Pinceladas Retóricas

11/08/2017 - 05:04

José David Lamk Valencia

Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa qué exhibir.

[Honoré de Balzac]

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO VANIDAD

La Real Academia Española de la lengua define vanidad, en una de sus acepciones, como “arrogancia, presunción, envanecimiento” y me pregunto si la forma como se hace la política en Colombia, no es ni más ni menos que la expresión de la arrogancia y el envanecimiento de nuestros políticos que no han aprendido a respetar el pensamiento del otro.                                                                                                               

La pugna entre unos y otros se centra en una guerra de “egos” y no en un enfrentamiento de carácter ideológico, que tenga como objetivo la redefinición del modelo de democracia que queremos tener, que contribuya a la eliminación de los vicios y falencias de nuestro sistema de gobierno por cierto fallido en lo político, en lo social, en lo económico y por qué no en lo moral.

Al escribir estas PINCELADAS, no me refiero al Centro Democrático, a la Alianza Verde, al Polo, al partido Liberal o al conservador, o a Cambio Radical o al partido de la U o a cualquiera de los otros movimientos que integran la política colombiana; porque como dicen por ahí, que entre el diablo y escoja.

Tampoco me refiero al Doctor Vargas Lleras, al Doctor Uribe o a los doctores Fajardo, De La Calle, Pinzón, Duque o a las doctoras López, Ramírez, etc.  etc. Así mismo que entre el diablo y escoja.

Todos a una, son la expresión de un estado fallido, de una democracia que se tambalea, de unas instituciones que fracasaron, como consecuencia de la indiferencia de los ciudadanos, la venalidad de los funcionarios, la miopía de los políticos, es decir de la vanidad de los que debieron ser humildes

Lo cierto de lo que pasa en Colombia, es que se habla mucho del peligro que significa las FARC como partido político, del peligro de caer en un sistema de gobierno como el venezolano, pero no se habla del gran peligro que significa la debilidad de las instituciones sociales, civiles políticas y de justicia, corroídas por la venalidad, la inmoralidad, la pérdida total de la ética y la moral.

Es difícil entender que no se comprenda que el principal enemigo de la democracia como la conocemos somos nosotros mismos; es difícil de entender que en lugar de debatir sobre la realidad colombiana y sus posibles soluciones, solo se monte un circo de vanidades que impide buscar las soluciones reales a los problemas reales, porque solo importa el ataque a las personas, más que a sus ideas.

Entre tanto las FARC conscientes de la debilidad de nuestra sociedad, ha rectificado su estrategia inicial y busca lanzarse al ruedo de la política con sus cabecillas más importantes; en este estado de cosas es muy posible que el miedo de los ciudadanos y la vanidad de nuestros políticos, de paso a “la audacia de los comandantes”.

Es difícil de entender que no se comprenda que “estamos durmiendo con el enemigo” que no es necesariamente las FARC, si no quienes dicen ser nuestros representantes, nuestros líderes, nuestros políticos sin discriminación de partido, nombre o tendencia.

¿Acaso la vanidad de nuestros políticos, la indiferencia de los colombianos que votan y la debilidad de nuestras instituciones, darán paso a la “era de los comandantes”, que convencidos de que ganaron la paz, sin ganar la guerra, se pavonean vanidosos, soberbios, desafiantes por la arena de la política colombiana?

Dicen por ahí que el que no espera vencer está vencido y parece que eso es lo que nos está pasando a los colombianos; nos sentimos emocionalmente derrotados por el “clan de los comandantes” sin que sintamos que no somos, no seremos, una nación sometida por la audacia de unos pocos que muestran cada día más su soberbia y arrogancia y que creen que millones de colombianos no seremos capaces de “poner un alto a sus pretensiones.

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