Por una apuesta organizativa para orientar la escena política de los partidos

05/14/2018 - 08:25

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¿Será cierto que Gustavo Petro no le apuesta a lo organizativo en el movimiento que dirige? ¿Es inorgánico al ciento por ciento? y hay que recurrir al planteamiento discurso de Antonio Gramsci, en torno al 'intelectual inorgánico'  para entender porque no le apuesta a lo orgánico que tanto se necesita en la academia, movimientos, partidos políticos y en la misma sociedad.

No ha podido congeniar con sus mismos aliados que han estado de cerca al proyecto político que ha ido conformando desde que estuvo en el Polo Democrático y que ahora encabeza con la 'Colombiana Humana'.

Muchos son los comentarios que se tejen alrededor de la manera como hace la política. Él se cree indispensable para la democracia y para su movimiento. Se necesita conformar un bloque solido que esté trazado por una directriz, organización y cuente con un trabajo político que responda a esos nodos sociales que son los que le dan vida al movimiento, al partido, pero siempre pensado desde la organización, lineamientos, y orientación ideológica. Eso hace posible  la política en los tiempos modernos.

No concibo la política y los partidos  sino  son  dirigidos desde una organización que responda por unos ideales programáticos y  tengan como centro de atención la memoria histórica, que en cierta medida,  no es la verdad. La memoria es infalible, la memoria es subjetiva y es necesaria para hacer las preguntas, tal como lo plantea el padre Francisco de Roux.

Todos los movimientos de izquierda que empezaron a organizarse en las décadas de los años 60, 70 y 80 tenían como razón fundamental la organización, que partía de los cuadros  de estudios  hasta la conformación de cuerpos de trabajos que eran producto de esa construcción de partido y de la organización misma. ¿Por qué se fue perdiendo esa razón de estructura partidista al interior de estos movimientos, donde la disciplina, el estudio y los mismos idearios políticos dependían de esa razón orgánica?

Se recurrió entonces a los líderes, a los grupos, a los mesías, a los héroes y a consignas que desde lo político no dicen nada y no son garantías para el ejercicio de partido y de un movimiento organizado: no se piensa en ese Frente Amplio que puede ser prenda de garantía política en un país que no puede pensarse desde las alianzas y donde cada quien se cree mesías y apóstol para realizar parábolas desde la política. No hay  organización, pero sí existen seudopartidos o empresas electorales que le apuestan a otro tipo de prácticas no sanctas.

Si bien es cierto, que Petro se adueñó de la causa antipolítica, también es valedero el hecho de que toda esa inconformidad y rechazo a esa politiquería se da por los escándalos de Odebrecht, el Cartel de la Toga. La decepción frente a los partidos tradicionales y a las instituciones puede ser la más representativa en los últimos tiempos en Colombia. Ese constituyente primario siente un desprecio por la mermelada, por los congresistas que se hicieron elegir a pesar de su prontuario político y están en contra del Uribismo y el Santismo 'son cucarachas del mismo concolo', como dice el refrán popular.

Frente a esto se ve al candidato Petro como una posibilidad de cambio. Y no exageran ciertos comentaristas que ya le dan el talante y lo comparan con el español Pablo Iglesias del movimiento 'Podemos' y con  el mexicano Manuel López Obrador, podría ser una exageración. Pero ambos políticos tienen a los partidos tradicionales de sus países contra las cuerdas y Petro si se quiere tiene en jaque a esa inmensa mayoría que se mueve con la politiquería tradicional.

Es la alternativa, significa el cambio, político que no ha sido tocado por la corrupción, es el que encarna el otro político, es el que marca la diferencia. Y esa mirada le ha dado toda la credibilidad para volver a reivindicar la plaza pública. Donde quiera que ha asistido ha contado con un lleno total. Unos lo tildan de populistas, otros de neopopulista. Lo cierto es, que convoca, y llena  plazas a partir de un discurso que reivindica la educación, la salud, medio ambiente, derechos a las minorías, y combatir los latifundios improductivos.

Y ha sabido llegar sin esa organización  que nosotros reclamamos, esa que la da vida a los partidos, a lo mejor los miembros de la 'Colombia humana' defiendan el hecho de que ellos si están organizados y lo argumentaran desde cada una de las convocatorias que hacen para llenar la plaza pública.

Con buena oratoria y que otros denominan demagogia politiquera se ha sabido acercar a esos sectores populares y a la gente del común que vive el acontecer de la vida cotidiana de este país. Le viene quitando votos al Partido Liberal, al Polo Democrático y a otros sectores políticos que creen que es la verdadera opción para Colombia.

Le viene apostando a la reivindicación de las figuras legendarias del Liberalismo, como Rafael Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliecer Gaitán y Luis Carlos Galán, reivindicando sus propuestas políticas y de gobierno para unas épocas que hablar de avanzadas y cambios resultaba desconcertante y generaba desconfianza entre las élites políticas que se conformaba por esos tiempos.

 

La realidad política que estamos viviendo hoy en día es una demagogia política, populismo que nos llega de todos los candidatos que aspiran a la presidencia. Unos  con  una organización que cuenta con el músculo financiero, aliadas a la mermelada, con el respaldo de las empresas electorales, el acompañamiento de representantes y senadores pringados de corrupción,  paramilitarismo y con todo el respaldo del capital financiero y transnacional. Esta organización puede desaparecer una vez pase la contienda electoral o queda para vigilar como se da el reparto burocrático.

Petro sin respaldo, sin una verdadera organización partidista que cuente con madurez política en el ajetreo de la misma, pero se alza en las encuestas. Pero muchos seguidores del candidato si reclaman la organización para un largo plazo. Porque si no se da en esta ocasión se necesita trabajar  para la presidencia del 2022, y eso no se podrá realizar y aspirar sino se tiene esa organización partidista.

Si se da todo lo contrario: y gana la presidencia habría que pensar ¿cómo va a gobernar? ¿Desde qué organización política hará sus cábalas para dirigir el país? ¿Cómo gobernaría sino cuenta con la mayoría en el Congreso? ¿Lo dejarían gobernar? ¿Qué presiones recibiría? ¿Y cómo negociaría con las fuerzas mayoritarias en el Congreso? Y pueden surgir muchos otros interrogantes para pensar en una presidencia de Gustavo Petro.

Los utópicos de la política solo pensamos y creemos que un candidato a la presidencia si necesita hablar de organicidad, de orientaciones partidistas, lineamientos. Programas políticos que se socialicen desde un partido que tenga reconocimiento nacional e internacional. Hay que darle el sí a un Frente Amplio, donde quepan todas las tendencias políticas. Y  como organización política viva y se sienta al país en el corto, medio y largo plazo. Esta actividad partidista le da vida a un partido progresista, democrático, incluyente y diverso.

Creemos que la experiencia en la Alcaldía de Bogotá: no le debe permitir cometer más equívocos en la planeación, dirección y administración de los asuntos públicos, políticos, comunitarios y democráticos.

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