Pinceladas Retóricas

08/31/2017 - 11:35

José David Lamk Valencia

La política es el arte de servirse de los hombres, haciéndoles creer que se les sirve a ellos

[Woody Allen, 1935- director de cine y escritor]

Especulación, ficción o realidad

La situación de corrupción de Colombia y su impacto en las instituciones, ha llegado a tales extremos que, me atrevo a asegurar que estamos viviendo una situación parecida a la Venezuela pre chavista, que condujo a la destrucción de la precaria democracia de ese hermano país.

Si bien es cierto que nuestra historia democrática es mucho más extensa en tiempo y profundidad que la venezolana, no es menos cierto que estamos en una coyuntura política que no sabemos a dónde o a qué nos pueda conducir.

En mis escritos anteriores, afirmaba que la izquierda colombiana, reforzada por la presencia política del partido de las FARC, podría acceder al poder en unos 12 a 16 años sin embargo, el extremo a que ha llegado la corrupción y la torpeza de los partidos políticos es tal, que se está abonando el terreno para que el discurso populista de un Gustavo Petro, cale entre el pueblo y abra las puertas a un nuevo modelo de estado caracterizado por la destrucción de todo concepto de propiedad privada y cuyas características predominantes serían un extremo autoritarismo y la estatización de los medios de producción, como forma de evitar lo que se ha dado en llamar ‘la acumulación egoísta’, destruyendo el modelo político que existe en el País, que no por cuestionado deja de ser la punta de lanza de la democracia colombiana.

Pero lo que puede llegar a pasar no solo sería consecuencia de la corrupción política y de la desinstitucionalización del país, sino de la absurda indiferencia de una sociedad permisiva, sin capacidad para imponer algún tipo de sanción social, que se acostumbró a la ‘cultura del atajo’ y que se está auto suicidando como el mito de los ‘lemmings’ roedores que se suicidan en masa arrojándose al mar.

Cómo duele ver que el país que creímos construir para nuestros hijos y nietos es una gran mentira, es algo así como un gran castillo de naipes que se derrumba con el soplo de la inmoralidad, la deshonestidad, la impunidad.

Este gran tsunami moral ha hecho que los partidos políticos en crisis ya ni siquiera gocen de la confianza de los candidatos a la presidencia de la República, extraño divorcio que se refleja en la tendencia de los aspirantes a la presidencia de acudir a lo que la columnista Laura Gil llama la firmocracia, que al aval de los partidos en donde hicieron su vida política.

Política y justicia, pilares de la democracia, han sido erosionados de una forma tal que no solo el pueblo ya no cree en ellos, si no que los mismos políticos prefieren ‘hacer tolda aparte’ que arriesgarse a que se les identifique como miembros de los partidos que contribuyeron a su formación (¿deformación?) política.

La crisis que origina la actual desinstitucionalización está llevando al país, casi que inevitablemente, a que el populismo de izquierda, como el de derecha, tengan la mayor opción de gobernar en las próximas elecciones. Esta posibilidad, de concretarse, es la puerta de entrada al autoritarismo. Entonces, adiós democracia.

Estaremos ad portas de la apertura hacia una “sociedad más abierta” y a una nueva forma de la política: ¿la democracia participativa, o en otras palabras hacia el socialismo del S. XXI?[1]

BOGOTÁ, D.C.

Agosto [15-30] 2017

NOTA: Al escribir estas PINCELADAS, se realiza el Congreso de las FARC como partido político. Una vez se conozca cuál es su Plataforma político-ideológica y su consecuente estrategia electoral, produciré unas nuevas PINCELADAS.

 

[1]Heinz Dieterich Steffan: El socialismo del Siglo XXI

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