Pinceladas Retóricas

03/12/2017 - 21:30

José David Lamk Valencia

Nunca dudes que un pequeño grupo de personas comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado.

[Margaret Mead, antropóloga cultural estadounidense, 1901-1978]

Chocó, Guajira y Buenaventura, constituyen lo que se puede llamar el triángulo de la vergüenza en Colombia.

En común tienen que son regiones con una riqueza potencial enorme; que son regiones en las que la corrupción ha destruido los más elementales conceptos de la gobernabilidad, y la vulgar expoliación de su riqueza ha condenado a sus habitantes a condiciones de miseria, de una manera tan contundente que ha hecho que se conviertan en sociedades sin dignidad, sin capacidad para luchar, para expulsar el cáncer que los carcome, de crear futuro.

Son frases duras que seguramente algunos de los que me leen pueden descalificar, pero son frases que describen una realidad que debe avergonzar a todos los colombianos.

Si no somos capaces como sociedad de reaccionar en contra de los corruptos; si como sociedad seguimos siendo tolerantes y simples espectadores de realidades que ofenden a cualquier sociedad que se respete, estaremos abonando el terreno para que surja un nuevo modelo de sociedad que entronice el populismo y la demagogia como pilares de una nueva forma de gobernar que nos conduzca por caminos ya recorridos de manera infructuosa por otras sociedades similares a la nuestra, por otros países con las características del nuestro y que han pasado indefectiblemente de una gran ilusión colectiva a una profunda frustración.

La lucha contra la corrupción, no la pueden dar los estamentos de nuestra sociedad que, por acción u omisión, han patrocinado que Colombia sea un país en el cual la corrupción le “saca de las manos” al resto de la sociedad algo así como $59 billones de pesos anuales; que, de alguna manera, han sembrado a las regiones más deprimidas del país, de obras inconclusas, con miles de millones de pesos “botados a la basura”, que han condenado a la desnutrición, a la muerte por falta de tratamientos médicos oportunos y adecuados a miles de colombianos, niños, jóvenes adultos y adultos mayores.

En otras palabras, la institucionalidad colombiana ha sido permeada por la corrupción y no tiene las herramientas para luchar contra ella, es por eso que hay que crear una nueva institucionalidad que debidamente empoderada y organizada, puede suplir las falencias que tienen nuestras instituciones para desmontar el monstruoso aparato corrupto que se insertó en nuestra sociedad.

Parte de esa nueva institucional podrían ser estos dos instrumentos: uno, de carácter multilateral y otro de carácter nacional y regional, pero con apoyo internacional:

1.-  Comisión Internacional de Lucha contra la Corrupción y la impunidad.

Para esta solución, el gobierno colombiano, debe acudir a un organismo multilateral, como la OEA o la ONU, para solicitarles la integración de un equipo de investigadores con experiencia en la lucha anti corrupción, provenientes de países que han combatido este flagelo con éxito o, que tengan una política anti corrupción eficaz.

El modelo a seguir es el de la CICIG [Comisión Internacional contra la impunidad de Guatemala], que ha logrado importantes avances en la lucha contra la corrupción en ese país.

2.- Agencia Nacional para el desarrollo de regiones marginales

Ante la corrupción rampante de algunas regiones del país (Guajira, Chocó, Buenaventura, Casanare, etc.), en las que no es la falta de recursos lo que las ha condenado a la condición de regiones de una especie de inframundo, si no la corrupción desmedida y la incompetencia de sus comunidades para neutralizarla y eliminarla, esta agencia tendría las funciones de identificar, planear, ejecutar y hacer seguimiento a planes específicos en Salud, educación, e infraestructura.

Esta agencia nacional, tendría Agencias Regionales integradas por personas de la región de reconocida probidad y, especialistas en desarrollo del orden nacional, que podrían ser funcionarios del Departamento Nacional de Planeación. Los representantes regionales se escogerían por concurso de méritos, adelantado por una empresa especializada o por un comité de la ONU o la OEA constituido para el efecto.

Esta Agencia trazaría y ejecutaría planes regionales con umbrales de cinco años, cuyos recursos provenientes de las regalías, estarían garantizados.

La ejecución de las obras se adjudicaría mediante concurso con la participación de más de tres proponentes y los pliegos serían elaborados por los miembros de la agencia, con la veeduría de una comisión internacional (OEA, ONU).

Claro que estas ideas parecerán locas para algunos, para otros será una especie de claudicación y para unos terceros será entregar la autonomía regional en manos de terceros, pero cuando la corrupción y la impunidad están tan arraigadas como lo están en nuestro país, pues hay que tomar medidas extremas para lograr extirparlas de nuestra sociedad.

Todo lo anterior, debe ir acompañado de una revisión de los currículos y contenidos de la educación básica, para incluir no solo materias como la ética, los valores, el sentido de pertenencia y el emprendimiento, si no para definir un perfil de un nuevo hombre colombiano, gestado desde las aulas de clase de la educación básica, que es en donde se forma a los ciudadanos del futuro.

El papel de la familia, otrora el eje de la sociedad y gestora de los principios y valores en los niños, semilla de la sociedad del futuro, será tema de otras PINCELADAS.

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Este es un espacio de opinión que trata diversas temáticas. Las expresiones de los autores  son responsabilidad exclusiva de estos; los espacios destinados a este fin por LAUD 90.4 FM ESTÉREO no reflejan la opinión o posición de la emisora.

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