Entre putas y feministas

01/13/2020 - 08:36

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¿Puedo amar a las mujeres siendo machista, buscando placer en medio de la prostitución y siendo el hombre de la casa que difícilmente mueve un dedo para tender la cama?

Hace años escribí en una de mis redes sociales un chiste sobre las ventajas de pagar por sexo, aquí en este mismo espacio describí mis visitas a los prostíbulos en el Santa Fe, 7 de agosto y Chapinero. Afortunadamente, no soy un periodista influyente, ni aspiro a participar en política, o mis propias palabras me tendrían absolutamente desahuciado.

He cambiado, lo juro, sigo siendo un machista de mierda, pero, he cambiado. Perdón con todos ustedes nunca creí que fuera tan malo y difícil cambiar, el machismo es una enfermedad, un vicio. El borracho que dice que de vez en vez se toma unos traguitos y no pasa nada, el mariguanero que nunca acepta que no puede dormir, comer o crear si no fuma un poquito, pero nunca es poco y no reconocemos que somos unos esclavos de esos vicios.

Así es el machismo, uno lo vive y todo es normal, está bien que la novia le pida permiso para salir con otra persona, revisar el celular de la pareja, que la mujer atienda al hombre, tener relaciones con otras mujeres siempre y cuando mi pareja no se de cuenta, hacerle entender a ella que cuando estoy de mal genio tiene que tener cuidado conmigo, que tengo que pagar la cuenta y demás comportamientos que se convierten en rasgos culturales sin más ni más.

Este inicio de año me tomó de una manera diferente a lo habitual. Por primera vez en mi vida pasé la medianoche solo, la cena fue con frijoles en lata, arroz, huevo frito y Coca -Cola. Hablé por celular con mi madre que estaba en Neiva, luego con mi hermano que vive en los Estados Unidos y los dos lamentaron mi soledad. A mí también me afectó, pero la comida y las películas por ver me hicieron sentir mucho mejor.

Los siguientes días siguieron acompañados por la soledad, la lectura y la prostitución. Tengo un arrume de libros por leer, de esos textos cinco son escritos por mujeres en el que el universo femenino es evidente, acabé de terminar Frankenstein de Mary Shelley así que quise cambiar, a lo habitual a los hombres -notan el machismo- comencé un par, pero recordé que de Navidad recibí ‘Todos deberíamos ser feministas’ de Chimamanda. Noté que el texto hace parte de una charla TED así que preferí otro texto, hasta el amanecer leí.

Cuando mi madre regreso y una amiga me acompañó, dejé los libros a un lado, retomé mi trabajo. Un par de días después sentí la obligación de leer y dejé atrás mi predisposición contra las charlas TED y comencé el texto. A los cinco minutos me perdí en su ingenio, en su humor y no paré hasta terminarlo. Absolutamente, hermoso ese libro. Nos muestra que en el trato con la mujer no somos tan diferentes en África que en Colombia. Las connotaciones negativas que tienen el término feminista como tontamente lo usamos como insulto y la necesidad de cambiar como sociedad.

Considero que la prostitución es infame para la mujer, entiendo que prohibirla sería aún peor. La mujer debe ser protegida, tener un acompañamiento psicológico y médico, no puede ser el pago por sexo cuna de enfermedades sexuales y la mujer no puede ser explotada.

En medio de mi soledad visité varios sitios web que ofrecen servicio directo con las trabajadoras. Ellas ofrecen el lugar, otras van al apartamento, motel u hotel o tienen su propia oficina. La variedad es increíble, jóvenes de 18 años, maduras, gordas, flacas, naturales, operadas, negras, rubias, crespas. Todas dicen ser calientes, apretadas y complacientes.

Me sorprendió que muchas de ellas ofrecen el servicio de sexo oral sin preservativo, algunas cobran un poco más, para otras esa es su ventaja comercial. Es decir, estamos ante un riesgo especialmente para ellas y no tienen la menor conciencia. Esto es gravísimo, a todos nos afecta pensar que un hombre no quiere irse de putas, es una de las inocentadas más grandes que tenemos en nuestra sociedad machista.

Lo otro que me llamó la atención es que en todos los avisos aparece el servicio de “Trato de novios”. Será que en medio del sexo ella te pregunta en - ¿Qué estás pensando? O solamente te hablé del saco hermoso que vio en el Centro Comercial, pero que está muy caro. O de repente te quite el celular y te cuestione ¿Qué haces hablando con Laura? o te proponga no ver el partido de Millonarios.

Sí ven lo fácil que es ser machista con solo un par de chistes flojos se arruina esta lectura y la del maravilloso libro ‘Todos deberíamos ser feministas’, creo que más de uno se estimuló más a ir a un lupanar que a cambiar su comportamiento, pero como sucede con todas las adicciones el primer paso es reconocerlo, luego cambiarlo, pero necesitamos por el bien de todos que reconozcamos que somos unos malditos machistas. 

 

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