Rayar los libros

10/14/2019 - 12:22

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No soy de orgias, de tríos. Es más, de vez en vez después de tener sexo me cuesta no decir gracias, realmente lo siento, pero sé que no es apropiado. Y es que el sexo es como leer. Es un acto íntimo, cercano que te enseña y te da placer. Es tan excitante leer un nuevo autor como estar con una persona experimentada en el amor. 

Los libros siguen ganando la batalla pese al cine, la radio, la televisión, internet, redes sociales, Netflix, Spotify y demás.  
 
Estoy leyendo ‘Tríptico de la infamia’ de Pablo Montoya, su lectura me obliga al diccionario constantemente, además a buscar la correcta pronunciación de cada uno de los personajes, busco las pinturas, grabados. Me exige, me cansa, pero me encanta cada vez que termino un capítulo. 
 
Estoy esperando acabarlo para poner mi firma y la fecha con una pluma que solo uso para ese fin, a veces escribo una especie de dedicatoria. Los libros se deben marcar, sin embargo, soy demasiado respetuoso para hacerlo antes de leerlo. Cada texto es una conquista, así que la marca sin leerlo me parece una mentira, una afrenta. 
 
La relación con un libro es lo más íntimo que podamos desarrollar como personas, ante las hojas escritas por un gran escritor estamos absolutamente desnudos y ellos también,  García Márquez, Cortázar, Borges y Foster Wallace al leerlos somos cercanos, tenemos una relación con ellos. Un libro en la comunicación es más preciso que un celular de alta gama, esa conversación está llena de mensajes profundos que recrean nuestra vida, en ocasiones nos la ayudan a entender, asimilar y sobre todo tolerar. 
 
Cada vez que uno toma una obra de literatura ella se transforma porque está viva, haga el experimento con ‘Cien años de soledad’ con ‘El principito’ o ‘El Padrino’ será una lectura nueva, otra carretera a otro lugar que seguramente no conocía. Por miedo o respeto casi no rayo los libros y es un profundo error. A veces recuerdo momentos hermosos que quiero repetir o quiero compartir y no logro encontrar la cita.
El acto de leer un libro rayado es un placer de voyerista, es compartir con un completo desconocido esa frase que revolvió el cerebro y uno tenía que subrayar. Si usted conoce al responsable que evidencia sus sentimientos en las hojas escritas por otro, usted conocerá mucho mejor a ese ser hermoso que además fue tan especial de prestarle un libro. Eso para mí es una orgia, pero literaria. 
 
En la búsqueda de Boris Vian encontré en la Biblioteca Virgilio Barco una edición mal traducida de uno de sus libros, aun así, me lo lleve a casa,  qué sorpresa, estaba rayado hasta más no poder. Aparentemente es de mal gusto rayar un libro de biblioteca, pues es público. Comencé la lectura y rápidamente descubrí que quién rayó el libro fue alguien que sí sabía francés y lo corrigió, además de explicar partes del texto que eran complejas. Fue algo así como una cita de Tinder exitosa. No sabía quién era,  pero me hizo enormemente feliz. Por favor raye sus libros, sería lindo que alguien que usted no conozca como un nieto, él si lo llegue a conocer por los escritos y rayones que hizo en los libros que heredo de usted.   

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