El Mito y el Hombre / Segunda Parte

11/17/2015 - 06:12

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En Alejo el narrador, está la memoria de una gran porción de nuestro territorio- la región Atlántica- y a través de sus canciones, la explicación histórica y sentimental llena de magia y encanto. 'Alicia Adorada' es un lamento, - hay que lamentarla- decía, decía y así lo hizo. De tal suerte que cuando los hombres sufren intensos dolores de cariño, se acompañan de buen ron y de la apesadumbrada nota de Alejandro Durán. 

"En asuntos de mujeres yo tengo una ley muy bien aprendida: yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida. ¡Eso es Verdad! Entonces el juglar traza normas, establece leyes, condiciona situaciones, y las acciones de los hombres encuentran una explicación a partir de lo que dijo en sus composiciones o en lo que interpretó, sin importar que la pieza musical fuera de otro; él le ponía su sabor, su exquisitez, su propio fuego. 

El filósofo Antonio Mercado Flórez, dice "Que el autoconocimiento de estos pueblos proviene del desciframiento de su existencia, esto es, la relación del hombre con el mundo, del hombre con el otro hombre, del hombre con su interioridad, y del hombre con Dios. Esa es la esencia del mito". 

Es en esta relación donde las canciones que Alejandro Durán interpreta se convierten en identificadoras de los sentimientos individuales y colectivos, y la gente siente que los elementos que él portaba potenciaban sus símbolos de identidad. El sombrero vueltiao que usaba - y que no quería que lo fotografiaran sin él-, adquirió otra dimensión sobre su cabeza. Esto hizo que la gente se preguntara de dónde venía. Fue entonces cuando se difundió que era del Sinú, y que la comunidad Zenú lo había como elementos de cestería para cubrirse de los soles caniculares del ardiente trópico. 

El acordeón en sus manos fue más grande: parecía que tenía más porte y categoría; El Festival de la Leyenda Vallenata arrancó en 1968 con Alejo como primer Rey y la Consuelo Araújonoguera (q.e.p.d.) esto fue un signo importante que determinó la buena estrella que siempre ha tenido el certamen. Así como el Rey Midas convertía en oro las cosas que tocaba, Alejo tocaba canciones para cambiar el oro por los sentimientos y contribuir con ello a descifrar la existencia. 

Juan Gossain sostiene que "Alejo no era el mejor acordeonero de su época, que su magia, lo que lo convertía en una leyenda cuando todavía estaba vivo, lo que lo hacía insuperable, era su alma, el cariño que le ponía a la canción". Y a esto hay que agregarle todavía más: su don de gentes, el mensaje que trasmitía, la manera sencilla de comunicarse, su permanencia en la amistad, la seriedad de su palabra empeñada, todo lo cual, en su conjunto, hacía de él un personaje admirable. 

Guillermo Valencia Salgado afirmaba "Que esa atracción muy personalísima del maestro Alejo se debía también a la forma peculiar de vocalizar sus canciones. Daba la impresión que él se sentía feliz cuando ubicaba su obra musical en una semipenumbra entre el grito y la melodía, que producía en el oyente un sentimiento telúrico que hundía sus raíces en la misma tierra, sucia de polvo caminero, de suspiros y ahogos, de sexo alborotado. La interpretación que hacía de 'La hija de Amaranto' nos daba la impresión que ella, la niña, llegaba vestida con solo retazos de telagloria y percal". 

La mejor manera de expresarse el mito como memoria viva de los pueblos, es a través de la música. Durán abarcó todos los temas sobre los que gira la sociedad, de tal manera que cada cual encuentra en ellos una explicación del mundo. Él vino de paso, con esa misión, y en su persona se fundían el compositor, el vocalista, el intérprete llevando el mensaje de una región, de lo que se vivió en su época y de la historia contada a través de los cantos. 

En Alejo el mito, han empezado a beber el arte, la poesía, la literatura, la pintura, la fotografía, la música, el cine. Su presencia ya es símbolo y su lenguaje transmite no sólo sentimiento, si no que invita a que se le estudie, a que se le intérprete y se proyecte como centro de cultura e identidad de un pueblo. 

Alejo Durán el mito, nos permite soñar y con ese sueño podemos trazar un derrotero a los elementos culturales terrígenos que requieren una razón de ser para su conservación y progreso. La música Vallenata es uno de ellos. 

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