La violencia en Colombia arremete contra niños y jóvenes

11/10/2019 - 17:46

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No logro entender cómo este país no se conmueve frente al bombardeo a los menores en Arauca, por la muerte de los indígenas en el Cauca y frente a la justicia inoperante.

Se aproxima el paro del 21 de noviembre donde se reclamarán una serie de reivindicaciones como las pensiones, jubilación, Ocde, FMI, corrupción en las universidades, fracking, reforma tributaria, incumplimiento a los acuerdos firmados con los estudiantes, reforma educativa y salario mínimo etc. 
 
Todo esto permitirá una manifestación de dos millones de personas en Bogotá y en las principales ciudades de Colombia. Nuestros problemas dan para realizar no solo este paro, sino muchos otros, y así direccionar a la Nación a puerto seguro.
 
Un Ministro de Defensa, que parecía inamovible, intocable, atornillado al puesto, no era un técnico en asuntos militares, tampoco tenía formación académica en estos asuntos.
 
Dirigir una federación de comerciante no tenía el mismo talante ni la misma visión para planear, organizar y dirigir a generales, coroneles, capitanes o tropas investidas de poder. 
 
Quedó una amarga sensación en el debate sobre la moción de censura. No tuvo discurso, no argumentó, se fue por la tangente sin controvertir ninguno de los señalamientos formulados en la plenaria del Senado. 
 
Siempre se hizo acompañar de los mandos militares. Y como su intervención no dio resultado en el recinto, salió a dar un pronunciamiento al día siguiente sin sentido de pertenencia.
Menos mal renunció, solo se espera que la moción sea aprobada en plenaria para que este Congreso tome distancia de un gobierno que danza en la ineficacia.
 
¿Se justifica acabar con la vida de Sandra Vargas (16 años), Ángela Gaitán (12 años), Diana Medina (16 años), Wilmer Castro (17 años), Abimiller Morales (17 años), José Rojas (15 años), Jhon Pinzón (17 años)?
 
¿Esto aconteció por falta de contrainteligencia militar o por la irresponsabilidad del Estado que no da soluciones a los problemas de los jóvenes? Ellos, no tienen oportunidad de estudiar ni son incluidos en los programas de gobierno.
 
Esta operación estratégica y meticulosa terminó en un bombardeo criminal, donde murieron 8 jóvenes. Fueron dados de bajas, no estaban en combate, tampoco eran delincuentes, mucho menos terroristas. 
 
¿Recuerdan la alocución presidencial donde el mandatario salió a reivindicar este hecho sangriento? Señores, fue una masacre. Los niños eran civiles y merecían todo el respeto por parte de la tropa. ¿Cuántas toneladas de explosivo se gastaron para semejante crimen de lesa humanidad?
 
Los niños deben respetarse, defenderlos de los extremos. Ellos no están para satisfacer los caprichos de todos aquellos que siguen añorando la ‘seguridad democrática’.
 
¿Por qué le ocultaron al pueblo colombiano esta intervención militar? Muchas cortinas de humos para invisibilizar un acto tan grave como las masacres y falsos positivos contra la población afrodescendiente e indígena.
 
 ¿Cuál es la táctica de los sectores de la extrema derecha en Colombia para acallar la protesta social? 
 
¿Dónde estaban los medios de información del país? ¿Qué estaban haciendo? ¿No les dijeron nada sobre el bombardeo? ¿Los periodistas amigos del Ejército no conocían de esta operación?
 
¿Se Callaron, ocultaron, o se hicieron los de la vista gorda? No hubo una sección en los noticieros para aclarar lo que habían hecho los ‘héroes de la patria’.
 
La sociedad civil debe estar pendiente de todo esto para no terminar postrada ante el poder de los industriales, agricultores, financistas, capitalistas, empresarios, ganaderos y de una clase media que piensa en la furia uribista.
 
Esta acción contra los niños fue una acción sangrienta. Nos remite de inmediato a las masacres de ‘Tacueyó’, ‘Mejor esquina’, ‘Ovejas’, ‘San Jacinto’, ‘Mapiripán’, ‘El Salao’, ‘El Aro’, ‘Gabarra’, Chengue’ etc. 
 
Muchas poblaciones campesinas vivieron el terror de la motosierra, el desmembramiento, ahorcamiento, abuso sexual, violaciones, escarmiento físico, para despojar a los trabajadores del campo.
 
Los protagonistas de estos actos sangrientos fueron: Jorge 40, Mono Leche, Carlos Cataño, Rodrigo Mercado Pelufo, Mancuso, acompañados del Ejército. 
 
La misma película de ayer, se vuelve a repetir en el teatro nacional de Colombia.
 
Los niños de nuestro país deben estar por fuera del conflicto violento. Ni los grupos disidentes, paramilitares, mineros, narcotraficantes, militares y delincuencia común, deben tocarlos ni para bien ni para mal.

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