Hay que seguir apostándole al proceso de paz en Colombia

05/21/2017 - 15:28

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Un gran sector de la población colombiana no cree en el proceso de paz. Se muestran indiferentes porque creen que esta gesta le pertenece al señor Santos y no al pueblo colombiano que le ha tocado vivir 50 años de violencia y de lucha fratricida que va desde la guerra de la independencia, guerras civiles, narcotráfico y paramilitarismo. Sectores incrustados en esta sociedad le apostaron y le siguen apostando a la guerra como única salida para salir de la encrucijada por la que atraviesa el país.

La indiferencia es una constante que se palpa en el día a día y se le da más credibilidad es a la posverdad,  ese monstruo que sigue creciendo en todos los sentidos y por todos los medios. 

El profesor Sergio Ocampo Madrid, la concibe como "Una nueva dimensión de la política en la cual ese valor omnímodo que era la verdad, búsqueda original e irreductible de la filosofía deja de tener un carácter superior para volverse prescindible, relativa, incidental, y la mentira, esa conducta indeseable, repudiada, prohibida expresamente desde la ley mosaica hebrea, y por extensión en el cristianismo, pierde toda su carga negativa y se inscribe en una nueva retórica deseable del poder. Se trata de un extraño cóctel de política y políticos pragmáticos cuya única doctrina es la de los resultados con unos mensajes que son abiertamente mentirosos, o parcialmente ciertos o calculadamente inciertos, trasmitidos sin fronteras, ni filtros ni controles"......

Eso empezó a vivirse  antes  que empezaran los diálogos en La Habana y de que se votara el plebiscito. Se trabajó al interior de las comunidades con frases, oraciones, consignas cargadas de falsedades y de artimañas publicitarias que lograron impactar a una población que sigue desconociendo el primer acuerdo y el segundo que firmó la Farc con el gobierno de Santos. 

Un gobierno que le apuesta a la Paz pero el que no terminar de adecuar las zonas donde están concentrados los guerrilleros,  sin la infraestructura necesaria para continuar adelante con el proceso y llegar por fin al bendito posconflicto.

Estas posiciones de indiferencia, desprecio, falsedades es a la que acuden muchas personas, instituciones, gremios, dirigentes de los partidos tradicionales y reencauchados politiqueros en Colombia. Sueñan constantemente con el  poder donde prime lo individual  sobre lo colectivo. Las élites, incluyendo a los mafiosos y paracos controlan la tierra en el país. Cada día más impunidad, más corrupción y más soberbia. 

En el camino  no se vislumbra un grupo, tendencia o movimiento político que pueda sacar al país del ostracismo político en que vive. De seguro que no hay una paz que se construya vía servientrega. Este proceso es largo, complejo, difícil y van a seguir los sacrificios y muertes como la que padecen los dirigentes sociales en la actualidad, incluyendo los defensores de los derechos humanos.

La tierra y la verdadera reforma agraria tienen enemigos asolapados. Todos ustedes saben lo que está pasando en la actualidad con los baldíos, como se legisla y como se quiere favorecer a esa misma clase terrateniente y ahora los industriales​ que se quiere apropiar de grandes extensiones en las diferentes regiones, incluyendo los distritos​ de riegos, como el de Mocary en el departamento de Córdoba.

La consigna que se trata de vender es un No a la paz. A eso hay que hacerle frente desde la radio escolar, emisoras comunitarias, movimientos alternativos, los trabajadores serios que están al interior de las artes escénicas, madres comunitarias, estudiantes, profesores de la Instituciones educativas  y  las universidades públicas del país. Claro está, también esas universidades privadas comprometida con este momento histórico que vive la nación.

Esa radio y televisión perversa que no contextualiza ni argumenta hay que invitarla  para que haga un  análisis más complejo de este proceso. Que dejen de pensar que los mal llamados líderes de opinión  son los que piensan por este país rural y urbano.

 Ese periodista del postconflicto debe manejar más información. Más trabajo de campo, más reportería, más argumento y contexto de lo que está pasando y va a pasar con el proceso de paz. No sólo quedarse en los señalamientos y en la vulgar espectacularización de la noticia. En la banalización  de la puesta en escena de senadores, representantes, alcalde y gobernadores.

La paz y la tierra son los hechos que más preocupan al ciudadano que ha sido despojado y expulsado de su tierra. La paz es de todos, no tiene dueños. La tierra en Colombia si tiene poco dueños y no la quieren soltar ni repartir.  Son esos mismos los que se apoyan en la guerra, en desterrar a los verdaderos dueños, con encapuchados, enmascarados, sembrando el miedo y el terror en esos sitios donde hay que devolver la tierra. Esas tierra   improductivas y que poco le aporta al PIB.

Y aquí voy a citar al padre Francisco de Roux, cuando en su columna del día jueves 18 de mayo del 2017, publicada en 'El Tiempo' indicaba que "Los 34 millones de hectáreas dedicadas a ganadería producen el 36% del PIB agropecuario, mientras los 4 millones de hectáreas dedicadas a agricultura producen el 64% del PIB agropecuario. Y mientras que muchos que quieren producir comida no tienen tierra en un país, que importó cerca de 16 billones de pesos en comida y bienes agrícola el año pasado".

Señores dejen de engañar: el proceso de paz no va a expropiar a nadie ni está en contra de la propiedad privada. El proceso de paz no va a implementar el modelo Chavista. No va a sembrar la ideología de género en ninguna institución educativa del país, ni va tampoco a cerrar iglesias (católicas- cristianas) ni medios de información. Como tampoco las Farc van a gobernar a Colombia, primero tendrán que ganar en franca lid los escaños del Congreso, asambleas, consejos y posteriormente, sí medirse como fuerza política. Todavía ni siquiera está consolidado su partido político. Así no señores difamadores y embusteros de la política.

Aunque, “La posverdad envalentona a los radicales que se mantuvieron semiocultos en los tiempos de avances democráticos, y ahora el prejuicio reclama su lugar en un mundo donde el liberalismo intelectual, según ellos, fracaso". Sí a la Paz en Colombia no al retroceso: no más muertos. Bienvenidas las contradicciones,  eso nos permite depurarnos en el análisis serio, sin pretensiones de querer gobernar al país con mentiras, engaños y sacándolo de su verdadero entorno para meterlo en ese peligroso camino de la intolerancia, el antagonismo y la polarización. 

Para El Ubérrimo: que sea la ley la que se encargue de aclarar el despojo y la ayuda que recibió el señor Uribe, de su carismático ministro de agricultura, Andrés Felipe Arias, hoy prófugo de la justicia colombiana. Esa aclaración sería un buen aporte a la paz colombiana. Y detrás del afamado caballista, ganadero, agricultor, precursor de un Congreso plagado de paramilitares: que sigan los otros aliados, contertulios y políticos con quien gobernó durante ocho años. 

Esto sería un inventario más que interesante para la paz, para que esta no siga siendo incrédula entre nosotros los colombianos: paz, con justicia y cambio social.

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