El país es otro después de la Consulta Anticorrupción

09/03/2018 - 11:12

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Me temo a creer que Colombia sea  un nuevo país después de la Consulta Anticorrupción. Sigo pensando que este país en su recorrido histórico es más cardiaco que racional. No creo que las costumbres políticas hayan cambiado y que estamos ad portas de dar ese paso cualitativo en nuestra democracia. 

Me excusan si no soy un optimista más. Pero la dura realidad es que en los departamentos donde pulula la corrupción los ciudadanos  no salieron a rechazar y sancionar moralmente a esos corruptos con una votación arrasadora. Lástima, pero así es nuestro país.

La corrupción es un acto criminal y bárbaro. Pero me identifico con la explicación contundente que diera el rector de la Universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, cuando indica que "es el acto en que se aprovechan los poderes públicos y privados para obtener beneficios individuales". ¿Quiénes fueron los beneficiados con los carteles en el departamento de Córdoba? ¿Quiénes se han beneficiado con el Programa de Alimentación Escolar (PAE)? ¿A quién se le dio el dinero de Obedrecht? ¿Por qué los ejecutivos de cuello blanco roban, saquean y se les premia con la casa por cárcel? 

La lista es interminable y quizás el lector pueda seguir añadiéndole otros casos de corrupción para ampliar esta información que es necesaria para una sociedad que solo se vuelve consciente por momentos. Cómo quisiéramos que ese acto del domingo 26 de agosto del 2018, se volviera a repetir en las próximas elecciones y pudiéramos derrotar ese clientelismo mafioso que sigue imperando en todos los departamentos del país.

Los atracadores del erario público se roban 50 billones al año. Frente a esto, muchos juristas indican que sí existen leyes para castigar este flagelo. La votación obtenida por las siete preguntas da para exigir que esa normativa existente se vuelva más coercitiva y se le dé la aplicación oportuna y que el nuevo gobierno se comprometa de verdad. 

También se salió a votar el domingo para rechazar, repudiar, protestar  e indicarle a esa clase politiquera que el país está cansado. Aquí me vuelvo a ratificar en la mirada que hago: el país no es un nuevo país a partir de la Consulta.

Esta convocatoria ciudadana no pasó inadvertida. No fue un pasaje abstracto, como tampoco un fracaso. Se ratificó en primer lugar que si hay un musculo electoral que pueda llevarnos a una alternativa de poder. Una fuerza del constituyente primario para borrar la corrupción en el trasegar del ejercicio político. 

Un punto de partida para el encuentro de los partidos en la Casa de Nariño, donde no se dio ningún acuerdo de contenidos sino un acuerdo de método de trabajo. El país tiene que estar pendiente en qué queda este acuerdo contra la corrupción y qué sale de ese rio sinuoso de proyectos. A ver si sale una verdadera reforma legislativa.

Hay que clamar desde la academia (Universidades), la movilización social y marchas ciudadanas para que el país se mueva en un solo Frente Amplio. Para que el Congreso le cumpla al país y no dilaten este mandato ciudadano de once millones y medio de votos. Y celebrar también que el país salió levemente de ese letargo democrático.

La corrupción excluye. La corrupción desplaza y ante todo mata. Por eso hay que acabarla de una vez por todas y este es un momento histórico para un país que reclama paz, no más violencia, no más conflicto. Que esos dos grandes problemas que aquejan hoy al país como son el narcotráfico y la corrupción sean sacados de la práctica social y política del país. 

No podemos olvidar como el dinero del narcotráfico permeó y sigue permeando los partidos en Colombia y la política. El ADN de la corrupción sigue latente en la dirigencia politiquera de esta nación.

De allí que produzca escozor ver la foto de los tres ex presidentes César Gaviria, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, uno no sabe a ciencia cierta cuáles fueron los beneficios que le dieron a al país en sus respectivos gobiernos. ¿Cómo ejercicio histórico, recuerden que hizo cada uno de ellos?

Y deseo concluir con unas preguntas que se formuló nuestro científico Emilio Yuñis, en su libro ¿Por qué somos así? ¿Qué pasó en Colombia?

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