La Comunicación Social

11/23/2015 - 05:42

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En Bogotá y en muchas ciudades de Colombia las Facultades de Comunicación hablan del rediseño curricular y la autoevaluación de la carrera; lo lamentable es que muchas de estas facultades desconocen esas reflexiones, estudios, y seminarios que se hacen alrededor del currículo; y nos preguntamos: ¿hasta dónde le prestan atención a las observaciones y sugerencias que hacen los pares académicos?.
 

Estos encuentros han permitido constatar que el método de enseñanza de la Comunicación Social estaba rezagado, agotado, y que los paradigmas implementados habían fracasados por la forma como se diseñaron, planearon y concibieron los currículos. Todo esto tenía su razón de ser, su lógica histórica.

Las facultades por los años 70-80, si no todas, se caracterizaron por escoger unos planes de estudio, que fueron productos de la demanda laboral que requería el mercado; por esta época, los medios de comunicación se acrecentaron por el crecimiento económico que empieza a vivir el país, y donde la urbanización empezó a crecer, debido a la crisis del campo y de la violencia que hoy todavía estamos viviendo.

Lo cierto fue que tanto el periodismo como las facultades cayeron en la trampa de un “Macluhanismo” vulgar, producto del no estudio del pensador canadiense y, tragando el lema 'el medio es el mensaje', creyeron que las transformaciones del  se asumía simplemente con tecnologías y con las enseñanzas de técnicas; pero no entendieron, ni aún terminan de entender el país.

Se ha señalado que la formación de la comunicación partió de dos ópticas equivocadas. Una, patrocinada por la Sociología funcionalista norteamericana, que impone un método conductista y demasiado lineal, en la que la comunicación se redujo a una concepción estrecha y rígida. La otra óptica es la que rinde demasiada veneración al periodismo y lo ve como la profesión más cercana al poder y al control o como la que brinda espacios para dar a conocer o resaltar los atributos femeninos y masculinos.

Un ochenta por ciento de las facultades de Comunicación Social navegó por estos cauces, hasta anidar en sus entrañas una visión meramente instrumentalista del oficio. Lo más lamentable fue la poca formación que se impartió a los periodistas que iban a trabajar en Radio- T. V. y en Prensa. La comunicación se redujo a periodismo y se limitó a unas técnicas más que viciadas.

La comunicación y el periodismo perdieron, han salido mal librados en todos estos años, pero además,  el país no se ha beneficiado del costo social que implica la cantidad de facultades de comunicación y la inflación de títulos profesionales en estos campos, en contraste con la escasez  de verdaderos profesionales de la comunicación.

Los que se puso de manifiesto, en los planes de estudio, fue la enseñanza y transmisión de formas y géneros periodísticos, los que se encuentran en cualquier manual de redacción, que en ocasiones dejan dudas y engañosos procedimientos. Todo esto produjo carencia en el análisis y profundidad en el pensamiento y, por consiguiente, dispersión en el enfoque de la ciencia, que en muchas ocasiones se tomó como punto de apoyo; a esto, no se le ponía denominar conocimiento.

La historia nos cuenta que nuestro periodismo fue enseñado en una forma empírica a 'Periodistas' noveles  que acudían a las salas de redacción o estaciones radiales. Este aprendizaje fue característico de los años setenta, cuando nuestro país era todavía rural, con un atraso en la escolaridad y con una visión bipartidista para resolver los problemas que aquejaban a la nación. 

Esa misma historia nos dice que Colombia no vio nacer empresas periodísticas independientes. El periodismo ha servido para intereses particulares de quienes se pelean el poder político y económico. Constantemente, se ha reclamado que las facultades y la misma academia pudieron romper con esta nefasta tradición y no lo hicieron, pues tampoco se interesaron. Porque creyeron que la enseñanza del periodismo era aplicar y desarrollar unos géneros periodísticos: este empirismo le hizo creer que eso era lo fundamental y nada más.

El modelo de enseñanza, implementado por estos días en muchas facultades, no alcanza a captar el proceso histórico que vive el país; solo interesan los avances tecnológicos y adentrarse en ellos. Muchos intentan demostrar que las innovaciones técnicas están divorciadas de los fenómenos políticos, económicos, sociales y culturales, una visión demasiado estrecha.

Hay que superar a ese periodista que todavía sigue pensando que debe responder memorísticamente; necesitamos un Comunicador Social que se deje tocar y atravesar por los procesos sociales. Periodistas faranduleros, frívolos, light hay demasiado en este país, a tal punto que no causan ningún tipo de incomodidad al régimen ni al mismo medio.

Jesús Martín Barbero señala, a ese periodista que actúa memorísticamente, "como notario de eventos: un experto en romper, descontextualizar y disolver los ritmos propios de la cultura. Y actúa  así, porque su capacidad de investigación, análisis, crítica y dudas no han sido desarrolladas, porque estas capacidades no se desarrollan con un manual de redacción periodística, una cámara o grabadora, si no con el estudio serio y juicioso, propio de las ciencias sociales, donde debe inscribirse la comunicación social".

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