Plaza de la Perseverancia (no soy un hípster)

10/28/2019 - 10:19

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Acepto que me gusta el hot jazz, pero no tengo idea del género. Me encantan los vinilos, pero los pocos que tengo están en una caja perdidos en el estudio del apartamento porque no tengo un tornamesa, ahora prefiero disfrutar de Spotify. La verdad, el bolsillo no me da para lujos.

Cuando viví en el barrio La Macarena para mí era imposible pagar una cuenta en los restaurantes vecinos ‘Al Patio’. Hace años que voy a La Perseverancia a la hora del almuerzo, la principal razón es el precio, sin embargo, la cultura hípster me obligará a cambiar a un restaurante con menú ejecutivo.

Un almuerzo que valía siete mil pesos, ahora el promedio es de 15 mil, cuenta que aumenta considerablemente en caso de pedir una Coca – Cola o de pagar con tarjeta débito.

Cada vez más gente linda va a la plaza, es imposible un lunes alcanzar un ajiaco o un fin de semana encontrar una silla, además los youtubers aumentaron el prestigio del lugar, beneficiando a los restaurantes, pero afectando a los antiguos comensales.

No sobra decir que estoy lejos de pagar una cuenta en un restaurante de gama alta, pero esos clientes que sí, ahora aprovechan la variedad y la diferencia de precios que ofrece la galería. Me gusta que Bogotá sea turística, pero siento que con un acento argentino, español y ni hablar de una pareja europea se lleva la mejor atención del servicio.

El restaurante con el mejor ajiaco de la perseverancia es uno de los más perseguidos, voy tercamente porque entrevisté a la cocinera principal y ella me invito a ir, no quiero un descuento, pero si que me haga sentir especial. El día de las elecciones volví una vez más tras una desilusión, el plato se demoró más de 15 minutos, al llegar me gustó la presentación, pero lamenté lo pequeña que era la porción de carne, lo peor estaba fría. El sabor insípido me obligó a pedir sal, la cual nunca llegó.

El otro interrogante es al pagar, el sitio parece una especie de San Andresito en el que todo el mundo ofrece y lo lleva a su lugar y te queda la sensación que en este tramite el que te lleva cobra un poco más del plato. Un aviso de la administración que invita a poner una queja en caso de que la cuenta sea muy alta, aumenta esa sensación de que el que atiende por derecha cobra su servicio. Pero no es una sola percepción, hace un par de meses al acercarme al pagar mi cuenta al restaurante, descubrí que el valor fue menos que lo me cobró la persona que me atendió.

En otra ocasión contaré la triste historia de la sopa fría, mientras llovía y yo comía con mi espalda mojada. No todas las modas son agradables, algunas afectan la economía de los comensales que se dan un lujo de vez en vez con un almuerzo ejecutivo.

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