García Márquez y su aproximación a la música

04/19/2015 - 07:39

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Al inolvidable Clemente Manuel Zabala,  quien fuera jede de redacción del periódico 'El Universal' de Cartagena, se le atribuye el hecho de ser el primero en darle la importancia cultural a la música vallenata. Ésta como muchas otras: El fandango, bolero, cantos gregorianos, vals, jazz, flamenco y la música clásica, vendrían a influir en la obra de García Márquez. El vallenato estaría a finales de los años cuarenta cuando se interesó por este ritmo y tendrá que ver  con la forma de concebir sus libros.

A esa sala de redacción llegaría Gabo con su entrañable amigo Manuel Zapata Olivella, quien en el libro 'Vivir para contarla', escribió: 'Manuel, además de médico de caridad, era novelista, activista político y promotor de la música del Caribe, pero su vocación era tratar de resolver los problemas a todo  el mundo'.
 
Manuel Zapata no dudó  en llevarlo donde el maestro Clemente, para que éste le diera un enganche en el periódico que era de corte liberal y fundado por Domingo López Escauriza. El promotor de la música caribeña no tuvo necesidad de seguir describiendo las cualidades de su recomendado, porque el jefe de redacción conocía a Gabriel por los cuentos que  habían publicado en la fría Bogotá con el generoso respaldo de Eduardo Zalamea Borda. Ese fue su primer paso periodístico, entrar a la sala de redacción del Universal. No  puede pasarse por alto que los dos llegaron trasnochados, después de vagabundear la noche anterior con la música del Caribe, incluyendo el ritmo vallenato. 
 
Las corredurías de Gabo tuvieron muchos puntos de encuentros: Riohacha, Zona Bananera, Tomarrazon, Barrancas, Fonseca, Villanueva, Urumita, Valledupar, Manaure, El paso, El Banco, Monpox, Plato, Ciénega. Esta región que parece un triángulo está bañada por los ríos Ariguaní, Cesar y no fue gratuito para el escritor, ya que tuvo esa influencia paisajística y ambiental para la creación de su universo macondiano.
 
De allí, que esa parte inicial de 'Cien Años de Soledad', esté tan bien recreada que no es posible imaginar un mundo distinto: 'Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". No sólo es la mejor introducción de todas las literaturas, sino que el crítico y analista Seymor Mentón nos dice desde el punto de vista literario que: "atrae nuestra atención, confundiéndonos  y al mismo tiempo haciéndonos comprender que  como lectores, debemos leer cuidadosamente y poner en orden nuestros pensamientos para poder apreciar y saborear a gusto muy variados aspectos".
 
Eduardo Galeano (Q.E.P. D) en su Libro 'Memoria del Fuego', dice: 'En la región Atlántica es común ver a los trovadores vallenatos cabalgando o navegando con el acordeón al pecho. Ellos, con el acordeón al muslo, reciben el primer trago de todas las parrandas y lanzan sin desafío, salga quien salga, a duelo de copas. Como cuchilladas se cruzan versos vallenatos  que el acordeón lleva y trae, y varios días y noches duran estas guerras alegres en los mercados y en lo reñideros de gallos. El más temible rival de los improvisadores es lucifer, gran musiquero, que en el infierno se aburre y dos por tres se viene a América, disfrazado, en busca de fiesta".
 
Sobre 'Cien Años de Soledad' han surgido interrogantes, como el planteado por el escritor de Sahagún (Córdoba), Gustavo Tatis, quien considera que hay muchos equívocos al decir que esta novela es un vallenato de 360 páginas, cuando no lo es. Fue un gesto desmesurado y emocional del escritor para sus amigos, para su tierra y para su compadre Rafael Escalona, pero su novela no es un vallenato. Quiso reivindicar la narrativa que se vuelve canción o la narrativa que se vuelve novela. Pero quienes leen esta novela la cual es la mejor de la historia literaria Colombiana, saben que una cosa bien diferente es que su obra aluda historias que el vallenato ha cantado. 

Carlos Florez Sierra, historiador e investigador cultural, nacido en la ciudad de Barranquilla, plantea lo siguiente: "gracias a una lectura musical de Gabo, por ejemplo, vamos a entender por qué somos como somos, por qué  nuestras relaciones son a veces desarmónicas o armónicas. Vamos  entender mejor ese Macondo que se extiende desde Nariño hasta la Guajira".

A la primera conclusión que llegó, luego de sus estudios sobre la obra del Nobel colombiano, "es que no es una verdad absoluta que 'Cien años de soledad' sea un vallenato de 400 páginas, como Gabo la definió. Lo que pasa es que, según el maestro, algunos en la región han querido creer que al Nobel sólo le gustaba el vallenato y que sólo el vallenato lo influenció. Pero en realidad el escritor tenía un conocimiento oceánico, era un hombre de mundo que enlazó la música popular que bullía en su tierra y conocimientos globales que quedaron plasmados  juntos con sus experiencias y lecturas, en todas sus historias". 

En un texto publicado en la Revista mexicana 'Progreso', la número 317 del 29 de noviembre de 1982, García Márquez, afirma: "este tema me ofrece la oportunidad de contestar otra pregunta que los periodistas me hacen con frecuencia sobre mis relaciones con la música. Les contesto siempre la verdad: la música me ha gustado más que la literatura, hasta el punto de que no logro escribir con música de fondo porque le presto más atención a ésta que a lo que estoy escribiendo. Lo único mejor que la música es hablar de música. 

“Todo esto para mí es más simple: música es todo lo que suena y el trabajo de establecer sí es buena o mala es posterior. Tengo más discos que libros, pero muchos amigos, sobre todo los más intelectuales, se sorprenden de que la lista en orden alfabético no termine con Vivaldi. Su estupor es más intenso cuando descubren que lo que viene después es una colección de música del Caribe, que es de todas, sin excepción, la que más me interesa. Desde las canciones ya históricas de Rafael Hernández y el Trío Matamoros hasta las plenas de Puerto Rico, los tamboritos de Panamá, los Polos de la Isla de Margarita en Venezuela o los Merengues de Santo Domingo. Y por supuesto, la que más ha tenido que ver con mi vida y con mis libros: los cantos vallenatos de la Costa Caribe de Colombia, de los cuales habría que hablar un día de estos en una nota distinta". 

Y cuando escribió el 'El otoño del patriarca', dijo: "creo que más que cualquier otro libro, lo que me abrió los ojos fue la música, los cantos vallenatos. Me llamaba la atención sobre todo la forma como ellos cantaban, como relataban un hecho, una historia. Después comencé a estudiar el romancero y encontré que era la misma estética". 

Sin ninguna pretensión, sólo he querido recorrer en el tiempo este importante aporte que el hijo del telegrafista de Aracataca le ha hecho a la literatura. En este homenaje que le hace la Feria Internacional del Libro (Filbo), en Bogotá, queremos insistir a que se vuelvan a leer sus cuentos, escritos periodísticos, novelas, para conocer mejor su grandeza como escritor en el siglo XX y de lo que significa para la literatura universal; de igual forma, para hacer parte de esa nueva religión, llamada 'Gabismo', como la bautizó su agente literario, Carmen Balcelles.

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