In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato

12/03/2018 - 10:49

Arminio del Cristo.jpg

Última Entrega.

El escritor David Sánchez Juliao siempre lo relacionó con el diablo. La gente hacia trascender leyendas en torno a episodios que rodearon su vida. Lo cierto es que su fama volaba y su grandeza no tenía límites. Por eso se decía que Alejo no estaba solo, que estaba 'asegurado' y que sabía 'sus vainas'.

Quienes le conocieron de cerca sabían que él en el fondo era supersticioso y que aprisionado en esta sugestión conocía oraciones, secretos y brujerías, creyendo algunos que esto realmente era algo que lindaba con lo demoníaco.

Muchos afirmaban que estaba acompañado de un espíritu invisible, y que si no hubiera sido así, no hubiera podido soportar horas y horas tocando magistralmente el acordeón, sobre todo en sus últimos años, en los que seguía siendo un potro cerrero en las tarimas.

Sabía que un artista de fama como él, tenía su vida expuesta a los peligros y que este le daba enemigos gratuitos, personas envidiosas que gustaban usar maleficios para hacer daños a sus rivales.

Que por este temor supersticioso guardaba amorosamente unos escapularios que perfumaba con jumo de anamú, esa planta que sirve para curar enfermedades según dicen los Emberá del alto Sinú.

Antes de empezar su toque, registraba con su vista el entorno, se fijaba en el público, en los otros acordeonistas, como tratando de descubrir un soterrado rival, y rezaba en voz baja oraciones y sortilegios. Para tener ágiles su manos se sobijaba las coyunturas de sus dedos con manteca de lobo pollero.

Era bueno a los puños, a las buenas era bueno y pacífico, pero quienes se atrevieron a enfrentarlo, sintieron una aplanadora que les caía encima, por eso se creía que cargaba pedazos de piedra de ara, ese talismán de los buenos peleadores.

Otros afirman que por lo menos una vez al mes, sahumaba su acordeón para purificarla, para que oliera bien y para que los pitos y los bajos regaran de aromas el ambiente cuando interpretaba el instrumento.

"Vaya a usted, si esto era verdad o solo invento,-decía Guillermo Valencia Salgado. "Lo cierto es que las mujeres se enloquecían por él, y que su cuerpo parecía que estaba suspendido en el aire cuando asumía esa parada marcial e imponente, en la ejecución de su pedazo de acordeón".

El mismo 'Goyo' recuerda que una vez se encontró con una mujer, quien sorprendida le dijo: "En una ocasión lo tuve cerca de mí y una sensación rara me estremeció, como si estuviera amarrada por el negro. No sabía que me pasaba, sentía que me desvestía, no le sostuve la mirada, entonces me quede como abobada con su diente de oro y sus labios que cantaban; agache la vista hasta sus dedos ágiles, rudos, que hilvanaban la música, y la última mirada que hice, más hacía abajo...fue derecho a su esencia, no sé por qué.

Alejo nunca fue embrujado, nunca le paso nada, y eso que como decía él, se topó con acordeoneros rivales que, en procura de arrebatarle su fama, le echaban secretos y rezos maléficos. Contaba que una vez sí estuvo seriamente en peligro y fue en una población del bajo Magdalena. Decía que era una noche clara y llena de estrellas, y cuando ya estaba en la mitad de su toque llegó de pronto un acordeonista mulato, más claro que moreno, de ojos zarcos, que traía un acordeón de raro aspecto colgado en su hombro izquierdo y el cual, apartando gente, se le situó de frente en actitud retadora.

Él por su parte, lo vio llegar y en ese momento sintió un viento frío que se le metió en las manos y le agarrotó los dedos. "Yo interpretaba en ese instante un porro de Nafer llamado 'A orillas del Magdalena'. Y francamente no supe qué me pasó, los dedos no me acompañaban parecía como si me hubieran congelado.

Yo para estos toques de festivales usaba una sortija que un brujo de Tucurá, en el alto Sinú, me había rezado diciéndome que mientras la llevara puesta, ninguna maldad me iba a caer. El público estaba sorprendido porque yo no interpretaba correctamente los compases del porro que tocaba. De pronto mi sortija se reventó en varios pedazos y el maleficio paso dejando un olor de azufre concentrado".

Alejo afirmó que si no hubiese tenido esa aseguranza, posiblemente hubiera muerte. "Pero fíjate tú- sigue narrando todo fue malo esa noche. El maleficio pasó y yo amanecí entre los brazos de una quinceañera nativa de Ayapel".

Alejo realmente no era brujo, pero sabía 'sus vainas' y con sus cosas y sus canciones, él ayudaba a los jóvenes que iban en busca de secretos para enamorar. Sacaba su acordeón y rápidamente hacia un registro melódico y decía: "En este pedazo de acordeón está todo el secreto del amor. Así que, muchachos, aprendan a tocar este instrumento..."

Cuentan sus amigos íntimos que Alejo sabía cuándo se iba a morir, porque había empezado a escuchar campanitas de sonidos melodiosos dentro de él. Pasaron tres semanas y en el Festival de Chinú, donde fue invitado de honor, las oyó muy fuertes. Y esta vez ellas hacían ecos en sus oídos, rasguñándole el alma.

Alejo murió varios días después y desde su fallecimiento, dice la gente que a medianoche se oye sonar un pedazo de acordeón en el cuarto donde él acostumbraba a hacer su siesta. Cuando el hombre muere, el mito se potencializa en sus dimensiones. Alejo murió dos veces. Los dos momentos son narrados magistralmente por Julio Daniel Chaparro en sus crónicas.

Con este sentido homenaje he querido tributarle un reconocimiento al maestro y al razonero que naciera en el 'Paso' un 9 de febrero de 1919. El Negro Alejo, quien vivió en Barranquilla, Magangué, Montería, Sahagún y Planeta Rica. El próximo año se estará celebrando sus cien años y por todo esto he querido adelantarme a este celebración. "El Rey Alejo... merece el título de Adelantado, por haber nacido un año antes del límite de su propia generación".

Lea también: 

In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato (Primera parte)

In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato (Segunda parte) 

___________________________________________________________________________________________

Este es un espacio de opinión que trata diversas temáticas. Las expresiones de los autores  son responsabilidad exclusiva de estos; los espacios destinados a este fin por LAUD 90.4 FM ESTÉREO no reflejan la opinión o posición de la emisora. 

Share this