Narrar los hechos de tortura para que no se repitan en el país

08/08/2016 - 10:46

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Cuando leí la entrevista publicada en el diario El Espectador el día 2 de agosto de 2016, al magistrado Eduardo Castellanos del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, realizada por el periodista Juan David Laverde Palma, quedé en un estado de perplejidad por las respuestas que dio el entrevistado sobre la tortura empleada por los grupos paramilitares en las diferentes regiones donde operaban a diestra y siniestra. 

El magistrado manifestó que en el estudio de clasificación y discernimiento jurídico se encontrarán 32 formas de torturas, es todo un hecho inédito en la historia política y jurídica del país. 'El corte de franela' que fue un proceder bárbaro entre el enfrentamiento que sostuvieron las bases campesinas de los partidos liberal y conservador, es un mínimo acto sanguinario, frente a lo que expone el miembro del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá. 

Un país que vivió y sigue viviendo hechos de violación de los derechos humanos debe y tiene que conocer estos actos criminales para que no se repitan y mucho menos para que no se atente contra la vida y el bienestar de nuestros pobladores tanto en el campo como en la ciudad; o que son las casas de ´Piques' que se dan no sólo en Buenaventura, sino en Bogotá y en otras zonas del país donde sigue vigente la influencia de ese viejo para-militarismo que hoy se hace llamar eufemísticamente 'Las Bacrim'. Picar con un machete, hacha, o moto-sierra, es un acto que nos hace entender que la humanidad ha fracasado en esa lucha que lleva miles de año por acabar con el crimen, la tortura y el exterminio de la humanidad. 

Los grupos paramilitares para perpetuar este tipo de actos contaron con el respaldo y apoyo de militares, caciques políticos, terratenientes, empresas dedicadas al cultivo del banano, ganaderos, palmeros, arroceros, y simpatizantes que creyeron que estos grupos de justicia privada eran la solución definitiva para erradicar todas las contradicciones sociales, económicas, políticas y con el despojo que se estaba dando en el campo. Todo esto terminó radicalizando ese periodo de 1994- 1996. 

Frente a todo esto debo citar el libro de Gustavo Duncan, titulado: ´Los Señores de la Guerra: de paramilitares, mafiosos y autodefensas en Colombia', cuando dice "El propósito de un ejército privado es que su capacidad de producir violencia o la arremetida de usarla disuadan al resto de los poderes locales de aceptar un orden social conveniente a su jefe, al señor de la guerra. En ese sentido, dicho ejercito es ante todo un aparato de violencia que se enfrenta a dos tipos de misiones: el combate contra otros aparatos de guerra- fuerza de seguridad, guerrillas y facciones rivales de autodefensas en el territorio bajo control, que son las funciones policivas y de inteligencia con el propósito de garantizar la lealtad de la población. 

La tropa rasa recluta, se entrena y se mantiene para cumplir esos dos objetivos. Su tamaño, su costo de dotación y mantenimiento, su armamento, e incluso su especialización están dadas por la naturaleza de los requerimientos de combate y de vigilancia territorial". 

Desde esta estructura económica, política y militar se movieron todos los frentes de los paracos; se organizaron y diseñaron todo un organigrama del miedo, terror, masacres y de asesinatos colectivos como individuales. De allí que estas 32 formas de torturas no surgieron de lo abstracto ni por acto de magia, sino de actos conscientes y reales para matar a todos aquellos que estuvieran contra su modo de actuar, y no simpatizaran con un régimen político que gobernó durante ocho años. 

El magistrado Eduardo Castellanos respondió así "Todas son altamente degradables y reprochables. Por ejemplo, la utilización de reptiles en el bloque Vencedores de Arauca, concretamente de culebras cascabel para que mordieran a las personas. Eso es espeluznante. Un postulado de ese bloque contó que solía llevar consigo una bolsa donde tenía un par de serpientes cascabel y cuando por alguna razón le entregaban a víctimas para que fueran asesinadas, entonces él les preguntaba: ¿"Usted como quiere morir? ¿Aquí mordido por esta culebra o lo ahorco? Las víctimas, en un par de casos, le dijeron: "No, yo prefiero morir ahorcado". Y los ahorcaban. Imagínese eso, ponerse en la piel de las víctimas. 

La tortura fue connatural a todos los bloques paramilitares. Algunos optaron por asfixiar a sus víctimas con bolsas, otros las mutilaciones, otros los choques eléctricos..... El jefe paramilitar del Magdalena Medio Ramón Isaza tenía una isla sobre el río Magdalena, cerca de Puerto Berrio, y lo usaba como especie de un reformatorio. Allá enviaba a los paramilitares indisciplinados y los torturaba....Alías el ´Loro' cuenta que una de las maneras de someter a las víctimas consistía en ubicarlas en una silla, atarlas de pies y manos y sumergir una toalla en sal de ganado y agua y luego ponérselas en la cara. Es de imaginar que cuando las víctimas intentaban respirar absorbían  por su nariz, el agua con sal, lo que les ocasionaba gravísimas quemaduras en sus vías respiratorias. Creo que el sufrimiento y la desesperación de las víctimas era indecible". 

La tortura de tres décadas no es solo para leerlo desde la literatura sino que estos actos estén permanentemente en la memoria del pueblo colombiano, que se conozcan todos estos hechos, que los medios de información los cuente y los narren para que sea posible una memoria no solo de duelo, sino que sea un acto generador de conciencia y de pertinencia, donde no solo las victimas lleven sobre sus hombros el peso de esa guerra fratricida y descarnada, sino que todos los habitantes de Colombia digan no más violencia, sí a la reconciliación y un sí a un mejor vivir, donde no falte la educación, la salud y la tierra para sembrar. 

Y quiero terminar este aporte citando al Padre Francisco de Roux, cuando en esa lucha incansable que emprendió por la paz, escribió en el año 1999 "Si hubiera hoy en este país un puñado de mujeres y de hombres decididos a parar la violencia y la guerra, que nos cobran cada día decenas de muertos y miles de víctimas, y si este grupo se levantara decidido a hacer realidad el ¡basta ya!, sería posible la paz. 

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