In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato

11/25/2018 - 14:23

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Segunda entrega.

El filósofo Antonio Mercado Flórez, plantea que el autoconocimiento de estos pueblos proviene del desciframiento de su existencia, esto es, la relación del hombre con el mundo, del hombre con el otro hombre, del hombre con su interioridad y del hombre con Dios. Esa es la esencia del mito.

Es esta relación donde las canciones que Alejandro Durán interpreta se convierten en identificadoras de los sentimientos individuales y colectivos, y la gente siente que los elementos que él portaba potenciaban sus símbolos de identidad. El sombrero vueltiao que usaba, y que no quería que lo fotografiaban sin él, adquirió otra dimensión sobre su cabeza.

Esto hizo que la gente se preguntara de dónde venía. Fue entonces cuando se difundió que era del Sinú, y que la comunidad Zenú lo había inventado con elementos de cestería para cubrirse de los soles caniculares del ardiente trópico.

El acordeón en sus manos fue más grande: parecía que tenía más porte y categoría. El 'Festival de la Leyenda Vallenata' que arrancó en 1968 con Alejo Durán como Primer Rey y para Consuelo Araujonoguera esto fue un signo importante que determinó la buena estrella que siempre ha tenido el certamen. 

Así como el rey Midas convertía en oro las cosas que tocaba, Alejo tocaba canciones para cambiar el oro por los sentimientos y contribuir con ello a descifrar la existencia.

Juan Gossaín sostiene que Alejo no era el mejor acordeonero de su época, que su magia, lo que lo convertía en una leyenda cuando todavía estaba vivo, lo que lo hacía insuperable, era su alma, el cariño que le ponía a la canción. Y a esto hay que agregarle todavía más: su don de gentes, el mensaje que trasmitía, la manera sencilla de comunicarse, su permanencia en la amistad, la seriedad de su palabra empeñada, todo lo cual, en su conjunto, hacía de él una persona admirable.

Guillermo Valencia Salgado, afirmaba que esa atracción muy personalísima del maestro Alejo Durán se debía también a la forma peculiar de vocalizar sus canciones. Daba la impresión que él se sentía feliz cuando ubicaba su obra musical en una semipenumbra entre el grito y la melodía, que producía en el oyente un sentimiento telúrico que hundía sus raíces en la misma tierra, sucia de polvo caminero, de suspiros y ahogos, de sexo alborotado.

La interpretación que hacía de 'La hija de Amaranto' nos daba la impresión que ella, la niña, llegaba vestida con solo retazos de telagloria y percal. La mejor manera de expresarse el mito como memoria viva de los pueblos, es a través de la música. Durán abarcó todos los temas sobre los que gira la sociedad, de tal manera que cada cual encuentran en ellos una explicación a su mundo.

Él vino de paso, con esa misión, y en su persona se fundían el compositor, el vocalista, el intérprete, llevando el mensaje de una región, de lo que se vivió en su época y de la historia cantada a través de los cantos.

En Alejo el mito, han empezado a beber el arte, la poesía, la literatura, la pintura, la fotografía; la música, el cine. Su presencia ya es símbolo y su lenguaje trasmite no sólo sentimiento, sino que invita a que se le estudie, a que se le intérprete y se proyecte como centro de cultura e identidad de un pueblo.

Alejo Durán el mito, nos permite soñar y con este sueño podemos trazar un derrotero a los elementos culturales terrígenos que requieren una razón de ser para su conversación y progreso. La música vallenata es uno de ellos.

Con relación a los versos de sus canciones, Alejo además de cronista, es una poeta sutil donde los versos llevan el mensaje de un amor no compartido, por ese teje la canción, con asonancias extraordinarias como: ¡"Ay, si fueres para Ayapel/, llévame este papelito/. Cuidado lo vas a ver/, que está lleno de caprichos".

La historias anónimas que se han venido trasmitiendo, los cultos, la religiosidad, la existencia del mundo, la razón de ser del comportamiento humano. Todo esto forma parte del compromiso del hombre para un adecuado estudio de sus orígenes y la proyección de la sociedad en que vive.

Esto lo hace apoyado en el mito; aquí es donde las composiciones y la música de Alejo serán un adecuado soporte para socializar los conocimientos y hacer agradable la lectura en el trabajo pedagógico y en la reafirmación de la identidad. La narración histórica de algunos hechos de la vida de Alejandro Durán, está salpicada de fábulas contadas por él o sus amigos y conocidos.

Como no existe una verdadera versión de la verdad, ni el propósito es encontrarla, se recurre al reforzamiento del mito en dos sentidos; por un lado, para quienes lo interpreten como desmitificación, Alejo seguirá siendo un mito con las versiones propias que cada cual desee darle; y por el otro lado, quienes lo conocieron y certifican que los hechos contados sobre la vida de este hombre están aquí y que por el contrario faltan otras, entonces el mito adquiere mucha más vigencia y legitimidad.

No es él, Alejandro, un hombre común con su acordeón común y que canta simples canciones amorosas, sino que fue el cronista, el comunicador de la provincia quien describió paisajes, sucesos, amores, usos y costumbres con una magia tal que su obra además de ser una canción es un periódico cantado que recoge la cotidianidad de la provincia.

Es el juglar, el coplero, el creador de mitos, y a su vez. el mito que organiza historias para que la memoria colectiva recuerde toda esa riqueza folclórica saturada con pringos geniales que hoy nos obliga a decir: ¡Alejandro Durán es el Homero del Caribe colombiano!

Lea también: In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato (Primera parte)

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