El Lenguaje, el cuerpo y la memoria

11/24/2014 - 10:53

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El Lenguaje, el cuerpo y la memoria.

Por eso la lectura que se hace de la memoria y olvido está resumida, en la forma como la explica el profesor, J. Jaramillo en su libro ‘Las víctimas entre la memoria y el olvido’: en ese sentido, más allá de todas  las críticas reales y principales que pueden hacerse a Memoria Histórica, es innegable que por primera vez en Colombia, surge una preocupación institucional por recuperar la memoria de esta guerra, priorizando las voces de las víctimas, sus relatos, sus lecturas del país y sus apuestas al futuro. Lo interesante a mediano y largo plazo sería poder conjugar la memoria emblemática que están reconstruyendo estos activistas teóricos con una memoria pública ensamblada por los ciudadanos.

Emergen también en el ejercicio reconstructivo otras voces que no son de las personalidades públicas, las de los notables políticos o las de los expertos. No hay solamente un ejercicio de diagnóstico de la violencia política o de las violencias sociales. Creemos que hay también un diagnóstico que conjuga la macropolítica de la guerra, con la biopolítica de las masacres y que avanza hacia una micropolítica de las resistencias. Tampoco hablamos exclusivamente de un solo informe especializado, o de un libro memoria, sino de una serie de informe emblemáticos que mapean el terror y le otorgan un peso importante a memorias más plurales. Así concluye, el profesor Jaramillo su visión acerca de la memoria y el conflicto.

Esta historia violenta se entiende como la pérdida de toda condición humana y de la misma dignidad; la total deshumanización de la vida y la política, cuando no se logra el respeto, la integridad personal, la libertad, los derechos humanos, la participación, y se pierde un bien preciado como es la tolerancia.

La Profesora Adela Cortina, señala en su libro ‘Ética comunicativa y democracia’: que esta crisis pasa- entre uno de sus componentes- por una crisis del lenguaje. El conflicto social y político se desplaza del ámbito del lenguaje (del discurso de la comunicación espacio originario y privilegiado de la política) al campo del cuerpo físico (del aniquilamiento, del otro como cadáver). Por eso, esta violencia conlleva a la interrupción y cierre de todo discurso, el desarraigo, de la discursividad política, cuyo sentido es la confrontación, en la plena mudez. Esta aproximación teórica de la profesora Cortina, es un punto de vista para tener en cuenta en el análisis que se haga de los momentos violentos que vivimos.

El castigo físico al cuerpo del otro o de los otros, es la forma de deshumanizarlo. Ese cuerpo pierde su sentido de lenguaje por convertirse en instrumento, en objeto, en cosa. La forma como se trata a ese cuerpo en la confrontación pasa por una serie de vejaciones y violaciones. Estas fuerzas no chocan en lo político ni en lo argumentativo; aquí el cuerpo se despolitiza en cuanto a que el cuerpo cívico, es la voz de lo público, y desde él se dan las relaciones prosémicas y kinéxicas de toda relación y convivencia social.

El profesor Borys Bustamante, en su ensayo ‘Gobernabilidad, comunicación y democracia’: plantea que el cuerpo se deslenguifica y pierde su aureola simbólica y de significación humana, y desde el cuerpo físico controlado se atropella al otro. Solo tiene valor en tanto es un cuerpo para desmembrarlo, descuartizarlo, desaparecerlo y atomizarlo. Tal tratamiento tiene la intencionalidad de desterrar a los sujetos del conglomerado humano, de separarlo desvivir y del estar juntos con los otros. El cuerpo es despojado de su dimensión política, se vacía su contenido humano. El cuerpo se señaliza y se fragmenta. El cuerpo se vuelve lugar de la confrontación y dominio, estrategia de la derrota del otro, castigo y represión, ámbito de la intolerancia. Este sentido de muerte violenta del contrario pretende anular la esencia misma de la vida humana, en la que se desidentifica a los individuos de su propia personalidad, en que se trunca su proceso histórico de vivir y estar entre los hombres, venciéndolo en la muerte física.

El profesor Bustamante, en su análisis, lo que busca es darle una mayor visibilidad a ese otro sujeto que no se válida en una sociedad excluyente, y que sólo se muestra desde el amarillismo y el sensacionalismo. Ese cuerpo es víctima del conflicto, y como tal debe tener un tratamiento no solo desde lo jurídico, sino desde otras instancias sociales, incluyendo los medios de información.

En última instancia, la violencia es intolerante, niega al otro en toda su plenitud, es un mecanismo de fuerza para imponer y apropiarse de espacios y territorios; esto también se refleja desde lo simbólico. El trato que ésta da al otro es nada menos, que la muerte (matar), callarlo de por vida. La palabra o el discurso se cargan de manera ideológica, odio, fobia, desconocimiento, maltrato verbal, donde el vocabulario es estigmatizante, sectario, y se busca demostrar, que el otro, es un enemigo, un adversario, que hay que eliminar. Si no recuerde el discurso del exponente de la seguridad democrática.

En este sentido la violencia en Colombia es el fiel reflejo de la crisis que sigue viviendo el país, y su estado más patente es la violación a los derechos humanos, siguen las desapariciones forzadas, los asesinatos a dirigentes sociales, periodistas, indígenas, afro-descendientes. Un estado que es completamente permisivo con la crisis institucional, y donde la gobernabilidad del lenguaje también hace mella, porque sólo el lenguaje oficial es protagonista, con la anuencia de los medios de información del país; como si no existieran otras voces que pudieran hablarle a esta nación.

Ella (La Radio) puede contar la historia del país con mayor responsabilidad social: y narrar la memoria con los mismos protagonistas, cosa inusual en los medios privados que están regulados por el capital transnacional. La democracia tiene que ver con la igualdad de derechos y dentro de ellos uno por excelencia: la posibilidad de comunicar y ser escuchado. La libertad de información, el periodismo crítico, la noticia para el ciudadano (y no la manipulación del ciudadano a través de la noticia en provecho del poder).

Que el silencio y el olvido no sean los protagonistas en este país. El país está cansado de que su historia y sus memorias sean escondidas o narradas en otros tiempos y en otros espacios, por otros protagonistas que no deben contarla. La historia patria, no es la historia de los héroes o refundadores. Recurro a la advertencia de Brecht “ay de aquel país que tiene necesidad de héroes".

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