de lo público, premisa que apunta a la construcción de Colombia como un territorio socialmente justo, ambientalmente sano, sustentablemente productivo y con una población que confía en sus instituciones y participa en el fortalecimiento de la democracia y de lo público. Este eje hace énfasis en la garantía del derecho fundamental a la salud de manera universal y equitativa, y a la educación de calidad, pluralista, universal y gratuita. Por último, está el eje denominado cambio climático y uso de tecnologías limpias, que apunta a la implementación de cambios profundos en el modelo económico con el fin de enfrentar la crisis ambiental. Este eje incluye el fortalecimiento de la agricultura, la reindustrialización de sectores estratégicos, la transición hacia energías sustentables y la generación de cambio tecnológico. En este punto Petro se compromete con la superación del extractivismo que, acompañado de la tercerización de los sectores financiero, de transporte y de servicios, ha llevado al deterioro del aparato productivo, industrial y agropecuario nacional, provocando devastación ambiental, pobreza e inequidad.

De acuerdo con lo expuesto (personas/sectores que respaldan a los candidatos y programas políticos) es claro que existen dos proyectos de sociedad muy distintos. El de Duque, que en el fondo es el de Uribe “recargado”, representa a la Colombia de los privilegios, de la desigualdad y la exclusión, y del sostenimiento de la guerra. Se trata de una sociedad que naturaliza la exclusión como un asunto propio de las relaciones entre congéneres, que considera normal la inferiorización del otro por su condición de género, sexualidad, etnia, edad y/o situación de discapacidad, y que promueve la desigualdad como un mecanismo para el crecimiento económico, al asumir que el estímulo a la acumulación del gran capital beneficia por goteo a los pobres. Esta suerte de docilización de los subalternos es una estrategia que sostiene el statu quo y que mantiene intactas las relaciones de poder. En materia de paz, justicia y democracia, siguiendo a Camilo González en la edición del pasado 2 de junio en este semanario, el proyecto de Duque reduciría funciones a la JEP, introduciría penas con cárcel a jefes de las Farc, a la vez que fomentaría la impunidad a los políticos, gobernantes y grupos armados que fueron partícipes o cómplices de los falsos positivos y la desposesión campesina de cerca de diez millones de hectáreas. Este proyecto se apoyaría en una reforma política, centrada en un Estado Comunitario, con un Congreso unicameral, la desaparición de la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia (entidad que adelanta investigaciones relacionadas con crímenes de lesa humanidad contra el uribismo) y la eliminación de la tutela, la consulta popular local y los derechos territoriales étnicos.

El proyecto de la Colombia Humana, representado por Petro y Robledo, plantea otro camino: la posibilidad de construir paz con justicia social desde abajo. Implica reinventar el Estado a partir de la configuración de instituciones justas que garanticen inclusión e igualdad, desde el punto de vista de los derechos y no de los privilegios (tal como lo establece la Constitución Política de 1991). Exige la reconstrucción de lo público como vector de la toma de decisiones, asunto que ubica a los ciudadanos del común como artífices no de un desarrollo alternativo, sino de una alternativa al desarrollo. En este punto el Buen Vivir se constituye en un referente primordial para la sociedad, el cual apunta al equilibrio de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza (conforme a los presupuestos del Acuerdo de Paris sobre cambio climático), y que asume el acceso a los bienes comunes como medio para alcanzar igualdad de derechos en medio de la diversidad y la diferencia. En materia de paz, justicia y democracia, Petro se compromete con la defensa del Acuerdo de Paz y el impulso a los diálogos con el ELN. Se compromete con los puntos pendientes del Acuerdo, especialmente los relacionados con la reforma rural integral, la reparación a las víctimas y la sustitución alternativa y negociada de los cultivos ilícitos.

Los sectores que siguen a Duque – Uribe acusan a Petro de populista, demagogo y provocador de violencia entre clase sociales. Dado que las estigmatizaciones en torno al castro-chavismo se les agotaron, han empezado a decir que su eventual presidencia sería la debacle para Colombia debido a su improvisación en materia de políticas económicas, a sus malas relaciones con las bancadas del nuevo Congreso y a su baja recepción en los gremios, los industriales y el sector financiero. Otros grupos y sectores, en medio de la furia que circula por las redes sociales digitales, han acudido al discurso de las oposiciones, en el que “la gente de bien” está con Duque y los demás (pobres, ignorantes, indios, negros, gais, jóvenes marihuaneros…) están con Petro. En suma, este panorama de descalificación a los no privilegiados da cuenta del nerviosismo de las élites y de los sectores hegemónicos que encuentran en el proyecto de Duque- Uribe la continuidad de sus privilegios, y que observan cómo personas que comparten valores democráticos y preocupaciones legítimas por la convivencia social, por el respeto a los derechos humanos, por la inclusión social de la diferencia, por la defensa de la naturaleza y los animales, y por la construcción de paz con justicia social, cada vez más se suman al proyecto de la Colombia Humana.

Al cierre de esta columna personajes del mundo académico internacional como el premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee, el filósofo y animalista australiano Peter Singer, el economista francés Thomas Piketty (autor de El capital en el siglo XXI) y la intelectual de las ciencias sociales (estudiosa del populismo en el siglo XXI) Chantal Mouffe se sumaron a la lista de quienes apoyan la candidatura de Petro y Robledo. En el ámbito nacional también expresaron su apoyo a la Colombia Humana Antonio Navarro, Clara López, Ingrid Betancourt, Claudia López y Antanas Mockus, sobre la base de un acuerdo amplio por la paz, la justicia y la equidad de sectores democráticos. Sin duda, sería un equipo de gobierno de lujo y una respuesta contundente a quienes sostienen que Petro gobernaría solo. Queda una semana crucial para elegir entre dos tipos de sociedad. Tal vez el tiempo alcance…

Por: Juan Carlos Amador

Profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

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