In Memoriam al negro Alejo, una leyenda en el universo vallenato

11/18/2018 - 20:27

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Primera Entrega.

Este jueves 15 de noviembre del 2018 se cumplieron 29 de años de la partida del primer Rey de la Leyenda Vallenata y el que le dio la dimensión histórica al citado festival, Gilberto Alejandro Durán Díaz. 

Y el próximo 9 de febrero del 2019 se van a conmemorar los cien años de su natalicio. Hay que recordar que Alejo nació en el año de 1919, en ‘El Paso' perteneciente por esa época a la antigua provincia del Magdalena.

Mediante la Ley 1860 del 1 de agosto del 2017 se sancionó el reconociendo que le tributa la Nación a este cantautor de la música de acordeón, de igual forma, se declara el 'Festival Pedazo de Acordeón' como Patrimonio Cultural de la Nación. 

Para conmemorar los 29 años del fallecimiento del "Negro Alejo" voy a tomar un artículo del libro 'Alejo Duran, su vida y su música', de la editorial, Domus Libri, que escribí a cuatro manos con el pedagogo, Albio Martínez Simanca y que titulamos 'El Mito y el hombre'.

Varios años después de su muerte, más de un transeúnte que pasa por Planeta Rica (Córdoba), en noches de vela. y sin que tenga noticias de parranda alguna, asegura ver al negro Alejo, rompiendo el silencio y la oscuridad con las notas sentidas de su acordeón.

! Hace milagros ¡dicen unos; otros aseguran que concede peticiones y que más de uno ha solucionado su problema económico pidiéndole a Alejo. El más pícaro afirma que invocándolo le ayuda a conseguir mujeres. 

Lo cierto es que su tumba es visitada continuamente y mucha gente se detiene en el cementerio a elevar una plegaria o a pedirle un favor. Allí le dejan presentes, flores, monedas y le encienden velas en señal de veneración, respeto y cariño.

Sus amigos siguen celebrando el 9 de febrero, fecha del aniversario de su nacimiento, en su compañía. Se reúnen, prenden los equipos de sonidos, toman trago y festejan con Alejo presente.

La magia de estos hechos de profundo contenido espiritual, nos permite entender la identificación de un pueblo con el lenguaje que propagó a través de su música. Es el mito vigente en sus actos, en sus vivencias y el que alegra el espíritu cuando los motivos son para celebrar.

Ya no solo escuchan al hombre cantando, es el hombre y el mito fundido en un solo ser ultra dimensional, el que les ayuda a que se cumplan los deseos, se satisfagan los gustos, se sosieguen las ansias, las nostalgias, los quereres. Es a través de la fuerza de los mensajes contenidos en sus cantos como discurren los lamentos, la picardía, los amores y las ganas de vivir. Entonces la existencia tiene validez y las cosas adquieren su razón de ser.

Por eso el viajero y el trashumante se identifican con sus corredurías, con la forma de vida que el "Negro" tuvo; el mujeriego tiene un espejo donde mirarse y con su ego dilapidado busca y rebusca nuevos quereres; el vaquero sinuano, el coleador llanero y el ancestral enlazador del Magdalena Grande, siguen con sus cantos arreando reses y sacando trapazo a los novillos.

En Corozal (Sucre) un matarife que cargaba el disco del brazo, se arruinó escuchando, sin descanso durante un mes 'La Cachucha bacana'; en Lorica (Córdoba), un bohemio desconsolado tomó trago una semana, en una cantina, al pie de una traganíqueles poniendo sólo a 'Fidelina', el paseo que identificaba sus pesares y su despecho. 

En un pueblo del Magdalena, una mujer le recomendó a Alejo que no se enfrentara a Alejandro Durán. "porque a ese hombre tocando acordeón no había quien se lo ganara.

Alejo Durán no bebía ron. Su decisión de no beber trago fue siempre respetada. Para los no bebedores el "Negro" fue un paradigma; eso de por sí, lo ponía por encima de los demás parranderos. Muchos interrogantes se tejieron buscando la razón de porqué, siendo músico, animador de fiestas y mujeriego hasta la saciedad, el hombre no tomaba.

En la intimidad una mujer complacida le dijo en una ocasión: "¡Alejo, emborráchate para que me digas que me quieres, aunque sea de mentiras"!. Él por su parte alegaba que era abstemio porque había presenciado escenas familiares muy cercanas, donde los hombres borrachos maltrataban a las mujeres.

Tomás Caballero Corvacho, cuenta que Alejo le confeso la razón por la que había dejado de tomar trago "En una parranda, en sus años mozos, se emborracho y perdió el rumbo; entonces levantó a trompadas a su mejor amigo de esa época: con su descomunal fuerza de vaquero le causo serias lesiones personales, hecho que le preocupó mucho. A raíz de este incidente no volvió a beber, promesa que cumplió hasta el día de su muerte". El mito guarda la pureza del hombre, de su alma y su corazón.

En Alejo el narrador, está la memoria de una gran porción de nuestro territorio-la Costa Atlántica- y a través de sus canciones, la explicación histórica y sentimental se llena de magia y encanto. "Alicia" es un lamento, - hay que lamentarla-decía, y así lo hizo. De tal suerte que cuando los hombres sufren intensos dolores de cariño, se acompañan de buen ron y de la apesadumbrada nota de Alejandro Durán.

En asuntos de mujeres yo tengo una ley muy bien aprendida: yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida”. ¡Eso es verdad! Entonces el juglar traza norma, establece leyes, condiciona situaciones, y las acciones de los hombres encuentran una explicación a partir de lo que dijo en sus composiciones o en lo que interpretó, sin importar que la pieza musical fuera de otro; él ponía su sabor, su exquisitez, su propio fuego.

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