Que la traición sea un acto liberador

02/12/2018 - 03:52

ANDRES VALLEJO RAMIREZ_0.JPG

La alegría y la tristeza son efímeras de lo contrario vivir sería una total desgracia.

En este escrito quiero invitarlos a traicionar, pero que esta traición no afecte sus principios fundamentales en la vida. Pretendo dejar la ética casi tranquila, suena raro, pero sobre todo absurdo, sin embargo, quiero que ese acto sea para mejorar nuestras vidas.

Robar, claro que es malo, pero lo he hecho. Recuerdo con un estúpido orgullo que para los conciertos de Fito Páez y Soda Stereo en el coliseo el Campín terminé en localidades mejores a las que pagué, sí, robé. No debería sentirme bien, pero me sentí de maravilla. En Cine Colombia repito gaseosa, ahí dice claramente que es una vez, pero yo la bebo con placer, sé que no lo debo hacer, soy consciente que lo que cobran es un robo, eso no es una excusa para hacer lo que hago, solo lo hago como una travesura. Esa tonta manera de actuar me hace feliz, les aseguro que no hecho nada más, bueno aquí entre nos, una vez me senté en la silla preferencial con mi madre porque vi la sala casi vacía, fue terrible cada vez que entraba alguien rogaba que no me dijeran nada, no le dije nada a mi compañera de sala. Usted se puede imaginar esa vergüenza de ver a su hijo como un avión de medio pelo, lo juro jamás lo volveré hacer.

Lo que quiero resaltar, robarse un libro de un amigo no es pecado, siempre y cuando usted sea una persona en la que él pueda confiar, que el libro del que usted se adueñó sea un regalo anterior y usted tiene la conciencia que ya lo disfrutó. Además usted debe ser amplio con él, es decir que el hecho de tener ese libro será un vínculo que por siempre los unirá.

La ética es la mejor herramienta para estar en paz con nosotros mismos. Así que quiero ir a lo esencial a lo que denomino “la traición liberadora”, es cierto que no puede importar el qué dirán de nosotros, pero lo que más duele es lo que pensamos de nosotros mismos, desilusionarnos es algo que evitamos, ya que tenemos la suficiente información para juzgar sin piedad.

Por esa razón los invito a ser condescendientes con ustedes mismos, la razón es simple no vale la pena cargar una cruz que no salvará al mundo. Lo que pretendo es simple, baje la guardia y no moleste a quien lo hizo. Por ejemplo, no veo novelas, aunque por principios no lo hacía porque me parecía poco intelectual, ahora lo lamento porque no lo puedo hacer por cuestiones de tiempo. Me da pena no ver la historia de Jaime Garzón y haberme perdido la hermosa producción de los Morales.

Jamás he leído a Paulo Coelho, solo leí un libro de Mario Mendoza, me burlé de mi mejor amigo porque me confesó que le gustó leer 50 sombras de Grey, todo porque intelectualmente son textos supuestamente menores. Por dármelas de intelectual terminé sin criterio para aceptar qué es válido leer lo que muchos juzgan literatura barata, sin ir más lejos me duelen la criticas contra Haruki Murakami, un fantástico escritor que ahora vive la desgracia del circuito intelectual.

Con el cine pasa lo mismo. Hay una presión de ver tantas obras de arte que duele no estar a la altura para disfrutarlas, pero qué diablos! se debe aceptar que hay cintas que son una mamera o por lo menos a mí no me gustaron, me pasó con ‘Los Sueños’ de Akira Kurosawa o ‘El olor de la papaya verde’. Seguro son maravillosas, pero cada vez que las quise ver no me quedé dormido, caí en coma. Me pasó igual con 8½ de Federico Fellini.

Sin embargo, esas pendejadas de ‘Crepúsculo’ las he visto hasta la saciedad, lo peor las disfruto con la conciencia que son producciones ligeras. Me da pena conmigo mismo, pero quien soy yo para juzgar a un pobre pendejo.

Por esa razón, los invitó a disfrutar de las hermosas letras de Ricardo Montaner, a bailar y cantar un reggaetón, sí es lo que de verdad sienten. Lo mismo va para quienes no van solos a cine porque les da pena, pero lo que realmente quiero es que lo intelectual no te quite la felicidad.

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En un rincón: Germán Vargas Lleras, Álvaro Uribe, Alejandro Ordóñez, Juan Carlos Pinzón y el ELN representan el mayor obstáculo para la paz en Colombia.

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