Educación, Comunicación y Comunidad

11/21/2016 - 12:27

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Paulo Freire hizo una crítica a la educación tradicional como instrumento de la dominación cultural de las mayorías por las élites conservadoras, llamando a la pedagogía clásica "educación bancaria". (Freire pedagogy of the Oppressed, 1970). 

Estos “banqueros” (maestros) son aquellos que representan a los "ricos" en conocimientos (los miembros de las élites del poder que monopolizan la información junto con todo lo demás de algún valor en la sociedad) y son quienes hacen los "depósitos" en las mentes de los "pobres" (ignorantes), los estudiantes, quienes han de recibir pasivamente la "riqueza" así transferida a ellos.

Los "depósitos" contienen el conjunto de normas, mitos y valores de los opresores de la humanidad. Sí, los oprimidos pueden "cobrar" algún día los "depósitos" de bienes materiales que los "banqueros" están dispuestos a concederles en forma paternalista, como recompensa por adaptarse a su ideología y no trastornar el orden establecido.

Al obrar así, los oprimidos tienden en su mayoría a convertirse en opresores, aunque algunos puedan querer actuar de manera diferente, "le temen a la libertad". Es así como las propias masas explotadas son utilizadas para ayudar a asegurar la perpetuidad del sistema (Freire pedagogy of the Oppressed, 1970).

En esta línea el filósofo brasilero advirtió que ninguna pedagogía que sea verdaderamente liberadora puede permanecer distante de los oprimidos, tratándolos como a desafortunados y ofreciéndoles modelos provenientes de los opresores.  Los oprimidos deben ser sus propios ejemplos en la lucha por la redención.

Freire consideró a los medios de comunicación de masas como los propagadores de los mitos, normas y los valores de las minorías oligárquicas y como instrumentos de la comunicación vertical y alienante encargados de ayudar al logro de la subyugación de los oprimidos.

Paulo Freire siempre manifestó: "para nosotros, la educación como práctica de la libertad es, por encima de todo y ante todo, una situación verdaderamente gnóstica, aquella de la cual el acto de conocer no termina en el objeto a ser conocido, puesto que entra en comunicación con otros sujetos que también son conciliables".

Ante la propuesta de "educación Bancaria" de Freire, Joao Pinto alegó que yace una teoría del conocimiento que define la relación que prevalece entre un sujeto que sabe y una realidad-objeto que se conoce. El profesor Pinto indicó que "Se entiende tal realidad como algo estático y terminado. Y ambos, el sujeto que sabe y el objeto conocido, se consideran entidades metafísicas, así como unidades fijas y distintas. Esta es la razón para que la relación sujeto-objeto se haga difícil".

Pinto concluye qué se genera si una relación social totalmente vertical entre el educador y el aprendiz: el educador-sujeto, poseedor de la verdad absoluta, la deposita (la impone) en la inteligencia del aprendiz, quien la recibe pasivamente (la memoriza). Esta verticalidad implica la dominación intelectual del educador sobre el aprendiz, la cual es sostenida por un sistema de sanciones disciplinarias de manera  tal que la verdad sea siempre aceptada sin contrastación".

Por otro lado, emerge la crítica de Mills Wright, quien denunció a los medios de comunicación como promotores entre las masas del "analfabetismo Psicológico" dirigido a favorecer la hegemonía de las élites del poder.

También surgieron críticos como Everett Rogers, quien sostuvo que "los modelos lineales implican una visión auto-crítica, unilateral de las relaciones humanas" y calificó al modelo clásico como un "paradigma en extinción". Y Harold Laswell, quien en 1972 aseguró que el futuro del mundo de la comunicación en relación con el desarrollo de las naciones se podría ver desde dos paradigmas contrastantes: el primero lo denominó "modelo oligárquico" y el segundo lo llamó "modelo participatorio"

El modelo oligárquico sirve a los propósitos de los centros de poder transnacionales, porque se empeña en la consolidación de un orden público mundial oligárquico en donde los instrumentos de la comunicación son empleados para adoctrinar y distraer. Al segundo, al que además, lo consideró la alternativa ("modelo participatorio"), bajo el cual ve que los medios de comunicación proporcionan oportunidades de atención que generan y re-editan planos comunes del pasado, el presente y el futuro del hombre y fortalecen un sentido universal y diferenciado de identidad e interés común; sin lugar a dudas, esta visión que plantea Laswell en 1972, sigue siendo un referente para el análisis no solo coyuntural si no para la reflexión en la vida cotidiana y deben atravesar los programas académicos que forman en comunicación social.

Percibido entonces el primer modelo, el oligárquico, como el de una "comunicación vertical" no debía tratarse como una cuestión técnica aislada de la estructura económica, política y cultural de la sociedad. Por el contrario, es un asunto político mayormente determinado por esa estructura, que a su vez, contribuye a la perpetuación de ella.

La búsqueda de una salida a esa situación se dirigió al cambio de la comunicación vertical/anti-democrática hacia la comunicación horizontal/democrática y se inició con gran intensidad en la década de los 70, y de manera simultánea en varios lugares de latinoamericana, mediante variados esfuerzos que tenían en común el propósito de democratizar la comunicación, tanto en el concepto como en la práctica. 

En una segunda entrega seguiremos intentado hacer esta aproximación de la comunicación, educación y comunidad, olvidada por nuestros medios de información y por los mismos periodistas en Colombia.

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